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Después habrá silencio

Al atardecer tu grito anunciando la noche Más allá los heraldos   nos recuerdan la muerte. Después habrá silencio y pájaros lustrosos engendrados en el brillo silvestre de la luna. Después habrá silencio y olvidaremos los heraldos en nuestro solitario caminar sobre el andante de las flores, sobre la sombra de los buitres carmines que la noche arrojara entre la fronda; Después en el silencio estallaremos  las estrellas. GOCHO VERSOLARI
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LUNAR 3

La luna se detiene, huye, se acobarda y regresa enorme luego de alejarse. La luna marca el final de nuestra era, los animales que la languidez suelta en los cielos y que descienden como panes cenicientos para alojarse en nuestros pechos. La luna marca todos los principios los que fueron y los que serán. La luna brillante y lento monstruo  fuera y dentro de cada uno, de todos y de nadie. La luna que resbala que duele y duele en el sur de todas las entrañas. GOCHO VERSOLARI

El gran mediodía

Llego al gran mediodía con un sol tan violento que no perdona sombras. La luz triunfa Mis intestinos brillan en las noches de verano como un gran laberinto, cargado de monstruos, de doncellas, de aves,  de cadáveres. Cuando el sol baila en este cielo recorro los prados y encuentro la belleza en los dientes desgastados de los muertos, en tu danza descalza sobre la grama de agosto, en las cuevas que perfila el torrente cuando hiende las bases de los cerros. Un oropel de gatos me acompaña en este caminar sin sombras. El olvido es un manto sutil que se abalanza sobre cosas y seres. Como una estrella atraviesa la muerte el mediodía y cuelga del rellano del tiempo un edredón azul que se oculta y se oculta en los dobleces de la noche. GOCHO VERSOLARI

Lluvia de conejos

Esperas una lluvia de conejos que caerá sobre el prado, atravesando el verde espacio que rueda y   se asienta como una novia boba donde termina el parque. Los conejos entre los canteros: caos pequeños; perlas azabaches pisoteando las flores de tu madre, derramándose en las venas de los pinos pendiendo de las sonrisas grises de las nubes; hasta hundirse en las marismas lentas que a veces asolan los silencios. La lluvia de conejos pasará como todas las lluvias. Muy despacio, los animales saltarán hacia el crepúsculo para armar el silente terciopelo del enorme conejo de la aurora. GOCHO VERSOLARI

Anhelo del silencio antiguo

Suspendido en algún punto.  entre el cielo y la tierra; entre la tierra y el inframundo donde se arrastran las sombras y los pensamientos y gravitan azules cuando llega el crepúsculo. Suspendido en ese punto, me agito procurando ver la silueta de la luna, un trozo del antiguo lago donde llegas descalza a las tres de la mañana y en un instante me asomo a lo que fuera la tierra mientras el viento de la nada  colma mis oídos Anhelo el silencio antiguo sazonado en milenios Estar suspendido entre dos inmensidades es un viaje perpetuo en el que tropiezo con gusanos sutiles y gorriones de sol. Anhelo el silencio antiguo servido con gárgolas que naden en vinagre y con índigos ogros que floten en el cuadrante del crepúsculo Como anhelo ese silencio. Por ahora lanzo una última mirada a tu silueta sentada en la orilla, quizá pensando en mí sin sospecharme en este extraño vuelo sobre tus cabellos sobre tus trenzas verdes sobre  tus pies gr

La silueta de los sauces

Delinean los sauces una silueta parecida a la tuya. son las tres; en un par de horas, tendrá ojos, cabellos y ese gesto de apartarte un mechón cuando llega a tu nariz. Desnuda e inmóvil, la silueta creada por  los sauces murmurará poemas acerca de un mundo donde el silencio fluye  como un arroyo mientras el hielo de las cumbres se derrie en una perpetua primavera . Al saberlo, saldrás de tu casa fascinada, olvidarás los zapatos y correrás por los jardines del poblado Ahora te trepas a las dimensiones de tu doble y ambas murmuran retazos de poemas y en una extraña danza  mueven caderas, dedos de las manos, vuelcan los ojos hacia atrás, se desmayan, mueren,  resucitan.  Cuando lleguen las doce y el creciente arroje sus serpientes luminosas tu doble y tú habrán marchado. Sólo quedará el perfume de la noche, un par de grillos y una montaña de ceniza parda sobre la alfombra palpitante de las horas GOCHO VERSOLARI

Caldo de luz y muerte

  Te puedo dar la luz que está en mi pecho aunque no te conformes con arroyos y me pidas océanos. Deja que los pájaros traigan las semillas del agua, que crezcan los rugidos de la tarde cuando olvide la quietud de los cielos y emerja entre salvajes algodones para engendrar el sol. Te puedo dar la luz que aún late en la punta de mis dedos La deposito en la mañana, la reitero en la tarde y tu carne rugosa se abrirá engendrándose, martillando sus sienes y golpeando los índices violetas de la tarde. Perito en tu dolor. Conozco claves,  meandros, recodos, recovecos por donde deriva tu cansancio. En la tarde las suaves serpientes inflamadas asoman por tus músculos, levantan  cabezas, exhiben dentaduras,  en un museo de sueños vivos,  y adormecidas muertes. Quisiera que tus piernas revivan y recorramos como otrora  aluviones, memorias,  rocas antiquísimas,  donde rubios insectos preparen el caldo del futuro y nos llenen de pan. Ya en la noche encontraré tus huecos fatigados. Los llenaré de so