domingo, 15 de octubre de 2017

Variaciones sobre el Silencio






Tus pies se perfilan en el horizonte. De ellos
surgirán las nubes de la aurora. 
Después llegarás vestida de ave
y se precipitarán aludes luminosos
por las laderas de la media mañana. 


(Silencio negro.
Silencio blanco. Una copla
se desmaya en el pico del somormujo).

Silentes, las ramas del otoño
 se animan a morir 
mientras el inmóvil techo de la noche
se precipita en un atardecer licántropo. 


Cuanto silencio
en tu deseo 
hierático y arcano, 
alto como las torres de tu desnudez
colgadora de pendones 
pirómana de pasados
lejanos y reciente. 

Descalza te atreves a morir
y a revivir 
en el filo de la guadaña de la parca.
Descalza
escapas por suelos sembrados de uñas,
de dientes afilados,
de los panes deshechos de la tarde

Tus pies han llegado hasta mi cama. Calentando la noche
el sexo se precipita desde las cumbres del cuarto,
desde la luz precaria que brilla en la mesa de noche
y una bestia de aire enrarecido
se estrellan contra los pendones de la cama. 

Muestrame tus pies, 
cargados de milenios, de los fuegos primeros;
tus pies,
creadores de kalpas. 
(En tus dedos
los universos cuelgan en racimos).

El fantasma de las lluvias de la semana que viene
no deja de mecernos,
de acunarnos,
de cantarnos  los vórtices 
mientras un pájaro rojo y somnoliento
empuja el amor desde mi vientre.


(Cubre tus oídos:
las estrellas
                       aturden).

GOCHO VERSOLARI

viernes, 6 de octubre de 2017

En el salado orbe de los pájaros






En el salado orbe de los pájaros
el mundo se abriga
con el edredón violeta de la tarde.

En tanto los cabellos del cielo
gotean mechas y panes sobre el pavimento
que acaban de pisar tus pies desnudos
dejando esas huellas 
que sólo pueden ver mis ojos. 
(Afirmaste alguna vez
 que tus pisadas,
que todas tus pisadas
se dirigían a mi cuerpo ,
enhiesto en esta tarde,
cargado de piedras y de años,
de bueyes, de manzanas,
de panes y de estrellas). 

Un mechón de primavera
se acurrucará en el centro de la planta
de tu pie derecho
y caminarás con él
y treparás las colinas del hielo...

El poeta hablará de la abubilla,
y con su voz 
regurgitarán los trinos 
en las entretelas de la brisa

Hay un gusto salobre en el invierno,
hay un pan gigante que se tiende
cuando te detienes en la cima exacta 
de tu dolor grisáceo
y miras al sur, 
a las bandadas que se acercan y se alejan
en esa mezcla de baile,
de apartarse de la sal
y de beber los cristales con las ansias
que día a día llegan  del empíreo

...en el salado orbe de los pájaros,
el deshielo cuelga pendones azules
 llueven los goces en el mediodía
y el sol estalla...

Arañan tus empeines las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

sábado, 23 de septiembre de 2017

Introducción al monstruo de la desmesura









Caminar por la ciudad pavimentada de sapos
es atravesar abismos
hacia la desmesura.

En ella el universo 
  se amilana, se achicharra, se dilata,
se engrosa, se tuerce, combustiona y por último
recibe tus pequeños pies 
en sus manos de tierra
   
Desde la sombra de tu ciprés
llegarás hasta el negro puente de antimonio. 
Cuando caigas al vacío,
cada metro de espacio recorrerá tu entraña

Crecerán en tu vientre
garras negras, invisibles
y alistarán los cielos un ejército negro en tu seno derecho,
un ejército blanco en el izquierdo
y los disparos saldrán por tus pezones
y serás a la única a la que hieran mientras la nieve
 forma coágulos de lágrimas


Bastaría una disonancia para que el monstruo de la desmesura
remonte desde las alcantarillas
desplegando desde sus patas
noches devoradoras de todo el pan
que amasara la luna.  

Bastaría saber si regresas
en el lomo de cada desmesura
o permaneces en el fondo del abismo, 
deslumbrada
por las  sirenas de acero y de saliva.

Te bastará con estirar el cuello.
Al estallar en tus pupilas,
los astros me alcanzarán la paz. 

GOCHO VERSOLARI

Grillos



El poniente se llena de grillos 
que se licuarán a sí mismo con afán de panes
y se trasmutarán en atardeceres yertos,
como tu imagen cuando te tiendes a morir
día tras día
en las suaves coyundas de la aurora.

El poniente se llena de grillos
y hay sentido en el canto atronador
que se lleva los alveolos del día
y el afán innominado que te recorre. 

Una versión de ti
atraviesa añiles infiernos durante la tarde, 
y nadie sospecha que tu sonrisa amable,
mientras sirves el té a los convecinos
oculte toneladas de fuego,
de silencios oscuros, acuosos
mientras el poniente se llena de los  grillos laboriosos
que evitarán lo eterno de la noche
cuando arrastren el alba
 y barran una a una las estrellas. 

GOCHO VERSOLARI

El Estruendo del Poema




Te pregunto si escuchas el poema
y niegas con la cabeza. El silencio
resbala por la tarde, 
empapa las cosas de la sala,
sostiene  tus cabellos
 y acaricia tus desnudas plantas.

Te pregunto otra vez si escuchas el poema
y me dices que no hay sonidos, que la tarde
es un barco sin bisagras y sin aire,
que se desploma lenta; que a veces,
tan sólo a veces,
caracolea en tu sexo
 cuando te hago el amor.

Entonces te respondo
que el poema hiende huesos,  
entrañas y tejidos
para abrirse paso y conquistar la noche. 
Te sugiero que lo persigamos,
armados de picas invisibles, 
de plumas de extinguidos pájaros
y de papiros yertos...

Te has dormido. El sillón, sonrojado,
te sostiene como un par de brazos.
Cuando traigo la manta, el poema se desploma
y un chillido nos cubre desde el sol
Hay  una lluvia lenta como un tanque
que anega las bocas y las cuevas;
tu desnudez cerril
que se llena de lunas plañideras.

El poema inaugura la madre del estrépito; 
tú  duermes. 
Desde tus senos desnudo nos amenazan
los buitres del sol. 

GOCHO VERSOLARI

domingo, 3 de septiembre de 2017

Poemas




Flotan los poemas
en el espacio de la madrugada
Algunos tienen sabor a setas ; 
otros,
crecen desde tus pies como extrañas hierbas; 
otros,
se arraciman en mi cuello y marcho entre la gente
con un par de glándulas aladas,
y  mirada de loco.

(El amanecer destila sierpes luminosas
sobre tu desnudez).

Flotan los poemas. Quieren llevarme
a mundos que palpitan
más allá de la tarde.
Lentas las mariposas de la madrugada
traen un sabor azul. Barajo los poemas
y los convierto en lagos
y en los primeros reflejos de la mañana
busco las rocas solitarias
que aún se encuentran bajo la marea. Después,
una lluvia ligera,
un atajo a lo lejos. Los poemas
serán  cientos de tigres , devorarán el día
y construrirán  un escabel con las tormentas.

GOCHO VERSOLARI

La Triste Bestia que te lleva en su lomo




Las emociones forman enjambres a veces,
en otras puñados de moscas en busca de cadáveres; en otras,
plantíos interminables de rosas y silencios.

Algunas veces las emociones se aglutinan
y forman aquella bestia alada
que te lleva en sus lomo
sabiendo que eres el trozo de mi vientre
que brilla en las auroras;
que languidece en los crepúsculos.

Y te veo  en el silencio de la noche
descalza y a horcajadas
 sobre la bestia trepidante
lenta
 rápida,
 silente,
ruidosa
y vuelas hacia la luna mientras otra versión de ti
se detiene a mi lado; una tercera
me abraza ansiosa, gime, se desnuda;
se precipita en mi sexo y en mi noche

Emergerás desnuda y satisfecha
cuando la bestia se detenga en el empíreo
y amase su tristeza
en los  esplendoros océanos de tu mediodía.

La Bestia Rubia





Te marchas azul, descalza; tus talones
se pierden en la ochava y renuncian
al pan caliente y al purè de ocumo
que te sirvo en las mañanas.

Este amanecer dorado que te ve partir
es la bestia rubia de la que hablaba Nietzche
o la bestia sin nombre que evocara  Blake

Desde las canteras de la noche
 emiten sus gruñidos,
 sus panes silentes,
sus brillos;
los morados cilicios con los que golpearè mi cuello,
mi espalda que alguna vez fue tierna;
que ahora
es áspera como tu partida y lo será
en el primer milenio
de la era que se inicia con tu ausencia

Leo las cartas cuando la mañana
me arroja  pàjaros al rostro. Leo las cartas
Dicen que volverás. 
Serás la última bestia,
desnuda y bella como el cielo,
cuando las eras se apaguen y destilen
las gotas postreras
de esta còsmica melancolìa

Regresarás descalza. Tus pies
habrán recogido ojos, 
artefactos,
silencios
de los cósmicos océanos,
de las estrellas que destiñen
cuando dejan de brillar por un momento

Tus plantas
se prenderán de las ùltinas gotas del espacio
y beberás con cada uno de los dedos
los recodos de las horas,
los gruesos gusanos de los días

Deja que cuelgue de la luna; mis caderas
se moverán en péndulo
hacia la tenue neblina de las cuatro.

GOCHO VERSOLARI

viernes, 1 de septiembre de 2017

Los pendones que se Achicharran en tu Ombligo.




Los pendones en tu ombligo
se calientan hasta encender la estera
que tu abuela usara para entibiar el piso
en las noches de invierno.

Descalza, 
bata blanca, 
cabellos liberados,
te aproximas con actitud ritual
a ese fuego que ahora abrasa 
tu pezón izquierdo:
con ojos fijos
y  labios entreabiertos,
 entregarás tu ápice y todas tus primicias
al túmulo hecho de aire y de silicio,
construido con carne de dioses y de cabras.

El túmulo que nevará quemando 
tu bajo vientre,
las plantas de tus pies
y esas encadenadas muertes
que llegan de atrás,
de muy atrás

Los pendones en tu ombligo
se achicharran,
crepitan,
deambulan
y quiebran el silencio negro y rojo...

... y  quiebran,
y destrozan
el silencio de Dios. 

GOCHO VERSOLARI

Guardaremos la Muerte en una Servilleta






En un cielo verde saldrá el sol
y quizá por la tarde
se derrame una lluvia de cenizas
(Los pájaros volcarán índigos  rayos  
en las ventanas azules de la casa).

Te invitaré a que te desnudes
y cabalgaremos los potros invisibles;
que el aire guardara desde siempre.
(Morirán algunas mariposas
en las corolas amarillas de los días). 

Tus ojos se convierten en panes
cuando la tarde llega
y cubres con la bata 
la belleza del día
que nos envuelve como un caudal incontenible
a ti,
a mí,
a la avispa que ha hecho su nido en la ventana, 
a las arañas oscuras de los sótanos,
a los colibríes de la primavera. 

Saldrá la luna en un cielo de añil
y guardaremos la muerte en una servilleta
para arrojarla al río de las cosas. 

GOCHO VERSOLARI

domingo, 27 de agosto de 2017

Los ladridos del sol






Con violencia,
el sol acaba de ladrar cuatro veces
creando un vendaval de silencios y aprontes
que llega a tu esternón
y a través de dulces espirales
embriaga tu pezón izquierdo

Veré tu desnudez en medio de la plaza,
a pesar del invierno;
de los carámbanos que galopan en el aire.
Al danzar,
tu cuerpo blando nos traerá noticias
de lo profundo y lo superfluo de las cosas.

Cuando el mediodía se precipite,
 dirigirás una larga caravana
de osos, mendigos, millonarios
 soñadores, necios, lúcidos
que elevarán  copas sedientas
a tu cuerpo ambrosía,
Su blancura les promete
aquella borrachera primordial
que abrirá oídos, poros y gemidos
a los eternos,
 sonoros 
inframúndicos
                         ladridos del sol.

GOCHO VERSOLARI

viernes, 25 de agosto de 2017

Los pájaros sin forma del vacío






Te empeñas en caminar por las cornisas de la luna
mientras me meso los cabellos
al ver tu pie derecho
adelantarse al izquierdo
y un rebuzno de unicornios atrona el cielo
y el vendaval de las horas que matamos se apresura a llegar
tibio
lento
silencioso
haciendo vibrar las estrellas con un viento invisible
como todo viento
y tú haces equilibrio
en esa cornisa tan delgada
como el filo del cuchillo que usa el tiempo
para cercenar nuestras ansias día
tras
día

Reconozco que tienes el equilibrio
propio de los eones cuando se encabritan
y destruyen un mundo mientras realizan complicadas piruetas
entre las mallas estelares.
No hay un mañana
me dices con una sonrisa y una lágrima
mientras apoyas la planta desnuda de tu pie izquierdo
sobre la cornisa filosa
a punto de hender tu carne blanca
como el sueño de un ornitorrinco
que se desplazara hacia el sur, siempre adormilado,
anhelando  amor, casa; anhelando el pan caliente de los besos.
Pienso que quizá falte poco
para que llegues a la plataforma de la noche
y te recojan las manos de los elfos
y yo detenido en la tierra,
con mis propios pies hundidos en el agujero que me obligaran a cavar
en esta cueva que noche a noche se lleva mis sueños y mis viajes.
Quizá me acueste en la oscuridad
y allí baile contigo en la delgada cornisa. Tú
Yo,
y los pájaros  sin forma del vacío.

GOCHO VERSOLARI

Una pequeña araña en el borde del cielo





Por el borde del cielo
 corre una araña pequeña, 
emitiendo endechas hacia adentro
y arrojando dolor 
sobre la tierra recién sembrada.


Los dioses
desfilan desde el escorzo de una nube
y me muestran sus caderas azules,
las pirañas que emergen de sus ojos
mientras la luna se abalanza inmóvil
y me sostiene en equilibrio sobre las hondonadas

Por el borde del cielo
la araña  teje y teje
para que los destellos de su tela
nos oculten el brillo de las cosas,
la enceguecedora luz de tus tardes, 
tus mañanas
y los cencerros destellantes 
 de las criaturas olvidadas de los bosques.

La araña teje y teje.
Una muchacha
tiembla en la espesura con los ojos vendados.
Podría descubrirlos
y ver el sol convertido en conejo
deslizándose en el pan de la tarde,
pero prefiere el silencio del miedo
Labios resecos
un resplandor de cenizas
y el cuadrado azul de los cadáveres

La pequeña araña en el borde del cielo
despliega su enorme tela
sobre la eternidad.

GOCHO VERSOLARI

Muerta o viva




Muerta o viva,
lo sensual te transita:
serpiente grave
que a veces se transforma en tormentas
blandas,
poderosas. 

Muerta o viva
la blancura de tu cuerpo
atraviesa las noches de cuero
que tienden bocanadas de sapos
sobre callejones y silencios

La muerte y la vida corren sobre tu frente
como luces desbocadas,
furiosas,
con el júbilo negro de los siglos.
Divides las aguas del dolor
ccuando llegas descalza entre bloques de nada
a inaugurar con tu silencio
el crepúsculo de los insectos de la noche.
Alguien te estrangula,
o hiende en tu vientre
el puñal que ocultan las estrellas.



Atardece. Tu mirada
es un reptil moribundo en mis entrañas.

GOCHO VERSOLARI