jueves, 30 de octubre de 2008

DESCALZO EN EL REINO DEL METAL





1

Descalzo
entre tenues y oxidadas láminas
que se devoran a sí mismas;
estériles metales de la tarde
que gimen y que imploran
la bendición del sol.

Sangran mis pies desnudos
contra los filos desiguales
contra los monstruos sugeridos
que me toman del sexo,
que me arrojan a un pasado
donde los clavicordios del recuerdo
arden con azules llamas,
gritan con aullidos azabaches
y se estrellan
contra los bosques del crepúsculo.


El elefante de la tarde
lleva la luz sobre su lomo
y supura el sol en mi entrepierna
mientras pisoteo los metales
ensuciando de sangre
el centro de la tierra.

Tronarán catedrales de bronce
al verme descalzo
caminando la bruñida noche
cuando el tiempo
allane los filos,
las miradas
el jugo de los soles
sobre el manojo sin formas y oxidado,
sobre los sueños grávidos
sobre los pasos ligeros de los niños.

Ahora
trepo descalzo a la montaña de metales.
Mis pies ya se cansaron de sangrar
y amanece en mis plantas
un sol verdoso y enlodado.
Se despliega
en la entraña de las últimas estrellas.

2

Recorrí descalzo tu melancolía.
Durante meses
mis plantas invocaron a las lunas
al rocío celeste de la noche.
Evoqué tenues libélulas
para andar tus miradas.
mientras las estrellas huían
con sus piernas de sal.

Ahora
siento la pelambre aguda
de tu nostalgia
La boca de mis plantas
la bebe sorbo a sorbo;
Los ojos de mis plantas
ven pasar un pétalo
una tarde de enero.
Sienten el vuelo de una mariposa,
se descuelgan de los sicomoros
en una incierta madrugada ...

Rielantes y agudos
tus recuerdos pasan por mis pies .
Camino tu pecho
y siento en mis plantas
que el dolor se aleja
en una ciega caravana ,
en un atardecer cuadrado,
en un quieto suspiro.

Descalzo camino tu aire
lleno de abejas sutiles,
de tamarindos espectrales,
de suicidios que se callan
de ojos que ruedan
en lejanos horizontes.

Me iré. Mis pies desnudos
serán tan sólo dos fantasmas
en tu redondo desfile de silencios

3
Una enorme piedra metamórfica
con incrustaciones de antinomio
pugna por conocer mis pies
Estalactitas de cobalto
me piden, me reclaman
que las pise descalzo
cuando la aurora llegue.

El oro,
la plata,
el cobre,
el estaño
se amalgaman a sí mismos
y tapizan la noche
clamando por mis pies.

Me ensordece la voz de los metales
tras el hogar caliente de mis plantas.
tras mis bellos empeines
como reyes siameses,
deslumbrantes.

´Qué silencio en las estrellas.
Qué solemnes
los pebeteros de la noche.
Cuando mis plantas pasan,
borrachas de trigales,
atoradas de luna
hacia un mundo de plomo
que se derrite por amor
cuando lo piso.

4

Camino descalzo
los senderos del acero
Los oscuros caminos que las aves
vomitan en las trágicas noches
donde la muerte se cuelga de las sombras.

Mis pies
rosados, fuertes
pisan la tos del antinomio
y se resecan en el aura del azufre.

Los metales
han sido guardados por la tierra
mientras el enjambre de los siglos
acunó voces y sueños
en las esferas delirantes de los cielos.

Vuelvo descalzo a esta patria de adentro
donde tus ojos se reflejan en las cosas.
Traigo en mis empeines
delgados espectros de metales
y en mis tobillos
empecinados cantos de triunfo.

Rompo con mis pies desnudos
el tenue corral donde los peces
sueñan tus blancos muslos,
dormitan en tus pies
que quieren desnudarse
al ver los míos.

Ahora las estrellas
caen como granos de arroz
sobre tus ojos.


5

Descalzo,
aùn màs abajo,
lluevo sobre los cocos deshojados
que se prenden a los mastines del día.
Descalzo los recorro:
perros azules sobre los que cae
la llovizna de la indiferencia.
Mis plantas se arrugan por el peso
de los reconcentrados dolores
de las melancolìas silenciosas
que acompañan mis brazos
cuando se apoyan sobre el marco
que acompañan mis ojos
cuando ruedan en las montañas lejanas
como pàramos
como días sin sal
como gavetas que se abren y se cierran
en el encuentro de la tarde.
Descalzo camino las laderas
en busca de las estrellas de latón
que no dejan de caer
sobre la niña también descalza
que se duerme y se duerme
mientras lava mi ropa
salpicada de melancolìa.


6

Cuando en las tardes nubladas
tiende la melancolía
una gelatina de dolor sobre las cosas,
en mi planta izquierda se abre un agujero
por donde rezuman
desconocidos llantos,
senderos perdidos y añorados,
dolores ateridos.
Entonces afino el espectro de mis pies
y camino descalzo
arrecifes de sueños.
A mis espaldas
se vierten las cosas amables,
cotidianas,
licuadas por mis ojos,
atravesando el hoyo de mi planta
donde me hundo en una torsión de mi ser
que no pierde el sendero
hacia las cosas últimas.

Cuando en las tardes nubladas
entronizan los duendes la melancolía,
mis pies se cubren
de agujeros luminosos
que alumbran los cielos de las tardes
y llenan de destellos
los lentos olvidos de las noches.

Ahora,
atravieso el hoyo de mi pie
y recorro descalzo
los universos de la melancolía.
Monstruos lentos y grises
me alcanzan ikebanas,
frutas frescas
y el agujero de mi planta se convierte
en el último huracán
que atraviesa las cosas
hacia los universos nuevos,
hacia las lágrimas resecas,
hacia el lento,
el melancólico,
el sublime,
el olvidado píar
de todas estrellas.


Gocho Versolari

DESCALZO EN EL REINO DEL FUEGO




1
El sol
es un rojo lienzo
tendido en mis empeines.
Desde arriba
el fuego llega hasta mis plantas.
Descalzo en el silencio de las llamas
de los carbones viejos
que resuellan apenas
sin mellar mi carne
que la devuelven,
íntegra de panes,
rosada y colosal.
El centro de mi planta
sólo absorbe el calor que se merece.
El resto
vuela a los astros y a las horas,
a los pájaros y a los monumentos,
a los árboles
y a los redondos perfiles de tus pechos.
2
Mis pies descalzos
buscan los caminos del cielo
con sed de un fuego
rejuvenecido
que temple el acero de mis venas
y musite en mis dedos
los acordes certeros de la fronda.
Descalzo en carbones encendidos
buscaré la Florencia del Dante
con la cálida brújula
que escondo en mis talones.
Descalzo y remoto
transito el fuego del amanecer
con mis pies anhelantes
La tierra de mi cuerpo
bebe el lenguaje de los cielos
enciende bosques y piraguas,
cuadrangulares crepúsculos inertes
y amaneceres silentes y desnudos.
No ha llegado Virgilio
para que transitemos juntos el infierno.
Descalzos ambos
desde la Alta Antigüedad,
desde secretos y silencios
adoloridos
en la atalaya de las cuevas
en el sol de abajo
en el sol de adentro
en la certeza del anonimato.
Mis pies son los discípulos
de la inmovilidad profunda de los troncos
de la paciencia de los elefantes
de los cañaverales
que día a día crujen bajo el fuego.
Mis pies
guardan la juventud
anhelan
la tierra toda
dignos y desnudos
como un grito de carne,
un paquidermo de luz
un puñado de carbones brillante
que la tarde nos arroja
como al descuido.
Ahora
araño mis plantas
con el bordado sutil de las estrellas.
3
Tu cuerpo enorme
se dibuja en la hierba.
Allí está tu carne, tu piel tenue.
Allí traspiras bajo los soles,
bajo los lluviosos días.
Descalzo en la tarde
camino tu rostro. Mis pies
se hunden en tus tejidos
blandos como la noche.
Al llegar a tu pecho
veo mis empeines
bajo tu sudor trasparente.
Tus glándulas nutren la grama
y tu sudor que se evapora
llega a los cielos
y se devuelve en lluvia
tenue
tan tenue
como tus besos húmedos y tibios
cuando corrías descalza
las laderas verdes.
Ahora
mis pies se apoyan en tus pies enormes
y atravieso la herrumbe de los siglos
y los espectros de las desordenadas noches
que llegan del pasado
sin nostalgia,
saludando a la tristeza
que mañana
me mostrará su costura de alegría.
4
Baño mis pies en vino.
Ángeles jorobados
me arrojan el líquido bermejo
y mis empeines beben
y beben.
Son reyes luminosos, coronados
por la embriaguez de los crepúsculos.
Abejas insomnes y veloces
arrojan el dulce néctar de las uvas
sobre mis plantas:
reinas desnudas, coronadas
que destrozan con sus rasgados gritos
los aturdidos silencios de las horas.
Mis pies se hunden en el vino
y estallan totales madrugadas
y agoniza el duende del silencio
y avanzan rojas tardes
entre flancos de estaño,
gemidos de antinomio
mientras la sangre de la tierra
avanza por mis pies
hacia la lúcida fortaleza de mi pecho.
La mítica embriaguez de los insectos
percibe los redondos cascabeles
de las horas finales de la noche.
Ahora,
una estrella se cuela
en el silencio azul de la alborada.
5
Mis metatarsianos
apuntan al sol del mediodía:
desafiantes moles,
en las uñas talladas
el idioma rugiente, las palabras
que engendrarán leones,
caravanas de brujas
untadas con beleño.
Entonces
amaré el fuego con mis plantas desnudas
y la risa del día
se filtrara entre panes,
cimbrará entre las vacas
y beberá culebras
en el atardecer.
Repasaré descalzo las risas cotidianas
y mis fuertes empeines
desafiarán el sol
con los fuegos que se prolongan en la noche
y que auguran las lluvias de mañana.
6
Mis plantas braman.El ojo
que tengo bajo la almohadilla
es ojo y boca y grita
entre invisibles resplandores
de la suave noche.
Mis pies anhelan la tierra;
la desnuda humedad de los insectos
como el enfermo la salud,
el suicida la muerte
y el reo su regreso a casa
con los pies desnudos
sintiendo el linóleo
y las narices abiertas
para el aroma del café.
El júbilo de mis pasos
descalzos, desatados
enciende la hierba seca
y desparrama el fuego en las laderas,
en los prados,
en el corazón de los animales
que pastan bajo la luna
guardando en sus miradas
la totalidad de las estrellas.
Carrera descalza hacia la aurora.
Penden ciervos de mis dedos
y los arrojo al arroyo de la muerte
mientras clavo espejos
en mis talones,
en mis tobillos,
en mis empeines
y mis pies reflejan las constelaciones
y arañan la piel amarilla
de cometas, galaxias,
del abismo que me constituye
y los monstruos que alborotan mi sangre
cuando la lluvia se precipita
con la mansedumbre de la furia,
con el odio
que se oculta en el ojo del amor.
Mis pies hacen equilibrio
en el lomo de las mulas de la noche
y guardan el agua azabache de los cielos
el el plateado vientre de los astros.
Gocho Versolari

jueves, 23 de octubre de 2008

DESCALZO EN EL REINO DE LA TIERRA





1

Mis pies
son los barcos que la aurora fleta.
Ellos parten
cuando la noche abre sus ijares
y llena de lunas
los vientres de las jóvenes que sueñan
con su andar descalzo entre los trigos
con su nublarse las miradas
al caer el silencio de la eras.

Cuando vuele
el último pájaro nocturno,
recorreré descalzo
cada uno de los rostros
grabados en la enereida tierra.
Mis plantas
se hundirán en los pozos asombrados
en los guaduales azules del espacio.

Las muchachas descalzas
danzarán enloquecidamente
como ofrenda a la luna.
De sus vientres
saldrán luces azules,
peces morados
y sueños pardos
que se unirán a las estrellas.

Mis pies
recorrerán el camino de los sueños
y la tierra caliente de la noche
donde la luna
soltará sus enjambres
de dragones alados...

Han nacido ojos en mis plantas
y con ellos
puedo ver las auroras de la tierra.

2
Descalzo
subo la montaña del día.
En cada paso
los ojos de mis plantas
arrojan luces
en lo profundo de las cuevas,
en las sombras
que durante milenios
concentraran silencios
apagando el fuego de las horas.

Subo descalzo las laderas
pisando el pedregullo,
la tierra fría como plomo
y el corazón de la ceniza.
Mariposas de tierra
revolotean mis talones
y dos águilas de luz
parten de mis empeines.


Hacia el atardecer
conoceré las cavernas de mi entraña
y los niños del sol
desplegarán un itsmo
de cielo a cielo.

Ahora mis talones
arrojan terrones al abismo
La tierra
lame mis plantas
con sus gusanos grises.
En la noche brillarán mis pies
encegueciendo
y preñando de luz
volcanes y cavernas
mientras se despliega en el levante
el furioso dragón de las mañanas.

3


Descalzo:
mis pies sutiles
como el suspiro de una alondra,
han afinado sus flancos,
han tallado las plantas
hasta el extremo del dolor
para caminar el pensamiento
que vuelve una y otra vez
cuando la tarde se llena de gárgolas
de rubios dragones
y de cadáveres.

Entonces
la tierra fina de la primera lluvia
contamina los grillos de mi mente,
el cencerro de las vacas
que bajan del cielo
serenas y mugiendo.

Caminar sobre las obsesiones,
las adolescentes, las decrépitas;
caminar sobre el cansancio
y los laberintos
donde se perdieran las miradas.
Descalzo
sintiendo siempre los pinchazos leves
los flashes celestes en mis plantas
los carámbanos de pan
que explotan mis empeines

Descalzo
camino ahora las serpientes de mi pecho
y uno con mis dedos
el punto leve
donde se extraviaran los cadáveres
dispuestos a cruzar la Estigia

La noche cena las muertas alondras
que cayeran del mediodía
lejano como un sueño

4

Descalzo
recorro vibrantes canarios,
pétalos de girasoles,
ramas de aromos florecidos.

Mis pies desnudos
atraviesan caléndulas
y rayos de sol
que no dejan de caer
sobre la húmeda tierra.
Ahora
dejo la huella de mis pasos
sobre la arena del desierto
y el dorado de las tardes
se escurre hasta mis plantas.

Desde mis pies
en la noche brillo como un sol
Ríos de fuego se inician en mi empeine,
en mi talón derecho,
en mi tobillo izquierdo.

Se desbordan mis pies
mientras la tierra arde
con sus ijares amarillos
y recorro hasta el vientre de las grutas,
y se desploma la alborada
sobre los pies crujientes del planeta.

5


Un par de monstruos crecen en mis plantas,
Sobre la medianoche
serán dragones amarillos.
Desde mis pies descalzos
llegarán a este mundo
para probar las aguas
de todos los pantanos.
Mis plantas,
los llamarán sus hijos:
príncipes herederos
del trono de la tierra.

Una joven desnuda
silbará dulcemente.

Morirán los dragones
y pisaré descalzo sus cenizas
mientras se vuelcan todas las estrellas.

6
Es irremediable que intentestreparmeaún después que hagas tu sueño,aún después que te ausentes,aún cuando el sol sea sol, sobre yen tu rostro, y aún cuando la luna se haga en la noche de la herencia ancestral


Luis Gilberto Caraballo




Es inútil que te quites las sandalias
y que pretendas transitar descalza
mi pierna izquierda;
mi pie
que no conoce el cuero de la vaca
siente tus intentos enanos
de trepar y trepar primero por las uñas,
después
tomándote del vello de mi tibia
seguir hacia arriba:
tus pies en mi carne.
Un amarillo cielo
te servirá de alfombra
y tu rostro obstinado
y tus sueños de orgasmos
a partir de las plantas.

Y seguirás trepando por mi vientre
por la verde tierra
de mi epidermis,
labrando a veces con tus azadas de madera
mis terrones ateridos,
preparando la tierra de mi sexo
para sembrar con los dedos de tus pies
mi escroto
mi glande
la soledad de mis testículos.

En tanto
mi estómago y mi bazo flamean
suben a las terrazas
y tienden banderas de triunfo
al viento de la tarde
a las brisas del sur
a los vendavales solitarios
y a las últimas lluvias de mañana.



7

Hacia el amanecer
habrá terminado la batalla.
Amada mía:
saldremos a la destrozada aurora;
pisaremos descalzos
cenizas de cadáveres,
beberemos el jugo de estertores
y aguardaremos
con la entresombra hincando las entrañas

El fuego ardió toda la noche;
mi propio cuerpo calcinado
cuelga de las orejas del sol.
¿De dónde habrá salido
esta carne nueva,
esta gesto impetuoso
esta energía
que curva la mirada de la luna?
Y mis plantas se apoyan
en la mañana llena de gracia
en sus senos de tiempo;
¿dónde se esconderían estos pies
que ahora hacen el amor
al día y a todo su cortejo.?

Toma mi mano.
No enterremos los muertos.
Ni siquiera
nuestros agonizantes rictus
en aquel cuerpo
en aquel otro.
Llegó la madre de todas las batallas:
es suficiente luto
el crujidos del cosmos,
el peso enorme de muertos y de vivos
la negra corola de las mariposas
que beben la cadaverina.

Descalzos,
con la ceniza hasta los tobillos,
buscaremos la fuente,
el manantial
en que nuestras plantas resuciten
y arrojen al foso del pasado
tantas muertes,
tantos coros de gusanos,
tantos cielos
volcados hacia adentro,
.
El himno de los recién nacidos
saltará en nuestros empeines;
que nuestros pies eleven
las cortinas del día

Ahora,
Aldebarán se oculta
y en el primer metatarsiano
se desploma
el jubiloso piar de las estrellas.

8
Lejanos pies de luz
caminan la Vía Láctea;
en la tierra
mis pies oscuros
conocen la intimidad del barro.

Descalzo
transito las horas
una a una
Los amaneceres
se rompen, se desmembran;
los días y las noches
son destellos de luz,
parpadeos de sombra.

Descalzo me sorprende
el animal sin forma de la luna
y el aire se mezcla con el agua,
me penetra
y arrastra mis poros gota a gota.

Descalzo,
sólo descalzo
puedo entrar a mis sueños. Aquellos
que no requieren de la arcilla
para ser realidad.

Descalzo,
pisoteo el corazón del alfalero,
enarbolo mis pies
y sólo muestro cuñas,
llamaradas de pasajero pan,
rostros sin nombre.

"Mis plantas son maleables!"
le grito a la selva de tus manos
dispuestas a horadar la aurora
y arrastrar consigo a las estrellas.

miércoles, 22 de octubre de 2008

DESCALZO EN EL REINO DEL AGUA




1
Descalzo camino mis miedos
negros como las aguas
cuando explotan detrás de los ponientes.
Horizontes de arañas
tiran de mis plantas hacia abajo,
hacia arriba.
Empujan, absorben
con picos felpeados
con dentadas auroras.
Descalzo camino los miedos
empapando mis empeines
con los geles sangrientos
de las noches insomnes.
Me hundo hasta los muslos
en los excrementos del lucero
buscando las notas
del coro redondo de los astros
para recorrerlas
con mis pies fuertes,
desnudos
cuando la noche arroje chorros cristalinos
sobre los hondos estanques de la vida.
2
Camino descalzo hacia el lejano norte.
Mis plantas,
dos niños angustiados,
buscan el frío.
Piso carámbanos de hielo;
veo mis pies desnudos
avanzando en la tierra,
avanzando en el cielo,
en el poniente,
en el levante...
en los atardeceres sinuosos
en la serpiente helada de la brisa
prendida a mis empeines
Avanzo hacia el hielo
con mis pies ateridos
que no renuncian
a los pendones de su desnudez.
Los ojos de mis plantas
se disuelven en visiones fantásticas
de selvas y de soles
ocultos en el corazón del frío.
Mis pies
van conociendo la intimidad de los hielos
en un lento avanzar por los torrentes
y saben con la certeza de los pájaros
que el frío
es la mano izquierda del sol.
que los astros estallan
en lo profundo de las gotas heladas.
Ahora,
una serpiente azul, llena de hielo
se desprende de las últimas estrellas.
3
Sueño mi propio oído
surgiendo de la tierra,
extendido a los cielos
como una extraña flor.
Desnudos mis pies
tantean los oscuros laberintos,
las húmedas circunvoluciones,
el vórtice siniestro
la caverna,
los martillos enormes
que templan mi dolor.
Sólo con mis plantas
puedo llegar al primer grito;
aquel que heló mis soles,
el que atronó mi vientre
y se instaló en mi pecho
como una roca alada.
sólo con mis plantas
podré llegar al inicial gemido
donde el dolor se rompe en gotas
con la forma de cerdos
que desde el íntimo oído
devoran mi alma y mis cabellos.
Del oído que emerge de la tierra
con profundas raíces
que llegan al otro lado del planeta
se aglutinan imágenes
sutiles como nieblas
Dromedarios en negras caravanas,
seres azules,
evanescentes,
terneros con forma de elefantes
y auroras degolladas.
Mis pies descalzos
atraviesan las dentaduras de los vértigos,
el Mar de los Silencios;
caminan, conocen
los cilios celestiales
hasta llegar al centro
donde la oscura soledad
arremete con chispas apagadas
y los cielos de adentro
estallan en sonrisas partidas
en gestos, en miradas
de una tarde perdida
que aún sigue buscando su sendero.
Mis plantas
encuentran el inicial gemido
adusto y apretado
en el centro oscuro del oído
y el tenue flanco de mi pie derecho
tensa el gemido como un pájaro
que pretendiera penetrar los soles.
Lo bebo con mis pies,
con ese sol que se inicia en mi planta
y la recorre con trinos y arreboles;
con ese sol que deja de morir
en las violetas densas del crepúsculo.
Salgo por el terciopelo negro
del oído profundo;
mis pies,
fieles a su desnudez
recorren la brisa de la noche
y se hunden en el mar anaranjado
de los redondos animales de la luna.
4
Mis enormes riñones
proyectan sus corazones pardos
contra la tela negra de la noche.
Debo treparlos,
descalzo y solo:
síntesis de mi vida y de mi vientre,
de mis ojales y mis mamelucos,
de mis muñecos de felpa
que aún recorren descalzos mis ensueños.
Mis pies desnudos;
mis riñones:
enormes ojivas luminosas,
serenos monstruos que vigilan
el hilo de mis noches,
el agua primordial que se prepara
a ensayar sus saltos de gaviota
cuando las masas negras de los mares
alcancen tu ensenada.
Pisar descalzo
la tenue algarabía
de mis riñones,
beatos con sus cofias,
guardando en sus azules núcleos
esencias de bosques y de pájaros.
El espectro de un sol,
la risa de mis plantas
ante la brisa inesperada y clara
que enjuga los silencios. Que clama
por ríos majestuosos
corriendo hacia los fuegos
del norte de mi cuerpo.
Desde mis plantas,
desde mis negros talones,
desde las yemas de mis dedos,
se descuelgan muchachas
lluviosas y descalzas:
corren riendo a bañarse en los arroyos
que guardan mis riñones acerados.
Entre risas y juegos
lavarán mi dolor
y arrastrarán las marmitas de mi pena.
Llego al final de mis riñones.
Mis renovados pies
se hunden en las aguas del recuerdo
y brota de mi vientre
el canto de las cosas vivas
la fuerza de mares y cavernas
y una noche completa
huye de mis entrañas
hacia el lento universo
donde laten los huertos,
la fronda sin país,
las piernas de sal de las estrellas.
Ahora
la vida descalza se pasea
buscando las lluvias de mañana.
5
Camino descalzo
sobre el cuerpo que tapiza la llanura.
Mis pies se hunden, se levantan
en la borrosa gelatina,
en el sueño de la tierra
colmado de noches sin luna,
sin estanques;
de apagados faroles
y de cadáveres flotando en los pantanos.
Descalzo
transito las lejanas aguas
oscuras en sus densidades.
Mis pies brillantes,
enamorados blancos de la noche;
Mis empeines
que recogen la lejana esencia,
aquella que permanece fija,
aquella
que hace palpitar los vendavales.
Mis plantas
la toman suavemente;
la beben como la ambrosía.
Mis pies recogen la eterna juventud,
la semilla de la vida
guardada en mis lumbares.
En mi empeine derecho
brillará la piedra
alumbrando los senderos oscuros,
los caballos negros que se elevan
horadando el centro del planeta;
los potros libres y salvajes
que pastarán en las últimas estrellas.
6
Me encaramo descalzo
en los estigmas de la noche
y camino
sobre los muros de la luna.
Mis plantas atraviesan
el dolor del estanque,
las penas de los ríos;
los olvidos
de los caminos que se pierden en la sombra
Mis oídos se ensordecen
con los coros de voces
muertas y vivas.
Aprenderé a recorrer descalzo
las sutiles barandas de los ruidos,
las negras gotas
que descienden por taponados lóbulos.
Mis pies aplastan el cansancio
de un universo sin sonidos.
Siempre descalzo,
horadaré el zumbido de la noche
en el cuarto alambique de la muerte.
7
Tus pies se depositan en mi sexo
cansada,
suavemente.
Tus plantas juguetean
con el pequeño animal
que busca otear el horizonte.
Sueños de empeines
gelatinosos.
De plantas
agrestes y agresivas
jugando a los contrastes:
lo pequeño y lo suave,
lo grande y lo monstruoso.
En la noche escupirán volcanes
su jugo ardiente
guardado por milenios.
Los chorros de la madrugada
se arrojarán hirvientes sobre el cielo.
Tus pies
beberán con sus mil bocas
el jugo de la vida.
Descalza,
recorrerás mi esencia
cuando brame la muerte de mañana.
8
Un viejo elefante
en los márgenes del día.
Camino descalzo
su arrugada piel,
el sendero amarillo
que se inicia en su trompa
y que termina
en el cuarto cielo paquidérmico.
Llego descalzo a la entraña del cielo
piso sus intestinos negros
como las aguas aglutinadas
que se abalanzan
sobre turistas
sobre cormoranes
sobre senderos a los que sigo recorriendo
descalzo
como el primer hombre
que pisara
con los asombrados ojos de sus plantas
el amanecer caliente de los ciclos.
Mis riñones se mecen con el día
se muelen con el agua
cuando transito descalzo la alborada.
9
Mis pies gloriosos
pisan desnudos el agua de los siglos,
avanzan
sobre cuadrados maremotos
sintiendo las plantas
el frío negro y salado de la costa
Días helados
servirán de cortejo a mis empeines.
La nieve coronará mis plantas
y cada dedo
será un grito triunfal en el crepúsculo.
El invierno del mundo
llegará con su carga de fantasmas
y la senda del agua
que no deja de fluir
me llevara de un mundo
al otro
con estos pies que tiemblan
ansiosos de alboradas y senderos,
de besos,
de nocturnos insectos
de ratones de luz
entrando y saliendo por las plantas
Los veré en el alba
cuando un ciego taña la campana de la iglesia
y los niños corran en el gran mediodía
descalzos en la fronda,
tocando con las puntas de sus pies
el otro mundo.
Allí también el agua
murmurará su canto y sus cadenas
enhiestas en la noche,
cansadas en las tierra.
Un horizonte de fuegos
asoma entre mis pies.
Y sólo hay sombras.
10
Otra vez posternarse
frente al cielo nublado.
No surge el agua de las llaves
y camino descalzo la humedad
que brota desde el suelo. Mis pies
la beben resignados
en busca de la triunfal fuente
que surga brillante
de las profundidades de la tierra
El fango de la tarde
cae del cielo
para que podamos amasar
otros hombres,
otra humanidad
Ahora
construyo un golem
con enormes pies desnudos
que lo llevarán
a levantar los bultos del atardecer
y a encerrarse a llorar
cada vez que muera una mariposa.
El golem
escribirá descalzos poemas
que con sus pies de tierra
caminarán la grama de los siglos.
Ahora llueve
y atravieso océanos en un segundo
con mis pies gloriosos y descalzos
prendidos aún de la alborada.
11
Mis pies se hundieron en la luz
y ahora recorro los albañales
con botas destellantes,
trasparentes
que dejan ver la gloria
de mis empeines, mis talones
pisoteando la sombra,
comadrejas fantasmas,
madrigueras de ratas
que huyeron al mundo de las sutilezas
y se arrastran en el atardecer.
Las narices de mis plantas
huelen los cadàveres
que la noche arroja
en su orgìa de sombras y entreluces
Ahora los caminan:
rigor mortis a las tres,
flaccidez a las cuatro...
Atraviesa un cometa
la sombra de las cinco:
con forma de pie rojizo y triste
derramando sus làgrimas
sobre el ojo que grita
en los metatarsianos...
Aquì abajo, mis plantas
beben la intimidad del cielo
desde los manantiales de la tierra.