martes, 21 de octubre de 2008

DESCALZO EN EL REINO DE LA MADERA




1
Descalzo hasta la entraña,
hasta el límite del cuerpo
hasta el lugar donde el espacio
devora el tiempo.
Allí una tenue alfombra
acaricia mis plantas
y con los oídos de mi empeine
percibo silencios de mar
y cantos de pájaros ciegos.
Descalzo hasta el perinée,
hasta los tuétanos. Mis pies
se vuelven sobre mi costura
y recorren mi adentro:
atoradas angustias
cementerios de rosas,
masacres pajarinas
bajo el negro sol
que no deja de asomar
entre zargazos de azucenas. Mis dedos
beben las orquídeas,
los guantes olvidados
el destello del solar...
...Ahora
camino descalzo el sendero de amatistas
que lleva a tu silencio,
a tu sierpe plateada
a la que tomo de la cola.
Flexiono el pie derecho.
y pendo ritualmente: mi cuello roto
y debajo de mis pies,
el agua de tus ríos,
corriendo por la carne de tus sueños
y atorando,
ahorcando,
descompasando
el piar de todas las estrellas.
2
Llegué descalzo al estanque de los vientos.
En un crepúsculo perenne
se agitaban las brisas,
los ciclones;
todas las bestias pardas
que flotan en los aires.
Abrí con mis talones las compuertas
y con mis plantas
caminé el aire desatado
Niños volando en el otoño.
Pichones de medusa
navegando en el viento.
Con mis pies
derivé vendavales
hacia el lejano sol;
hacia la nada.
Ahora
mis plantas sienten
las agudas fibras de la brisa,
los insectos redondos de los aires
que se alejan
se alejan
hacia los sueños de sal de las estrellas.
3
El viento fluye en mi cabeza
cegando aves en mis ojos
atronando cigüeñas en la tarde
y llenando de mieses
el brillo de la luna
El viento se atora y se levanta,
es un destello azul,
que se alborota cerca de mi pubis.
Mis pies
sienten la piel del tiempo:
monumental cadáver
tendido sobre el césped de los días.
Camino su rostro,
su expresión desgastada.
Llego a su vientre
donde los insectos tallan
la escultura de una niña muerta.
Mis pies caminan sobre el viente;
recorren las tempestades y los siglos.
En mis plantas
bailan andróginos desnudos
mientras los terraplenes
entonan el himno
de los recién nacidos.
Mi corazón babea de alegría
mientras la noche apronta sus silencios.

4
Descalzo,
recorro los caminos de tu odio.
Llenos de caballos espectrales
repletos de recodos
tallados en la sordina del espacio
En tu aliento de siglos
mis plantas beben ávidas
todas las texturas de la tarde.
En tu odio
el silencio se atora de ángulos
y mis plantas sangran
cuando pisan tus invisibles clavos,
cuando las muerden tus dientes espectrales,
tus parcas diminutas,
tus cataratas negras.
Retorno de tu odio. Mis empeines
recogen las cicatrices de la noche.
Mis plantas
transitan de nuevo las estrellas.
5
En las uñas de mis pies
los universos laten como pájaros.
Desde el dedo gordo
emigran generales.
Ejércitos desfilan
y una suelta de marciales palomas
me lleva a la uña
del dedo más pequeño.
Allí las vacas pastan
en el gran mediodía
y una joven descalza
conduce las ovejas.
Sus pies,
pequeños, saltarines,
brincan de dedo a dedo
por el cosmos brillante de mis uñas.
Las uñas de mis pies
son de madera
bruñida y gloriosa.
Las lamo suavemente:
saben a limones,
a naranjas del Cáucaso.
En el crepúsculo
laten las estrellas
en las uñas de mis pies;
se llenan mis empeines
de mariposas verdes y pájaros azules
mientras en el cielo
la luna no dejan de explotar
bebiéndose la noche.
6
Tus pies pequeños pisarán mi hígado
y fantasmas oscuros
escaparán entre los dedos
mordiendo tus empeines
con los dientes cuadrados de la ira.
Tus pies,
suaves y tibios.
Mis pies,
densos y fuertes.
Ambos descalzos
con nuestro olor a hígado
en los cuatro talones.
Azules y verdes nuestros pasos
nos llevarán a los tornados,
al ojo de todas las tormentas
donde me sentarás en el trono de los vientos
para que observarte caminar descalza.
Entonces hundirás tus pies
en lo profundo de mi boca
y besarás los míos
con tu boca y tu cuerpo.
Mi vesícula
correrá como un rumor por las baldosas
y escaparán en estampida
todos los animales de mi cuerpo.
Niña,
tienes ajorcas con plateadas alas
una en cada tobillo
mientras tus plantas se impregnan de verdores,
del azul de la noche,
del gemido de las invocaciones.
Toma mi hígado para que lo pises.
Beberé de tus plantas
los tifones del sol.
7
Peldaños en el cuerpo
mujer
de peldaños en el cuerpo
que escalo en el amor
(buen alpinista)
con mis ropas de aventura
y lo desnudo
de este cuerpo manchado de montaña
Hernán Salcedo
Trepo descalzo tus caderas.
Tu piel
blanda madera
que se vence en mis plantas.
Descalzo me planto,
un pie en cada pezón,
una mano sosteniendo tu sexo,
venciendo el viento que me agita,
árbol desnudo sobre ti
te trepo usando mis raíces:
notas agudas y excitantes
en la suave madera de tu piel.
"El aire pertenece a los que sueñan"
me musitas con ojos entornados,
mientras una gota espesa
cae por tu comisura.
El aire pertenece a los que sueñan
Y transito descalzo tu ignoto territorio
hacia arriba
hacia arriba,
probando con la boca de mis plantas
tus valles y tus piedras,
tus frondas y tus ríos
venciendo a los tornados
hasta quedar rendido
en el suave lecho de tu vientre.
8
La mañana se arroja al cesto de luz
que sostiene la ladera desierta.
Las naranjas ruedan en las calles
y mis pies descalzos las esquivan.
La boca de mis plantas
anhela el sabor agrio
de lejanas calles a la hora de la siesta
templando el sol mis carnes,
templando la pasión
mis huesos y mis pechos.
Descalzo recorro el pasado
con la decisión del mediodía.
Recupero la esencia de los años
y el porvenir guardado en una caja
colgando de mi pecho.
Ahora
las naranjas buscan mis empeines,
quieren morir dulcemente destrozadas
por mis descalzos pies
que se trepan a la cúpula del cielo,
la rotan,
la rotan
hasta que el cenit se agrieta
y arroja los frutos de la noche
Me duermo descalzo en arrabales
mientras la luna
se preña suavemente
de las fatales lluvias de mañana
9
Descalzo camino
las agrias piedras
la astringente brisa
que se detiene en las gargantas de mis pies
y atraviesa eones de amargura.
Descalzo
piso limones pegoteados
contra el cielo de julio
contra tu rostro tendido en la alborada
que recibe mis pies
con el júbilo de los infantes.
Tu enorme lengua los recorre
y tu boca los absorbe
dedo a dedo
empeine a empeine,
planta a planta.
Atraviesa los senderos antiguos
grabados en talones y tobillos.
Entra en las cavernas de mis flancos
y oprime el vendaval de los zamuros
que se arrojan rampantes
sobre la escoria fantasmal
enterrada debajo de mis uñas.
Recorro el sabor agrio
pisando toronjas y alhelíes
con la desnudez gloriosa de mis plantas
donde se refocilan azules las estrellas.
Gocho Versolari
Poeta
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