jueves, 23 de octubre de 2008

DESCALZO EN EL REINO DE LA TIERRA





1

Mis pies
son los barcos que la aurora fleta.
Ellos parten
cuando la noche abre sus ijares
y llena de lunas
los vientres de las jóvenes que sueñan
con su andar descalzo entre los trigos
con su nublarse las miradas
al caer el silencio de la eras.

Cuando vuele
el último pájaro nocturno,
recorreré descalzo
cada uno de los rostros
grabados en la enereida tierra.
Mis plantas
se hundirán en los pozos asombrados
en los guaduales azules del espacio.

Las muchachas descalzas
danzarán enloquecidamente
como ofrenda a la luna.
De sus vientres
saldrán luces azules,
peces morados
y sueños pardos
que se unirán a las estrellas.

Mis pies
recorrerán el camino de los sueños
y la tierra caliente de la noche
donde la luna
soltará sus enjambres
de dragones alados...

Han nacido ojos en mis plantas
y con ellos
puedo ver las auroras de la tierra.

2
Descalzo
subo la montaña del día.
En cada paso
los ojos de mis plantas
arrojan luces
en lo profundo de las cuevas,
en las sombras
que durante milenios
concentraran silencios
apagando el fuego de las horas.

Subo descalzo las laderas
pisando el pedregullo,
la tierra fría como plomo
y el corazón de la ceniza.
Mariposas de tierra
revolotean mis talones
y dos águilas de luz
parten de mis empeines.


Hacia el atardecer
conoceré las cavernas de mi entraña
y los niños del sol
desplegarán un itsmo
de cielo a cielo.

Ahora mis talones
arrojan terrones al abismo
La tierra
lame mis plantas
con sus gusanos grises.
En la noche brillarán mis pies
encegueciendo
y preñando de luz
volcanes y cavernas
mientras se despliega en el levante
el furioso dragón de las mañanas.

3


Descalzo:
mis pies sutiles
como el suspiro de una alondra,
han afinado sus flancos,
han tallado las plantas
hasta el extremo del dolor
para caminar el pensamiento
que vuelve una y otra vez
cuando la tarde se llena de gárgolas
de rubios dragones
y de cadáveres.

Entonces
la tierra fina de la primera lluvia
contamina los grillos de mi mente,
el cencerro de las vacas
que bajan del cielo
serenas y mugiendo.

Caminar sobre las obsesiones,
las adolescentes, las decrépitas;
caminar sobre el cansancio
y los laberintos
donde se perdieran las miradas.
Descalzo
sintiendo siempre los pinchazos leves
los flashes celestes en mis plantas
los carámbanos de pan
que explotan mis empeines

Descalzo
camino ahora las serpientes de mi pecho
y uno con mis dedos
el punto leve
donde se extraviaran los cadáveres
dispuestos a cruzar la Estigia

La noche cena las muertas alondras
que cayeran del mediodía
lejano como un sueño

4

Descalzo
recorro vibrantes canarios,
pétalos de girasoles,
ramas de aromos florecidos.

Mis pies desnudos
atraviesan caléndulas
y rayos de sol
que no dejan de caer
sobre la húmeda tierra.
Ahora
dejo la huella de mis pasos
sobre la arena del desierto
y el dorado de las tardes
se escurre hasta mis plantas.

Desde mis pies
en la noche brillo como un sol
Ríos de fuego se inician en mi empeine,
en mi talón derecho,
en mi tobillo izquierdo.

Se desbordan mis pies
mientras la tierra arde
con sus ijares amarillos
y recorro hasta el vientre de las grutas,
y se desploma la alborada
sobre los pies crujientes del planeta.

5


Un par de monstruos crecen en mis plantas,
Sobre la medianoche
serán dragones amarillos.
Desde mis pies descalzos
llegarán a este mundo
para probar las aguas
de todos los pantanos.
Mis plantas,
los llamarán sus hijos:
príncipes herederos
del trono de la tierra.

Una joven desnuda
silbará dulcemente.

Morirán los dragones
y pisaré descalzo sus cenizas
mientras se vuelcan todas las estrellas.

6
Es irremediable que intentestreparmeaún después que hagas tu sueño,aún después que te ausentes,aún cuando el sol sea sol, sobre yen tu rostro, y aún cuando la luna se haga en la noche de la herencia ancestral


Luis Gilberto Caraballo




Es inútil que te quites las sandalias
y que pretendas transitar descalza
mi pierna izquierda;
mi pie
que no conoce el cuero de la vaca
siente tus intentos enanos
de trepar y trepar primero por las uñas,
después
tomándote del vello de mi tibia
seguir hacia arriba:
tus pies en mi carne.
Un amarillo cielo
te servirá de alfombra
y tu rostro obstinado
y tus sueños de orgasmos
a partir de las plantas.

Y seguirás trepando por mi vientre
por la verde tierra
de mi epidermis,
labrando a veces con tus azadas de madera
mis terrones ateridos,
preparando la tierra de mi sexo
para sembrar con los dedos de tus pies
mi escroto
mi glande
la soledad de mis testículos.

En tanto
mi estómago y mi bazo flamean
suben a las terrazas
y tienden banderas de triunfo
al viento de la tarde
a las brisas del sur
a los vendavales solitarios
y a las últimas lluvias de mañana.



7

Hacia el amanecer
habrá terminado la batalla.
Amada mía:
saldremos a la destrozada aurora;
pisaremos descalzos
cenizas de cadáveres,
beberemos el jugo de estertores
y aguardaremos
con la entresombra hincando las entrañas

El fuego ardió toda la noche;
mi propio cuerpo calcinado
cuelga de las orejas del sol.
¿De dónde habrá salido
esta carne nueva,
esta gesto impetuoso
esta energía
que curva la mirada de la luna?
Y mis plantas se apoyan
en la mañana llena de gracia
en sus senos de tiempo;
¿dónde se esconderían estos pies
que ahora hacen el amor
al día y a todo su cortejo.?

Toma mi mano.
No enterremos los muertos.
Ni siquiera
nuestros agonizantes rictus
en aquel cuerpo
en aquel otro.
Llegó la madre de todas las batallas:
es suficiente luto
el crujidos del cosmos,
el peso enorme de muertos y de vivos
la negra corola de las mariposas
que beben la cadaverina.

Descalzos,
con la ceniza hasta los tobillos,
buscaremos la fuente,
el manantial
en que nuestras plantas resuciten
y arrojen al foso del pasado
tantas muertes,
tantos coros de gusanos,
tantos cielos
volcados hacia adentro,
.
El himno de los recién nacidos
saltará en nuestros empeines;
que nuestros pies eleven
las cortinas del día

Ahora,
Aldebarán se oculta
y en el primer metatarsiano
se desploma
el jubiloso piar de las estrellas.

8
Lejanos pies de luz
caminan la Vía Láctea;
en la tierra
mis pies oscuros
conocen la intimidad del barro.

Descalzo
transito las horas
una a una
Los amaneceres
se rompen, se desmembran;
los días y las noches
son destellos de luz,
parpadeos de sombra.

Descalzo me sorprende
el animal sin forma de la luna
y el aire se mezcla con el agua,
me penetra
y arrastra mis poros gota a gota.

Descalzo,
sólo descalzo
puedo entrar a mis sueños. Aquellos
que no requieren de la arcilla
para ser realidad.

Descalzo,
pisoteo el corazón del alfalero,
enarbolo mis pies
y sólo muestro cuñas,
llamaradas de pasajero pan,
rostros sin nombre.

"Mis plantas son maleables!"
le grito a la selva de tus manos
dispuestas a horadar la aurora
y arrastrar consigo a las estrellas.
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