miércoles, 22 de octubre de 2008

DESCALZO EN EL REINO DEL AGUA




1
Descalzo camino mis miedos
negros como las aguas
cuando explotan detrás de los ponientes.
Horizontes de arañas
tiran de mis plantas hacia abajo,
hacia arriba.
Empujan, absorben
con picos felpeados
con dentadas auroras.
Descalzo camino los miedos
empapando mis empeines
con los geles sangrientos
de las noches insomnes.
Me hundo hasta los muslos
en los excrementos del lucero
buscando las notas
del coro redondo de los astros
para recorrerlas
con mis pies fuertes,
desnudos
cuando la noche arroje chorros cristalinos
sobre los hondos estanques de la vida.
2
Camino descalzo hacia el lejano norte.
Mis plantas,
dos niños angustiados,
buscan el frío.
Piso carámbanos de hielo;
veo mis pies desnudos
avanzando en la tierra,
avanzando en el cielo,
en el poniente,
en el levante...
en los atardeceres sinuosos
en la serpiente helada de la brisa
prendida a mis empeines
Avanzo hacia el hielo
con mis pies ateridos
que no renuncian
a los pendones de su desnudez.
Los ojos de mis plantas
se disuelven en visiones fantásticas
de selvas y de soles
ocultos en el corazón del frío.
Mis pies
van conociendo la intimidad de los hielos
en un lento avanzar por los torrentes
y saben con la certeza de los pájaros
que el frío
es la mano izquierda del sol.
que los astros estallan
en lo profundo de las gotas heladas.
Ahora,
una serpiente azul, llena de hielo
se desprende de las últimas estrellas.
3
Sueño mi propio oído
surgiendo de la tierra,
extendido a los cielos
como una extraña flor.
Desnudos mis pies
tantean los oscuros laberintos,
las húmedas circunvoluciones,
el vórtice siniestro
la caverna,
los martillos enormes
que templan mi dolor.
Sólo con mis plantas
puedo llegar al primer grito;
aquel que heló mis soles,
el que atronó mi vientre
y se instaló en mi pecho
como una roca alada.
sólo con mis plantas
podré llegar al inicial gemido
donde el dolor se rompe en gotas
con la forma de cerdos
que desde el íntimo oído
devoran mi alma y mis cabellos.
Del oído que emerge de la tierra
con profundas raíces
que llegan al otro lado del planeta
se aglutinan imágenes
sutiles como nieblas
Dromedarios en negras caravanas,
seres azules,
evanescentes,
terneros con forma de elefantes
y auroras degolladas.
Mis pies descalzos
atraviesan las dentaduras de los vértigos,
el Mar de los Silencios;
caminan, conocen
los cilios celestiales
hasta llegar al centro
donde la oscura soledad
arremete con chispas apagadas
y los cielos de adentro
estallan en sonrisas partidas
en gestos, en miradas
de una tarde perdida
que aún sigue buscando su sendero.
Mis plantas
encuentran el inicial gemido
adusto y apretado
en el centro oscuro del oído
y el tenue flanco de mi pie derecho
tensa el gemido como un pájaro
que pretendiera penetrar los soles.
Lo bebo con mis pies,
con ese sol que se inicia en mi planta
y la recorre con trinos y arreboles;
con ese sol que deja de morir
en las violetas densas del crepúsculo.
Salgo por el terciopelo negro
del oído profundo;
mis pies,
fieles a su desnudez
recorren la brisa de la noche
y se hunden en el mar anaranjado
de los redondos animales de la luna.
4
Mis enormes riñones
proyectan sus corazones pardos
contra la tela negra de la noche.
Debo treparlos,
descalzo y solo:
síntesis de mi vida y de mi vientre,
de mis ojales y mis mamelucos,
de mis muñecos de felpa
que aún recorren descalzos mis ensueños.
Mis pies desnudos;
mis riñones:
enormes ojivas luminosas,
serenos monstruos que vigilan
el hilo de mis noches,
el agua primordial que se prepara
a ensayar sus saltos de gaviota
cuando las masas negras de los mares
alcancen tu ensenada.
Pisar descalzo
la tenue algarabía
de mis riñones,
beatos con sus cofias,
guardando en sus azules núcleos
esencias de bosques y de pájaros.
El espectro de un sol,
la risa de mis plantas
ante la brisa inesperada y clara
que enjuga los silencios. Que clama
por ríos majestuosos
corriendo hacia los fuegos
del norte de mi cuerpo.
Desde mis plantas,
desde mis negros talones,
desde las yemas de mis dedos,
se descuelgan muchachas
lluviosas y descalzas:
corren riendo a bañarse en los arroyos
que guardan mis riñones acerados.
Entre risas y juegos
lavarán mi dolor
y arrastrarán las marmitas de mi pena.
Llego al final de mis riñones.
Mis renovados pies
se hunden en las aguas del recuerdo
y brota de mi vientre
el canto de las cosas vivas
la fuerza de mares y cavernas
y una noche completa
huye de mis entrañas
hacia el lento universo
donde laten los huertos,
la fronda sin país,
las piernas de sal de las estrellas.
Ahora
la vida descalza se pasea
buscando las lluvias de mañana.
5
Camino descalzo
sobre el cuerpo que tapiza la llanura.
Mis pies se hunden, se levantan
en la borrosa gelatina,
en el sueño de la tierra
colmado de noches sin luna,
sin estanques;
de apagados faroles
y de cadáveres flotando en los pantanos.
Descalzo
transito las lejanas aguas
oscuras en sus densidades.
Mis pies brillantes,
enamorados blancos de la noche;
Mis empeines
que recogen la lejana esencia,
aquella que permanece fija,
aquella
que hace palpitar los vendavales.
Mis plantas
la toman suavemente;
la beben como la ambrosía.
Mis pies recogen la eterna juventud,
la semilla de la vida
guardada en mis lumbares.
En mi empeine derecho
brillará la piedra
alumbrando los senderos oscuros,
los caballos negros que se elevan
horadando el centro del planeta;
los potros libres y salvajes
que pastarán en las últimas estrellas.
6
Me encaramo descalzo
en los estigmas de la noche
y camino
sobre los muros de la luna.
Mis plantas atraviesan
el dolor del estanque,
las penas de los ríos;
los olvidos
de los caminos que se pierden en la sombra
Mis oídos se ensordecen
con los coros de voces
muertas y vivas.
Aprenderé a recorrer descalzo
las sutiles barandas de los ruidos,
las negras gotas
que descienden por taponados lóbulos.
Mis pies aplastan el cansancio
de un universo sin sonidos.
Siempre descalzo,
horadaré el zumbido de la noche
en el cuarto alambique de la muerte.
7
Tus pies se depositan en mi sexo
cansada,
suavemente.
Tus plantas juguetean
con el pequeño animal
que busca otear el horizonte.
Sueños de empeines
gelatinosos.
De plantas
agrestes y agresivas
jugando a los contrastes:
lo pequeño y lo suave,
lo grande y lo monstruoso.
En la noche escupirán volcanes
su jugo ardiente
guardado por milenios.
Los chorros de la madrugada
se arrojarán hirvientes sobre el cielo.
Tus pies
beberán con sus mil bocas
el jugo de la vida.
Descalza,
recorrerás mi esencia
cuando brame la muerte de mañana.
8
Un viejo elefante
en los márgenes del día.
Camino descalzo
su arrugada piel,
el sendero amarillo
que se inicia en su trompa
y que termina
en el cuarto cielo paquidérmico.
Llego descalzo a la entraña del cielo
piso sus intestinos negros
como las aguas aglutinadas
que se abalanzan
sobre turistas
sobre cormoranes
sobre senderos a los que sigo recorriendo
descalzo
como el primer hombre
que pisara
con los asombrados ojos de sus plantas
el amanecer caliente de los ciclos.
Mis riñones se mecen con el día
se muelen con el agua
cuando transito descalzo la alborada.
9
Mis pies gloriosos
pisan desnudos el agua de los siglos,
avanzan
sobre cuadrados maremotos
sintiendo las plantas
el frío negro y salado de la costa
Días helados
servirán de cortejo a mis empeines.
La nieve coronará mis plantas
y cada dedo
será un grito triunfal en el crepúsculo.
El invierno del mundo
llegará con su carga de fantasmas
y la senda del agua
que no deja de fluir
me llevara de un mundo
al otro
con estos pies que tiemblan
ansiosos de alboradas y senderos,
de besos,
de nocturnos insectos
de ratones de luz
entrando y saliendo por las plantas
Los veré en el alba
cuando un ciego taña la campana de la iglesia
y los niños corran en el gran mediodía
descalzos en la fronda,
tocando con las puntas de sus pies
el otro mundo.
Allí también el agua
murmurará su canto y sus cadenas
enhiestas en la noche,
cansadas en las tierra.
Un horizonte de fuegos
asoma entre mis pies.
Y sólo hay sombras.
10
Otra vez posternarse
frente al cielo nublado.
No surge el agua de las llaves
y camino descalzo la humedad
que brota desde el suelo. Mis pies
la beben resignados
en busca de la triunfal fuente
que surga brillante
de las profundidades de la tierra
El fango de la tarde
cae del cielo
para que podamos amasar
otros hombres,
otra humanidad
Ahora
construyo un golem
con enormes pies desnudos
que lo llevarán
a levantar los bultos del atardecer
y a encerrarse a llorar
cada vez que muera una mariposa.
El golem
escribirá descalzos poemas
que con sus pies de tierra
caminarán la grama de los siglos.
Ahora llueve
y atravieso océanos en un segundo
con mis pies gloriosos y descalzos
prendidos aún de la alborada.
11
Mis pies se hundieron en la luz
y ahora recorro los albañales
con botas destellantes,
trasparentes
que dejan ver la gloria
de mis empeines, mis talones
pisoteando la sombra,
comadrejas fantasmas,
madrigueras de ratas
que huyeron al mundo de las sutilezas
y se arrastran en el atardecer.
Las narices de mis plantas
huelen los cadàveres
que la noche arroja
en su orgìa de sombras y entreluces
Ahora los caminan:
rigor mortis a las tres,
flaccidez a las cuatro...
Atraviesa un cometa
la sombra de las cinco:
con forma de pie rojizo y triste
derramando sus làgrimas
sobre el ojo que grita
en los metatarsianos...
Aquì abajo, mis plantas
beben la intimidad del cielo
desde los manantiales de la tierra.
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