jueves, 30 de octubre de 2008

DESCALZO EN EL REINO DEL METAL





1

Descalzo
entre tenues y oxidadas láminas
que se devoran a sí mismas;
estériles metales de la tarde
que gimen y que imploran
la bendición del sol.

Sangran mis pies desnudos
contra los filos desiguales
contra los monstruos sugeridos
que me toman del sexo,
que me arrojan a un pasado
donde los clavicordios del recuerdo
arden con azules llamas,
gritan con aullidos azabaches
y se estrellan
contra los bosques del crepúsculo.


El elefante de la tarde
lleva la luz sobre su lomo
y supura el sol en mi entrepierna
mientras pisoteo los metales
ensuciando de sangre
el centro de la tierra.

Tronarán catedrales de bronce
al verme descalzo
caminando la bruñida noche
cuando el tiempo
allane los filos,
las miradas
el jugo de los soles
sobre el manojo sin formas y oxidado,
sobre los sueños grávidos
sobre los pasos ligeros de los niños.

Ahora
trepo descalzo a la montaña de metales.
Mis pies ya se cansaron de sangrar
y amanece en mis plantas
un sol verdoso y enlodado.
Se despliega
en la entraña de las últimas estrellas.

2

Recorrí descalzo tu melancolía.
Durante meses
mis plantas invocaron a las lunas
al rocío celeste de la noche.
Evoqué tenues libélulas
para andar tus miradas.
mientras las estrellas huían
con sus piernas de sal.

Ahora
siento la pelambre aguda
de tu nostalgia
La boca de mis plantas
la bebe sorbo a sorbo;
Los ojos de mis plantas
ven pasar un pétalo
una tarde de enero.
Sienten el vuelo de una mariposa,
se descuelgan de los sicomoros
en una incierta madrugada ...

Rielantes y agudos
tus recuerdos pasan por mis pies .
Camino tu pecho
y siento en mis plantas
que el dolor se aleja
en una ciega caravana ,
en un atardecer cuadrado,
en un quieto suspiro.

Descalzo camino tu aire
lleno de abejas sutiles,
de tamarindos espectrales,
de suicidios que se callan
de ojos que ruedan
en lejanos horizontes.

Me iré. Mis pies desnudos
serán tan sólo dos fantasmas
en tu redondo desfile de silencios

3
Una enorme piedra metamórfica
con incrustaciones de antinomio
pugna por conocer mis pies
Estalactitas de cobalto
me piden, me reclaman
que las pise descalzo
cuando la aurora llegue.

El oro,
la plata,
el cobre,
el estaño
se amalgaman a sí mismos
y tapizan la noche
clamando por mis pies.

Me ensordece la voz de los metales
tras el hogar caliente de mis plantas.
tras mis bellos empeines
como reyes siameses,
deslumbrantes.

´Qué silencio en las estrellas.
Qué solemnes
los pebeteros de la noche.
Cuando mis plantas pasan,
borrachas de trigales,
atoradas de luna
hacia un mundo de plomo
que se derrite por amor
cuando lo piso.

4

Camino descalzo
los senderos del acero
Los oscuros caminos que las aves
vomitan en las trágicas noches
donde la muerte se cuelga de las sombras.

Mis pies
rosados, fuertes
pisan la tos del antinomio
y se resecan en el aura del azufre.

Los metales
han sido guardados por la tierra
mientras el enjambre de los siglos
acunó voces y sueños
en las esferas delirantes de los cielos.

Vuelvo descalzo a esta patria de adentro
donde tus ojos se reflejan en las cosas.
Traigo en mis empeines
delgados espectros de metales
y en mis tobillos
empecinados cantos de triunfo.

Rompo con mis pies desnudos
el tenue corral donde los peces
sueñan tus blancos muslos,
dormitan en tus pies
que quieren desnudarse
al ver los míos.

Ahora las estrellas
caen como granos de arroz
sobre tus ojos.


5

Descalzo,
aùn màs abajo,
lluevo sobre los cocos deshojados
que se prenden a los mastines del día.
Descalzo los recorro:
perros azules sobre los que cae
la llovizna de la indiferencia.
Mis plantas se arrugan por el peso
de los reconcentrados dolores
de las melancolìas silenciosas
que acompañan mis brazos
cuando se apoyan sobre el marco
que acompañan mis ojos
cuando ruedan en las montañas lejanas
como pàramos
como días sin sal
como gavetas que se abren y se cierran
en el encuentro de la tarde.
Descalzo camino las laderas
en busca de las estrellas de latón
que no dejan de caer
sobre la niña también descalza
que se duerme y se duerme
mientras lava mi ropa
salpicada de melancolìa.


6

Cuando en las tardes nubladas
tiende la melancolía
una gelatina de dolor sobre las cosas,
en mi planta izquierda se abre un agujero
por donde rezuman
desconocidos llantos,
senderos perdidos y añorados,
dolores ateridos.
Entonces afino el espectro de mis pies
y camino descalzo
arrecifes de sueños.
A mis espaldas
se vierten las cosas amables,
cotidianas,
licuadas por mis ojos,
atravesando el hoyo de mi planta
donde me hundo en una torsión de mi ser
que no pierde el sendero
hacia las cosas últimas.

Cuando en las tardes nubladas
entronizan los duendes la melancolía,
mis pies se cubren
de agujeros luminosos
que alumbran los cielos de las tardes
y llenan de destellos
los lentos olvidos de las noches.

Ahora,
atravieso el hoyo de mi pie
y recorro descalzo
los universos de la melancolía.
Monstruos lentos y grises
me alcanzan ikebanas,
frutas frescas
y el agujero de mi planta se convierte
en el último huracán
que atraviesa las cosas
hacia los universos nuevos,
hacia las lágrimas resecas,
hacia el lento,
el melancólico,
el sublime,
el olvidado píar
de todas estrellas.


Gocho Versolari
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