domingo, 2 de noviembre de 2008

LUNARES




1
Las fauces de la luna
se abren,
se cierran,
mastican
los ciclos de la grama
las uñas espectrales que arañan
el vientre de los cielos,
los sueños que flotan
como eunucos pájaros
hacia el lejano resplandor del día.
Las fauces de la lunta
también mastican orcos
y peces
y hermosos cadáveres que ascienden
cuando la noche
se cansa de sus lejanías
Ahora
el menguante abre surcos,
túneles de papel
en la luz azulada
en el grito cansado
en el espacio yerto
en la angustia callada. Un petirrojo
lleva el amanecer
sobre sus alas.
2
Y en el filo del ocio, clandestinas;
> luna blanca y luna negra, sin rodillas
> hacen puentes de miradas
> espantando las arañas de la noche.
Maria Eugenia Caseiro
> 0ctubre 19/04
La luna es una enorme araña
prendida de la carne de la noche
Araña luminosa, voladora. A veces
le pongo finas piernas,
pies delicados
que arrasan la grama y el dolor
que descubren los cadáveres ocultos
en los infinitos lagos de la noche.
Entonces la luna
es una araña niña
que orina los faldones
que engrampa las pelucas
que arranca los tendidos del cielo
que embadurna de pan
el brote escondido de la aurora.
Ahora la luna madre
amamanta a su hijo
y recorre las estrellas de su mano
muriendo devorada
por las risa brillante de la luz.
3
He visto las lunas de mi odio
fraguarse en los hornos de la tierra.
Iniciarán su marcha clandestina
hacia mis sábanas
para contaminar mis luces,
mis insectos
y la piel suave de mis sueños.
Ellas impulsan mis muñecos altivos
calzados con botas de acero
para partir genitales y esperanzas.
Una hecatombe de amarillos pájaros
impulsa esas lunas desde adentro.
De sus carnes lustrosas
lloverán las gotas de la muerte,
las auras doradas del cadáver
y la bruma de huesos sobre los cementerios.
Las lunas de mi odio
me llenan de insectos ponzoñosos
de estrellas moribundas,
de anacondas.
Las lunas de mi odio
viajan en antiguos tropeles
y devoran niños y muchachas
entre trigales,
océanos,
heredades.
Ellas incendian bosques con su yesca helada
alborotan ciudades,
arrancan muros
que caen inesperados
cuando callan los cencerros de la noche
y las rubias auroras se derrumban.
He bebido las lunas de mis odios
y ahora las orino:
potente chorro contra las rocas frías
tibio líquido que se tiñe de estrellas
y llena los mares,
los albañales
y suelta ratas en los callejones
Lunas genocidas del tiempo
que hacen vibrar balcones en las aguas.
Ahora las veo drenar
en el leopardo de la madrugada
y quedo solo
forjando mis leyendas.
4
me encuentro con la luna: un joven
delgado
amarillo,
brillante hasta el punto
de espantar los grillos
los crepusculares insectos
los silenciosos cocuyos. Él me mira
y no habla
con la costumbre serosa de los astros.
Ahora se vuelve
en medio de silbidos inaudibles
y bautiza una senda con su aliento
cargado de moscas que estallan
y estallan
apilando inocencia que no cesa
de crecer junto al limo,
a la hermana de las cosas,
a la muerte temprana de las horas
cuando la madrugada
se detiene descalza
y se acuesta en mi lecho.
Ahora
la luna se marcha. Sus pies
calzados con hebras mundanales
llevan el limo de los tiempos
y de las lágrimas.
5
Aflicción lunar

la luna desvelada
tiembla en su orilla
serpenteando las tinieblas con hilachas de luz
cuelga sin piernas
huérfana en el hueco de la noche
aplazando el tiempo
sobre fardos de indolencia.

Maria Eugenia Caseiro
oct/9/04

La luna pide piernas
a la noche,
a los lagos fantasmas
que llegan y se van
La luna debe caminar hacia su hijo
que cayera a la tierra:
tenue piedra de brillante dolor,
redonda pintura sobre grama dorada.
Las luces de la noche
llenan de insectos el vientre de la luna
que rueda y rueda,
queda colgando
y vuelve avergonzada
a sus avernos cotidianos.
Amiga,
me das tu luna
y yo le pongo pies
para transitar mis horas,
mis mañanas
mis muñecas rotas
mis íntegras muñecas,
mi bruma,
mi sol...
Afuera
ladran deformes pájaros
soñando con ser peces y serpientes
debajo de las últimas estrellas.
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