martes, 19 de octubre de 2010

Dukkha y el Cadáver (de "Cantos del Samsara")





Dukkha se acercó al cadáver,

se quitó la ropa lentamente,

cerró los ojos y su cuerpo

brillo en el principio de la noche.

Al sentirla desnuda,

el cadáver se despertó con sed;

en mitad de la muerte

había escuchado hablar del vino negro

que destilan las orillas del mundo

y devuelve la vida.


(Unas horas antes, Dukkha se había desnudado para mí, calmando y alimentando la sed que engendraba su piel blanca y brillante como la luna en los estanques de Palermo).



Se destilaba el cielo en el largo cabello de Dukkha

Sus rizos se llenaban

de cucarachas y de astros

Sus pies penetraban la tierra

con sueño de raíces.

Sentado en su ataúd,

repetía el cadáver:

Dame vino por favor... Dame vino...

y acomodaba los ijares

mientras la fronda del cementerio

cerraba sus mandíbulas

en torno a luciérnagas azules

que iban y venían

de lo profundo de la tierra


(Dukkha restregaba sus manos y agitaba sus caderas. Sonreía suavemente; las montañas lejanas parecían emerger de su cuello y las estrellas mordían la curva de su frente.)


El agua o el vino que pueda brindarte

- dijo al muerto -

harán crecer tu sed

y lograrán que vuelvas

una vez,

y otra

a sufrir iluminado por las lunas

calientes como puños de sangre

Si me amas retornarás;

rodarás por cañaverales;

te ahogarás en las quebradas negras

envejecerás y llegará la muerte

cuando el sol degüelle golondrinas

y la noche arañe los sueños de las niñas.


(Dukkha, me enloquece tu piel cuando disuelve los atardeceres como un grito alcalino, como una mayo yerta y te deseo aunque deba atravesar la muerte vida a vida; aunque brillen los eones y los kalpas ardan uno tras otro, como las cuentas de un rosario).



El demonio Mara

arengaba a las nubes del crepúsculo

El cadáver se podría; los gusanos

batían su vientre, sus jugos y su alma

El olor embriagante de Dukkha

lo hacía pedir vino con los labios hinchados

No importa que tu cuerpo siga inmóvil

- siguió Dukkha -

Yo alimentaré tu sed de movimientos

y volverás a la noche y a los días

a caminar las calles y a encontrarme

en rostros de muchachas,

en parturientos vientres,

en estertores de los que agonizan.

Mira el demonio Mara:

el se ríe de tu sed y la alimenta.

Su mano se mueve con la mía

sus labios vomitan mis palabras.


(Y besaste al cadáver con tus labios rojos como la sombra de las estrellas y me estremecí al ver tu cuerpo junto al sueño de los buitres; a la carroña de la tierra).


El hombre muerto suspiró

al recibir el beso de la joven

Afuera la llovizna

empapaba los senderos

y saciaba la continua sed

de las lenguas de la fronda.

El beso de Dukkha

llenó la boca del cadáver

de víboras calientes

que se arrastraron en sus intestinos

y colgaron dentro de su cráneo

las semillas de las existencias,

dispuestas a engendrar otros tiempos, otros flujos;

otros aullidos del cielo y de la tierra.


(Me alejo Dukkha, bajo la llovizna que tiñe mi sombra de plateado , que me llena de peces y penumbra. Me alejo, Dukkha. Espero verte en mi pequeño cuarto, desnuda en el crepúsculo, cimbrando entre las sombras. No me importa volver al sufrimiento mientras tu carne blanca se convierte en líquido para saciar estos instantes, cuando el aire se enciende y muestra el mundo sus costuras de luz. Me alejo, Dukkha. Arriba, brillan los muertos y explotan las estrellas).


Gocho Bersolari

lunes, 20 de septiembre de 2010

Ayúdame a disolverme






Ayúdame a disolverme.
Átame en cruz sobre un roble
mientras los sicomoros de la tarde
tienden barreras de viento y pan

Ayúdame a disolverme.
Espera que con el rocío del crepúsculo
mi carne se vuelva azúcar y silencio
y arranca sus mechones.
Te veré devorarlos
cuando la luna asome
y apronte jardines en el aire.

Ayúdame a disolverme
a preparar la muerte en tu mirada,
la muerte que se mezcla con la noche
y levanta pendones y medallas

Ayúdame a disolverme
Mis ojos brotados te verán devorarme
y cuando llegue el alba
te ocuparás del azúcar de mis huesos.
En la media mañana
cuando asomen los niños y los viejos
busquen el calor en los portales,
verán las cuatro argollas, las que sostuvieran
mis manos y mis pies
En tus senos llevarás mi mirada.
Mis oídos
se abrirán en tu garganta y mis noches
treparán por tus piernas
Arrojarás mis penachos al sendero
donde cascos de asnos y caballos
modelarán los fantasmas de los días

Ahora,
con mi carne tensa bajo la luna nueva,
te repito:
Ayúdame a disolverme,
a trepar los hollines invisibles
mientras la nada muerde mis nalgas
con dientes de silencio.

Luego la muerte recorrerá jardines
y llegará por enmohecidos huertos
para llevar la ausencia de mi cuerpo
sostenido roble a roble
por los azules clavos del recuerdo.


Gocho Versolari

viernes, 10 de septiembre de 2010

Acuéstala sobre los lirios





,,,-almas del hueco de la noche-
en ese espacio
en donde asaltan los recuerdos y las dudas
en donde arremeten
con sus puñales o sus lirios

Maria Eugenia Caseiro 7/29/04




Mátala suavemente
y acuéstala sobre los lirios.
El puñal sangrante
y sus ojos abiertos. Afuera
truenan las lechuzas y los patos
vuelan a la estratósfera. El mendigo
entre sus barbas verdes
cargará con la culpa.

Mátala suavemente
y acuéstala sobre los lirios
que esperaran milenios
el cuerpo inerte:
la yugular cortada
y la carne intacta.

Después recorrerás los albañales
convertido en rata azul,
en un rinoceronte enano,
en un grito ronco y pendular
que se pierde y se pierde
en la carne de las tempestades.

Mátala suavemente
y acuéstala sobre los lirios. En la mañana
pájaros inmóviles
dejarán un poema en tus oídos.


Gocho Versolari

miércoles, 1 de septiembre de 2010

MARIPOSAS



















Te hice el amor junto al río
y mis nalgas se llenaron de mariposas
que empujaron con furia,
con un júbilo infante
acompañando mis esfínteres,
acompañando al río que bramaba. Después
caminamos tomados de las manos,
desnudos,
con nuestros cuerpos llenos de mariposas
en dirección a la tarde recién nacida
y a la verde mariposa de luz
de los crepúsculos.

Gocho Versolari

Los Pies Pensativos del Cadáver





(De: “La muchacha y la muerte”)
"Su pie está pensativo como la cadena de un esclavo"
Georges Schehadé



Descalza. Muerta. Un espectro
admira la forma de tus pies:
pequeños animales blancos
abiertos a la noche. El fantasma
pasa su dedo tenue por tu planta,
recorre tu arco transversal,
besa tu almohadilla
y cada uno de tus dedos,
mojándolos
con el hectoplasma de su lejanía.

Tus pies forman meandros,
silencios apretados.
Ya no son instrumentos de la marcha.
Tu muerte los convierte
en aves pensativas. La cadena
que luce tu tobillo,
te ata a la noche y a la sombra.

Insectos,
plantas trepadoras,
flores de la noche,
macilentos fantasmas
son los brazos eternos de tu amante
que te rodean,
que te enarbolan sin moverte:
bandera de la muerte. Marchas descalza
por los túneles iniciales de la sombra.
Pájaros horizontales
tallan en tus tobillos
arcanos y silencios. La muerte
ha convertido tus pies en un lenguaje.

La reina de las cucarachas
los recorre del talón a los dedos.
Se detiene en tus uñas;
olfatea la brisa de la noche,
teñida de tu olor a muerte
y baja por tu empeine
y recorre tu pierna
para perderse
en las profundidades de la tierra.

Majestuosos tus pies,
recorren el sueño de la muerte,
los senderos ignotos y las celebraciones.
Traspasan los arcos de triunfo
y se detienen
en la atalaya inmóvil de la sombra,
recordando a la brisa y a la luna
sus arcanos,
sus bellezas,
sus infantiles símbolos.
De ellos van y vienen los insectos,
bebiendo las luces que destilan
un minuto antes del rigor,
del imperio sin nombre del gusano;
en suma:
de tu segunda muerte.


Gocho Versolari

Estudio (2)






El caballo
lento
de las horas
se niega a andar
a recorrer
alzado
los trayectos sin nombre de la luna.
Ahora
pasta
desnudo y quieto en el camino
Un cormorán,
un cura,
un alacrán,
una brisa,
una mirada tuya lo despedaza,
lo revuelca,
lo atraviesa,
lo devora,
lo aniquila
y dulcemente lo empuja hacia la noche
con los aprontes de la madrugada
y un violín que cuelga del lucero


Gocho Versolari

Las tardes y las noches de Belisario Ruano (1993)

















Sólo podemos hablar
de las tardes,
de las noches
de Belisario Ruano
ya que sus mañanas,
entre las seis y las catorce
lo vomitaban
sistemáticamente
y lo dejaban flotar en el aire
de junio,
de noviembre
como destellos apenas luminosos,
como gusanos invisibles.
Sólo podemos hablar
de las tardes en las que Belisario
nacía puntualmente a las catorce
y repetía
y repetía
los mismos gestos,
las mismas situaciones
junto a las azules
ventanas de su cuarto
que daban a terrosas veredas
repletas de muchachas:
única señal de la existencia
de las mañanas y los mediodías;
Belisario
las escuchaba fascinado
hablar de despertares,
hablar de desayunos
de almuerzos y de siestas,
mientras se retocaban las pinturas de los ojos
y se ajustaban las peinetas.
Y Belisario, tímido,
enredaba a lo largo de su cuerpo
el extenso cordón umbilical
que lo cubría hasta los muslos
y salía lentamente de su cuarto,
con el torso desnudo,
descalzo,
sea cual fuere la estación del año.
Entonces lo rodeaban las muchachas
y lo miraban en silencio,
siendo conscientes de que se encontraban
frente a un hombre
para quien no existían las mañanas;
frente a un hombre
que cada tarde
debía asumir la tarea de iniciar la vida.
Las dos muchachas más hermosas
lo tomaban
una de cada brazo: el vello húmedo,
tibio y pegajoso
por el líquido amniótico
y aunque caminaran lentamente
hacia el lejano muelle,
las tardes,
rodaban vertiginosas por el cielo; en el otoño
las llevaban las ruedas de las nubes;
en el verano
explotaban en luces
y armaban las centellas
un azulado campo de batalla
donde guerreros bravos morían apurados
antes de la hora de la cena.
Con las primeras sombras las muchachas
debían regresar a sus hogares
y Belisario Ruano
paseaba entonces solitario,
siempre enfundado
en su cordón umbilical vibrante
y lo cubría la noche
eterno embudo negro.
La soledad
llegaba desde abajo
desde las ranuras
que cubrían las bocas de tormenta.
La soledad
llegaba desde abajo
hundiéndose en su próstata
como una nube de cristales agudos,
puntiagudos
y desataban de pronto los riñones
los apocalipsis de su sangre negra.
Eran las noches de Belisario Ruano
como perros enormes
con dientes afilados
masticando su cordón umbilical,
dejándolo desnudo
junto a los viejos barcos oxidados.
Algunas veces
caminó por calles solitarias,
hasta los barrios lujosos y apartados
donde vivían las muchachas de las tardes.
Ellas podían diariamente
verter sobre sus pechos
pequeños,
infantiles,
el jugo azul de las mañanas
y la eclosión de rotundos mediodías.
Y Belisario Ruano
violaba viejas puertas
y entraba en jardines florecidos
y trepaba a las hiedras
y miraba dormir a las muchachas
de bellezas inmóviles.
En verano
entraba en silencio a las piezas enormes
y pasaba minutos
con la mirada fija
en peces tornasoles
en aceitosos lenguados claroscuros
que amenazaban saltar
de sus escotes.
Después
Belisario descendía por las hiedras
caminaba hacia barrios suburbanos
y jugaba a la rayuela en sus veredas.
Hacia las cuatro
con los primeros resplandores de la aurora
cantaba la versión completa
de "Tosca" de Puccini
y a pesar de la dulzura de su canto
recibía pedradas
y gritos de vecinos
y algunas latas con tomates
de cosechas de pasados años.
Ya cerca de las seis volvía a la costa.
Casi siempre
un trozo de cordón umbilical
colgaba de su coxis
como resabios de una cola.
Detenido en el muelle
miraba el horizonte
y reía inexplicablemente a carcajadas
mientras el sol
montaba cuidadosamente
sus rojas rampas sobre el cuadrante este.
Belisario reía
mientras los fogonazos de la primera aurora
recortaban su vientre.
Belisario reía. Sus gritos recorrían
los campos cuadrados del espacio.
Casi sobre las seis
giraba lentamente hacia el naciente
abría los brazos
y a las seis menos cinco
los rayos iniciales
lo tomaban como dedos
invisibles y fuertes
y lo depositaban suavemente
en la lengua rojiza
de la mañana apoltronada
que lentamente lo iba vomitando
y las hilachas de Belisario Ruano
cubrían y empedraban
los claroscuros del primer crepúsculo.
Sólo conocimos
las tardes y las noches
de Belisario Ruano
ya que entre las seis y las catorce
lo vomitaban las mañanas
y el sol lo derretía
y arrojaba sus plumas una a una
y entonces Belisario
Moría la muerte de los pájaros.


Gocho Versolari

El Tiempo















El tiempo
con sus armas de sal,
talla
grita
corre
nuestras cabezas polvorientas
embotadas y hundidas
en corazones de perros y caminos.

El tiempo,
emperador de los silencios
y de las esperanzas,
muerde los flancos de los peregrinos
que se atragantan de viajes
mientras los hipopótamos de la tarde
retiran de los cielos
la luz en capas,
adelgazan el sol
y lo hunden al otro lado del mundo.

Llueve.
Furiosamente
las gotas
perforan tus sueños
y te llevo conmigo
muchacha descalza
de esperanzas y pájaros.
El tiempo
se encargará de corroer las piedras
y de abrir las bocas de los sapos
y de los moribundos
que cantan en los jardines agobiados
de un mundo
donde se disuelven los países
y las golondrinas mueren ritualmente
cuando la primavera acaba.

Ahora
duelen las piernas de la noche
al caminar mi pecho y mi silencio.

Gocho Versolari

miércoles, 18 de agosto de 2010

Era un Negro Azulado

















Era un negro azulado,

quizá de Barlovento

Emergía del tronco de la palma
como la vanguardia de los tigres
ocultos en la savia

Era un negro azulado,
quízá de Barlovento. Las montañas
reposaban en sus párpados bajos.
y los insectos se estrellaban
contra la sombra de su piel
que era exceso de sol
en la penumbra de la fronda.

Era un negro azulado,
quizá de Barlovento.
Las montañas se inclinaban desde lejos
para ver el silencio de su cuerpo
recostado en el tronco de la palma
mientras los tigres invisibles
murmuraban rapsodias
y cubrían su piel
de insectos alados y brumosos

Era un negro azulado
de un Barlovento que se hundió en auroras,
que caminó desnudo el tiempo de la noche
Un Barlovento que se pintó de oscuro
con betún y aceitunas,
con remos, con escamas
mientras el hombre recostado en la palma
arrojaba monstruos a la tarde
llena de plumas y de ogros

El Sol tendía sus rayos como manos
modelando aquel cuerpo:
el rotundo vientre,
el preciso ombligo
unido a las cosas y a los álamos,
a los ayeres y a los despertares
a la avena del sol
y la tibia leche que derrama la luna.

Era un negro azulado
quizá de Barlovento.
unido al paisaje
con hilos invisibles.
Los árboles del río
hundían las raíces en sus dientes
y el viento de la noche
se gestaba en su aliento.
En su piel todo un pueblo
celebraba con música y guirnaldas
la llegada del sol;
Invisibles lagartos
cubiertos de melancolía
transitaban sus uñas.

Si vuelvo a la ribera de aquel río
luego de milenios
veré las raíces de sus pies
hundidas en el fango
y en sus ojos
la misma mirada de esa tarde.
Quizá el negro azulado
sostenga nuestros sueños
nuestras soberbias
nuestras pequeñas muertes
Quizá
el tronco de la palma
que mantiene su espalda
sea este mundo de cristal que nos encierra;
un universo
de arena frágil,
de vulnerable acero
donde nuestra miseria
vocifera las vidas y las muertes
sin saber que el silencio de esa tarde
es todo lo que existe.
arando el horizonte

Ahora llega la noche
Veo un negro azulado
en los vórtices de las constelaciones
mientras abren su boca las estrellas


Gocho Versolari




jueves, 12 de agosto de 2010

Europa




He nacido y he muerto muchas veces
en una tierra
que algunas veces no se llamaba Europa
con altos pastizales y con cuencos
con sueños altos y reveses
De vez en cuando ha celebrado
mis gemidos primeros
con cantos de alegría
y retumbantes lágrimas
que inauguraran arcadas y soberbias.


Y me ha visto Europa
trotar sobre la tierra
negra o roja
la tierra madre
la tenebrosa tierra
devorando las inmóviles serpientes
de mi abdomen.


Europa ha recibido
mis muertes y mis muertos,
mis borracheras y esa larga existencia
tendida como un viento
sobre aquello que llamarían Francia.


Me ha visto Europa
con la toga papal
aterido de honores,
en sangre y en crepúsculos
y me ha visto como campesino
vivir y morir entre cosechas
Europa como un humo en mis entrañas
como un vaso de vino
goteando en mi duodeno
Europa como un pájaro
sin pico, sin patas y sin alas
perforando mis huesos
y me ha visto su tierra
tibia como la sangre
disparar y ser muerto en pelotones,
nadar en cloacas,
aborto negro, silente y solitario
y desfilar con monjes
por el estiércol de las noches.
Me ha visto como un fleco
en el pendón de Carlomagno;
me ha visto como chispa
de un fusil napoleónico
y como grito
solitario y silente
en la Comuna de París


Se tienden a lo lejos las praderas;
las luces de la tarde
hacen malabares en los picos de los pájaros.
En mi derivar cósmico por esta Europa
la encontré a veces
bañada de belleza
con la luz agrietando los cielos
que ardían como papiros arrugados.
Fue entonces cuando el viejo Demócrito
arañó la tierra con sandalias de oro
en su marcha hacia el cráter del Etna


Y he sabido que Europa es un perfume
guardado en la entraña del cielo; aquella
que sale por mi boca
como la cabeza de una serpiente solitaria.
Y he sabido que Europa es un ritmo
audible sólo al encontrarme
entre una vida y otra. Un solo de oboe,
una mirada enérgica
y surge Europa
como un sendero poderoso y débil
hacia los Pirineos
hacia los Alpes que se dibujan en el alba
hacia las sendas llenas de serpientes
que recorriera Alberto el Magno
en busca del oro
que cuelan las estrellas.


Busco a esta Europa y no la encuentro
en los cielos cerrados
en los rascacielos como inmóviles pájaros
en esta humanidad que se detiene
entre dos guiños del cielo
Busco a esta Europa
entre danzas erráticas
entre camellos invisibles
y el vacío
el enorme vacío de sus calles
amenaza mis piernas, mis hedores
como un gris ejército de víboras
y el vacío
el vacío que cuelga de las nubes
entra por las fontanelas
de hombres y mujeres
desocupa museos
y enmudece campanas
y Europa se hunde lentamente
aunque sus torres
sigan proyectando
crepúsculos y tardes
alboradas y noches,
nostalgias y pendones



------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Bajo los oscuros cielos del Tirol,
escucho ahora tiritar a las estrellas.

Gocho Versolari

jueves, 5 de agosto de 2010

Nostalgia de Serpientes



Contador de visitas



¿Dónde ha quedado la cálida serpiente

formada por ojos y caderas?


Camino con mi cayado al hombro

mientras los lobos aúllan a lo lejos.

La aurora emite ovejas

unas por luz

otras por sombra

y enjambres de pinceles

enloquecen la luna cuando asoma

como la plenitud de la noche y de la muerte



No encuentro a la serpiente. Es invierno

Se habrá escondido en el alféizar

en el zócalo azul

procurando calor y miradas

mientras la suavidad de los recuerdos

se estrella contra las constelaciones

y los muertos desfilan

y los vivos se sueñan a sí mismos

acomodados en blancos ataúdes.


Lo único que importa

es esta única serpiente

de sangre tibia y ojos sepulcrales

que convierte en buitres los silencios.


Gocho Versolari

miércoles, 4 de agosto de 2010

La Esfera del Reloj




La esfera del reloj
es una pequeña luna
que emula pobremente
los caminos que se adentran en la noche,
el universo sugerido
el vientre abultado,
el sexo atronador.
La esfera del reloj
ilumina un tiempo pobre
vacío de cisternas y de naves
de culebras y pájaros
de águilas, de zamuros y de panes.
Cuando se acuesta el ruiseñor
y envejecen las manos de la tarde,
la esfera arde, se suicida
en un tiempo mecánico
en una sucesión de espacios
que escapan tenuemente en las colinas
siguiendo la música del cosmos
.
Ahora
la verdadera y vieja luna
arracima besos, piernas, luces
en el lecho sedoso de la noche.


Gocho Versolari

martes, 13 de julio de 2010

El Cielo no se puede Navegar



El cielo
no se puede navegar
porque es aire concentrado
en algún sitio del esternón
o de la pelvis
No lo conocemos,
pero estamos y vivimos
en su tenue suspensión
sobre los tibios cielos de los cuerpos
donde las nubes como lagartos blancos
corren y meten sus cabezas
en las fauces del día.

A los cielos
no se los puede navegar
porque son aire
muy compacto
que a veces rezuma
el dolor que llega y pasa;
que bendice y fulmina los silencios.

A los cielos basta con mirarlos
cuando anhelamos un poco de vacío
una pared sin cuadros
sin pintura
sin cemento;
(muro sin muro
sin el frío que queda
cuando destruimos los ladrillos
y construimos el hueco
que tragará los mundos)

El vacío no se puede navegar
porque es vacío
y si apoyamos una nave
en su incoloro vientre
en su ombligo terso y liso
como una pradera bajo el sol,
caeríamos sin freno
al fondo de los gritos
que proferimos
cuando los sueños nos conducen al abismo
y caemos
y caemos
como ciegos e inconcebibles cuerpos
que lucharan milenios
evitando la muerte
para encontrarla en un pliegue desbocado,
cercano como el seno de la amada.

Prefiero navegar el mar
cuando una mano de mujer
ajuste cuerdas y timones
y se abra el cielo
y en nuestras cabezas
sintamos la lengua tibia, picante,
la humedad sin mojones
de las estrellas del centro de la noche.



Gocho Versolari

lunes, 12 de julio de 2010

Pensamientos



Los pensamientos se escurren

un segundo antes que la aurora
estalle y arroje su saliva
en la cabeza de los hombres.
Los pensamientos
se atenúan entonces y enloquecen
y rebotan desde el fondo de los bosques
y curvan el espacio de la noche
como pájaros extraños y brillantes
que emergen del núcleo de la savia.

Escurren los pensamientos
la alquímica sangre de sus estallidos
que cae de a gotas
sobre la piel de los leopardos,
sobre las flores blancas del cerezo
sobre los soñadores
que cuelgan del escorzo de la noche.

Los pensamientos se escurren a sí mismos
y vacían sus cabezas escuálidas
en los desagües del día.
Los veo
como gusanos reptilíneos
empujando la tristeza de las noches
cuando la muerte nos empuja y nos cobija
desde el futuro azul

Tomo los pensamientos de a puñados
y los arrojo a la arena de la tarde
para que desaparezcan por sus huecos
y se pierdan al otro lado del mundo
detrás de las estrellas


Gocho Versolari

miércoles, 30 de junio de 2010

Las Lluvias de Mañana


















Los días serenos,
en la fina tierra del parque
se abre un hueco
donde retumban truenos,
vibran rayos
y las gotas salpican furiosas
a las luciérnagas del día.

La gracia de la furia
atraviesa la tierra
desde el cielo de abajo
y aúllan las lluvias de mañana
bajo el suave sol del mediodía
.
En tanto
vuelan las mariposas y las gotas del día
se cuelan por gargantas
rutilantes y vivas
como hembras pequeñas y preñadas
que caen, que se deslizan
hacia ese agujero de diámetro pequeño
que salpica de lluvia
el sol del mediodía

Las lluvias de mañana nos muestran
al tiempo que se emborracha de lo eterno
Se precipitan y sus gotas
nos hablan del futuro y sus recodos
donde se pierden las borrascas
y los soles
avanzan en manadas
hacia el centro celeste de la tarde.
.

Las lluvias de mañana llenan nuestros pechos
de tempestades, rayos. Por momentos
el viento se transforma en céfiro
y se llena de niñas
que vuelan descalzas, sin paraguas
sobre la sombra de muertos asombrados;
de gusanos enormes y brillantes
que traen la sombra de los huesos
en los últimos pliegues del silencio.
Las lluvias de mañana
se detienen un instante
y el parque del fondo de la casa
se hunde en un silencio súbito
De inmediato
las borrascas, los rayos,
los dolores de parto de mañana
te hacen hijo del tiempo,
de sus manos sin carne
de sus pies deshilados
que tenuemente
caminan las cabezas de los días
y el aguacero sugerido
que desde el día siguiente
diseña una quebrada
bajo el caliente mediodía
donde la vida fluye.
Mañana
entre la lluvia
el pan se convertirá en baldosas
y los gorriones
en vasos de vino fulgurante
que embriagarán crepúsculos
donde la tristeza
horadará con amargas panelas
las paredes de piedra de la casa.
Ahora las lluvias de mañana
muestran el centrífugo agujero
donde el tiempo se devora a sí mismo
y podemos jugar
a ser los dioses de aquel patio
en el que la invisible olla
del mediodía de verano
ensaya sus rumores y sus cantos,
sus soliloquios,
sus promesas
su apaciguar de masas y corderos
la cena ritual que preparamos
cuando las gotas nos arrastran
y nuestra ropa
cae en jirones
y nuestra desnudez nos vuelve ángeles,
buitres que arrullan los ovillos
de azul eternidad.
Gocho Versolari