martes, 11 de mayo de 2010

Fresco







En una guerra sorda,
las hormigas destripan una araña.
El cielo
en malones de viento,
espanta nubes, arremolina sueños.

Con tu capelina ladeada,
las tiras sujetas en un moño,
con tu miriñaque asomando al viento,
tus zapatos "art nouveau"
y tu sombrilla fucsia,
te paseas por el centro
de la violencia callada de las cosas.

El día en tanto,
te sostiene como un amante viril,
con los ojos fijos
en un ideal lejano y azulado.

Brazos de viento en tu espalda,
beso de sol en tu cuello
y tu paseo
de la costa a la construcción etrusca
(o falsamente etrusca,
producto del sueño alucinado
de un arquitecto loco).

Tendrás un desmayo en el espíritu
al volver a tu casa
y tu enamorado te arrojará aire
con el abanico emplumado
repleto de figuras kitsch,
y a tu alrededor,
en el rectángulo de tierra,
en el jardín de tu mansión,
en el cielo, en la tierra y en las aguas
seguirá la violencia de insectos y microbios,
de elementos y sueños
mientras te recuperas del desmayo
y tus ojos verdes ruedan por el parque.
Te dejas tomar por los brazos de tu amante,
haces glosolalia un instante y luego
regarán tus cabellos
la almohada de seda,
de plumas de faisán...


... el guardián del parque, sombrero en mano,
con gesto tímido
le pedirá a tu padre
algo parecido
a lo que después sería
una jubilación.

Gocho Versolari

Verde Buitre de Luz







¿Qué verdad fuiste a buscar en el oeste?.
Allí la luz se pudre.
Allí,
el infierno levanta sus pendones.
Los gemidos son pájaros de acero
y las noches afilan
sus picos asesinos.

¿Habrá una perla ignota donde el sol se pone?

Lagartos con corbata
esperan en las puertas.
crepúsculos podridos
preparan tibias noches
en que el olor a muerte
envenena la brisa.
Y vuelves con una sonrisa del oeste.
Y las ojeras se prenden de tu cara:
un par de sierpes negras
lamen tus mejillas.

El sol se pone lentamente.
Una esmeralda se despliega:
verde buitre de luz
sobre los sauces.


GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Igor Zenin

jueves, 6 de mayo de 2010

Poetas como monos (De "Bestiario de poetas"




Un grupo de poetas contemplaba el cielo.
Cuarentones, cincuentones; poetas veinteañeros
entonaban endechas y casidas
de amores contrariados.

Una bella hechicera
los transformó en monos.
Se atoraron entonces
en sus pequeñas bocas
las métricas, las décimas; los endecasílabos
se llenaron de moho. Los monos
dejaron de mirar los crepúsculos.
Se arañaron, se atacaron. Devoraron
los pájaros del vecindario.
Poetas micos que corrían
desorbitados
desesperados,
cambiando sus rimas por aullidos,
amenazando con sus pequeñas garras,
devorando las lunas
en un hambre de siglos.
Ante un poema
reaccionaban gritando,
mordiendo,
desgarrando.
Finalmente
atacaron el cuello
de una adolescente que soñaba
con gaviotas azules sobre mares verdes.
con príncipes esbeltos en índigos caballos,
con elfos y con gnomos despegando del cielo.

Al llegar la mañana
en medio de neblinas grises,
terminó el hechizo. Los poetas monos
volvieron a sus sillas,
cansados,
con doloridas próstatas.
Escribieron entonces
con el espíritu de oficinistas
tiernas endechas,
claras casidas
a los instintos perdidos,
a los amores puercos,
a los micos en las selvas lejanas,
a la mañana despiadada
que enajena la vida; que la vuelca
en pos de vagas lejanías.


Gocho Versolari


Ilustración: La Creación del Mundo - El Mono - Fernand Léger

Cíclope





Un cíclope perdido
llora desde el cielo
cuando el mediodía se acerca
llenando de fiestas las terrazas.
Llora el cíclope. Su único ojo
arranca trenzas a la noche,
pega botones rojos a la luna
y amasa pájaros de sal
con sus enormes manos.

Su melancolía construirá la tarde
de un violeta profundo,
de un severo contraste
entre su carne cuadrada
y su redondo ojo.
Los invisibles buitres de la luna
esperan que muera de tristeza
para alimentarse de la piedra verde
que guarda el centro de su estómago:
esmeralda caliente; pan de los ríos;
altura del cielo y del agua
que en la noche
beberán las muchachas moribundas
con expresión de placer
y de agonía.


Gocho Versolari

Fantasma

















Viniste al atardecer
y no sé si te fuiste,
descalza en la áspera calle,
desnuda en mis sueños,
cayendo de peñascos
y armándote una y otra vez
en los repliegues del aire de mi sala.

Entonces bailamos.
Fantasma de mis horas
de mis huesos,
de mis sinsabores,
de mis bocas plenas de dulzor,
de amargura,
de llanto y de noches
Afuera
la ciudad con sus luces.
Adentro
en mi vestíbulo
me hablas de aguaceros,
de mariposas quietas
de silencios. Desapareces
y no sé si te has ido
o eres el sueño de la marquesina
que ilumina el alféizar
veinte minutos antes de la noche

Gocho Versolari