domingo, 27 de junio de 2010

El Gato Montés en la Rama del Cerezo




















El gato montés
se sostiene de la rama del cerezo. A veces
salta a los agujeros del día,
a los hoyos negros donde la nostalgia
se pinta de negro la cara y las manos;
pero regresa
una vez,
otra
el tremendo felino
y el frágil árbol con su peso
se agita como un fuego lejano

A veces
pretende el gato reducirse,
aquietarse
hundirse en las almohadas del crepúsculo;
convertirse en flor blanca,
y exhalar la noche como un humo
por sus fauces enhiestas. El cerezo
tiembla bajo su vientre;
mientras la brisa lo amortaja
y la rama sueña el instante preciso
en que los depredadores
se pinten de azul
y beban hojas y raíces
y se abracen como recién nacidos
a los rayos del sol.

El gato montés
aferrado a la rama del cerezo
no deja de mirarme con ojos amarillos
Pululan los parásitos por su piel sedosa
y la belleza
se junta en enjambres y en manadas
desde sus dientes colosales
Abajo el río lento
en esta época del año
sostiene los bastiones del sol:
lentos animales
que envejecen cerca de las cinco
y buscan su lugar en el cerezo
junto al gato montés y no sabemos
si el animal acecha
o simplemente
ha llegado hasta allí
por el azar fecundo que atraviesa
las horas,
las rocas y la pena

Por momentos
su figura negra habla de algarabía,
de mañanas de feria
de guirnaldas,
de rostros de muchachas y de risas
rodando hacia el enorme mediodía.
Pero después bosteza
y el horizonte azabache de su glotis
traga el aire del mundo.

Canto negro y tenue,
el felino aferrado al cerezo
hunde sus dientes
en la garganta de la física
y clava las garras
en las mejillas frías de la lógica.

La tarde
prepara su hundirse
en el brocado reluciente de la noche
y el felino es un canto
una flor negra, enorme
fantasías de árbol
sueños enloquecidos
de húmedas raíces

El cielo se hunde en un azul oscuro
donde reptan las culebras de los sueños
y en el gruñido del gato se refleja
la impotencia del cosmos cuando anhela
desplegar ahora mismo
el silencio, el sonido
el fin, el principio, pero en tanto
el felino se agita en la rama
como una nostalgia
colosal y negra
que anhela arrastrarse en las entrañas.

Más tarde volará.
(animal caliente devorando
los espacios del cielo)
y beberá los duendes de la noche
y verá las estrellas fundirse lentamente
hasta forjar la silueta de lo bello
que se descolgará como una sombra
y flotará en el vientre del felino
cuando llegue la aurora.

Gocho Versolari
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