miércoles, 18 de agosto de 2010

Era un Negro Azulado

















Era un negro azulado,

quizá de Barlovento

Emergía del tronco de la palma
como la vanguardia de los tigres
ocultos en la savia

Era un negro azulado,
quízá de Barlovento. Las montañas
reposaban en sus párpados bajos.
y los insectos se estrellaban
contra la sombra de su piel
que era exceso de sol
en la penumbra de la fronda.

Era un negro azulado,
quizá de Barlovento.
Las montañas se inclinaban desde lejos
para ver el silencio de su cuerpo
recostado en el tronco de la palma
mientras los tigres invisibles
murmuraban rapsodias
y cubrían su piel
de insectos alados y brumosos

Era un negro azulado
de un Barlovento que se hundió en auroras,
que caminó desnudo el tiempo de la noche
Un Barlovento que se pintó de oscuro
con betún y aceitunas,
con remos, con escamas
mientras el hombre recostado en la palma
arrojaba monstruos a la tarde
llena de plumas y de ogros

El Sol tendía sus rayos como manos
modelando aquel cuerpo:
el rotundo vientre,
el preciso ombligo
unido a las cosas y a los álamos,
a los ayeres y a los despertares
a la avena del sol
y la tibia leche que derrama la luna.

Era un negro azulado
quizá de Barlovento.
unido al paisaje
con hilos invisibles.
Los árboles del río
hundían las raíces en sus dientes
y el viento de la noche
se gestaba en su aliento.
En su piel todo un pueblo
celebraba con música y guirnaldas
la llegada del sol;
Invisibles lagartos
cubiertos de melancolía
transitaban sus uñas.

Si vuelvo a la ribera de aquel río
luego de milenios
veré las raíces de sus pies
hundidas en el fango
y en sus ojos
la misma mirada de esa tarde.
Quizá el negro azulado
sostenga nuestros sueños
nuestras soberbias
nuestras pequeñas muertes
Quizá
el tronco de la palma
que mantiene su espalda
sea este mundo de cristal que nos encierra;
un universo
de arena frágil,
de vulnerable acero
donde nuestra miseria
vocifera las vidas y las muertes
sin saber que el silencio de esa tarde
es todo lo que existe.
arando el horizonte

Ahora llega la noche
Veo un negro azulado
en los vórtices de las constelaciones
mientras abren su boca las estrellas


Gocho Versolari




jueves, 12 de agosto de 2010

Europa




He nacido y he muerto muchas veces
en una tierra
que algunas veces no se llamaba Europa
con altos pastizales y con cuencos
con sueños altos y reveses
De vez en cuando ha celebrado
mis gemidos primeros
con cantos de alegría
y retumbantes lágrimas
que inauguraran arcadas y soberbias.


Y me ha visto Europa
trotar sobre la tierra
negra o roja
la tierra madre
la tenebrosa tierra
devorando las inmóviles serpientes
de mi abdomen.


Europa ha recibido
mis muertes y mis muertos,
mis borracheras y esa larga existencia
tendida como un viento
sobre aquello que llamarían Francia.


Me ha visto Europa
con la toga papal
aterido de honores,
en sangre y en crepúsculos
y me ha visto como campesino
vivir y morir entre cosechas
Europa como un humo en mis entrañas
como un vaso de vino
goteando en mi duodeno
Europa como un pájaro
sin pico, sin patas y sin alas
perforando mis huesos
y me ha visto su tierra
tibia como la sangre
disparar y ser muerto en pelotones,
nadar en cloacas,
aborto negro, silente y solitario
y desfilar con monjes
por el estiércol de las noches.
Me ha visto como un fleco
en el pendón de Carlomagno;
me ha visto como chispa
de un fusil napoleónico
y como grito
solitario y silente
en la Comuna de París


Se tienden a lo lejos las praderas;
las luces de la tarde
hacen malabares en los picos de los pájaros.
En mi derivar cósmico por esta Europa
la encontré a veces
bañada de belleza
con la luz agrietando los cielos
que ardían como papiros arrugados.
Fue entonces cuando el viejo Demócrito
arañó la tierra con sandalias de oro
en su marcha hacia el cráter del Etna


Y he sabido que Europa es un perfume
guardado en la entraña del cielo; aquella
que sale por mi boca
como la cabeza de una serpiente solitaria.
Y he sabido que Europa es un ritmo
audible sólo al encontrarme
entre una vida y otra. Un solo de oboe,
una mirada enérgica
y surge Europa
como un sendero poderoso y débil
hacia los Pirineos
hacia los Alpes que se dibujan en el alba
hacia las sendas llenas de serpientes
que recorriera Alberto el Magno
en busca del oro
que cuelan las estrellas.


Busco a esta Europa y no la encuentro
en los cielos cerrados
en los rascacielos como inmóviles pájaros
en esta humanidad que se detiene
entre dos guiños del cielo
Busco a esta Europa
entre danzas erráticas
entre camellos invisibles
y el vacío
el enorme vacío de sus calles
amenaza mis piernas, mis hedores
como un gris ejército de víboras
y el vacío
el vacío que cuelga de las nubes
entra por las fontanelas
de hombres y mujeres
desocupa museos
y enmudece campanas
y Europa se hunde lentamente
aunque sus torres
sigan proyectando
crepúsculos y tardes
alboradas y noches,
nostalgias y pendones



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Bajo los oscuros cielos del Tirol,
escucho ahora tiritar a las estrellas.

Gocho Versolari

jueves, 5 de agosto de 2010

Nostalgia de Serpientes



Contador de visitas



¿Dónde ha quedado la cálida serpiente

formada por ojos y caderas?


Camino con mi cayado al hombro

mientras los lobos aúllan a lo lejos.

La aurora emite ovejas

unas por luz

otras por sombra

y enjambres de pinceles

enloquecen la luna cuando asoma

como la plenitud de la noche y de la muerte



No encuentro a la serpiente. Es invierno

Se habrá escondido en el alféizar

en el zócalo azul

procurando calor y miradas

mientras la suavidad de los recuerdos

se estrella contra las constelaciones

y los muertos desfilan

y los vivos se sueñan a sí mismos

acomodados en blancos ataúdes.


Lo único que importa

es esta única serpiente

de sangre tibia y ojos sepulcrales

que convierte en buitres los silencios.


Gocho Versolari

miércoles, 4 de agosto de 2010

La Esfera del Reloj




La esfera del reloj
es una pequeña luna
que emula pobremente
los caminos que se adentran en la noche,
el universo sugerido
el vientre abultado,
el sexo atronador.
La esfera del reloj
ilumina un tiempo pobre
vacío de cisternas y de naves
de culebras y pájaros
de águilas, de zamuros y de panes.
Cuando se acuesta el ruiseñor
y envejecen las manos de la tarde,
la esfera arde, se suicida
en un tiempo mecánico
en una sucesión de espacios
que escapan tenuemente en las colinas
siguiendo la música del cosmos
.
Ahora
la verdadera y vieja luna
arracima besos, piernas, luces
en el lecho sedoso de la noche.


Gocho Versolari