jueves, 12 de agosto de 2010

Europa




He nacido y he muerto muchas veces
en una tierra
que algunas veces no se llamaba Europa
con altos pastizales y con cuencos
con sueños altos y reveses
De vez en cuando ha celebrado
mis gemidos primeros
con cantos de alegría
y retumbantes lágrimas
que inauguraran arcadas y soberbias.


Y me ha visto Europa
trotar sobre la tierra
negra o roja
la tierra madre
la tenebrosa tierra
devorando las inmóviles serpientes
de mi abdomen.


Europa ha recibido
mis muertes y mis muertos,
mis borracheras y esa larga existencia
tendida como un viento
sobre aquello que llamarían Francia.


Me ha visto Europa
con la toga papal
aterido de honores,
en sangre y en crepúsculos
y me ha visto como campesino
vivir y morir entre cosechas
Europa como un humo en mis entrañas
como un vaso de vino
goteando en mi duodeno
Europa como un pájaro
sin pico, sin patas y sin alas
perforando mis huesos
y me ha visto su tierra
tibia como la sangre
disparar y ser muerto en pelotones,
nadar en cloacas,
aborto negro, silente y solitario
y desfilar con monjes
por el estiércol de las noches.
Me ha visto como un fleco
en el pendón de Carlomagno;
me ha visto como chispa
de un fusil napoleónico
y como grito
solitario y silente
en la Comuna de París


Se tienden a lo lejos las praderas;
las luces de la tarde
hacen malabares en los picos de los pájaros.
En mi derivar cósmico por esta Europa
la encontré a veces
bañada de belleza
con la luz agrietando los cielos
que ardían como papiros arrugados.
Fue entonces cuando el viejo Demócrito
arañó la tierra con sandalias de oro
en su marcha hacia el cráter del Etna


Y he sabido que Europa es un perfume
guardado en la entraña del cielo; aquella
que sale por mi boca
como la cabeza de una serpiente solitaria.
Y he sabido que Europa es un ritmo
audible sólo al encontrarme
entre una vida y otra. Un solo de oboe,
una mirada enérgica
y surge Europa
como un sendero poderoso y débil
hacia los Pirineos
hacia los Alpes que se dibujan en el alba
hacia las sendas llenas de serpientes
que recorriera Alberto el Magno
en busca del oro
que cuelan las estrellas.


Busco a esta Europa y no la encuentro
en los cielos cerrados
en los rascacielos como inmóviles pájaros
en esta humanidad que se detiene
entre dos guiños del cielo
Busco a esta Europa
entre danzas erráticas
entre camellos invisibles
y el vacío
el enorme vacío de sus calles
amenaza mis piernas, mis hedores
como un gris ejército de víboras
y el vacío
el vacío que cuelga de las nubes
entra por las fontanelas
de hombres y mujeres
desocupa museos
y enmudece campanas
y Europa se hunde lentamente
aunque sus torres
sigan proyectando
crepúsculos y tardes
alboradas y noches,
nostalgias y pendones



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Bajo los oscuros cielos del Tirol,
escucho ahora tiritar a las estrellas.

Gocho Versolari
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