lunes, 20 de septiembre de 2010

Ayúdame a disolverme






Ayúdame a disolverme.
Átame en cruz sobre un roble
mientras los sicomoros de la tarde
tienden barreras de viento y pan

Ayúdame a disolverme.
Espera que con el rocío del crepúsculo
mi carne se vuelva azúcar y silencio
y arranca sus mechones.
Te veré devorarlos
cuando la luna asome
y apronte jardines en el aire.

Ayúdame a disolverme
a preparar la muerte en tu mirada,
la muerte que se mezcla con la noche
y levanta pendones y medallas

Ayúdame a disolverme
Mis ojos brotados te verán devorarme
y cuando llegue el alba
te ocuparás del azúcar de mis huesos.
En la media mañana
cuando asomen los niños y los viejos
busquen el calor en los portales,
verán las cuatro argollas, las que sostuvieran
mis manos y mis pies
En tus senos llevarás mi mirada.
Mis oídos
se abrirán en tu garganta y mis noches
treparán por tus piernas
Arrojarás mis penachos al sendero
donde cascos de asnos y caballos
modelarán los fantasmas de los días

Ahora,
con mi carne tensa bajo la luna nueva,
te repito:
Ayúdame a disolverme,
a trepar los hollines invisibles
mientras la nada muerde mis nalgas
con dientes de silencio.

Luego la muerte recorrerá jardines
y llegará por enmohecidos huertos
para llevar la ausencia de mi cuerpo
sostenido roble a roble
por los azules clavos del recuerdo.


Gocho Versolari

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