jueves, 11 de abril de 2013

Soliloquio de los Viejos Hábitos




cuando llegue la madrugada sobre el mundo.
te subirás a la esfera que no deja de correr
y asomarás tu rostro adormilado,
tus labios tenues como anémonas,
tu alma en la punta del índice
con el que me señalas
para decirme que caliente el café,
que ponga   a hervir gaviotas
en un disco antiguo de André Kostelanetz
Te preguntaré si no deseas un blue
caliente como Forest Park en pleno junio
y entonces señalarás tu vientre plano
donde un niño fantasma alienta los insectos de la mañana,
aquellos que no vuelan, que no se desplazan. Que simplemente
habitan las cosas cotidianas
como el roce de tu mano, el sorbo del café
la abertura de tu ombligo
 dibujada debajo de la blusa.
No importa que haya una estampida de unicornios
en el empapelado de las ocho
ni que escapen atravesando el linóleo
las liebres de la luz.

Los viejos hábitos caminan con la pereza de los viejos
sosteniendo los riñones,
apoyados en el lento bastón,
cantando  a coro, espantando las nubes
y levantando el sol hasta el cenit.

GOCHO
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