jueves, 30 de mayo de 2013

La última camisa azul





Trinan las rosas
en un coro de polen y estrellas que se precipita en las aguas de los lagos, o encuentra una muerte prematura en los vientres de las  embarazadas que rebosarán de luz.

Las rosas siguen trinando
cuando la noche rasga las alas de las mariposas
y las lentas bestias del crepúsculo
se tragan el néctar de la primera luna.

Una de las rosas se aparta del coro y desde la cuarta ladera, augura un nuevo vuelo de los pájaros. Albahacas azules, afanes rotos y sueños que procuran esa dimensión llena de índigos cielos, donde cualquier camino conduzca al doble; el que nos observa mansamente con nuestros mismos ojos.

La tarde se tumba perezosa y reclama
que no la molesten;
que escuchará hasta la llegada de la noche
el trino silente de las rosas;
que ha llenado la hierba y un poco de tu vientre
de cucarachas amarillas
y de anhelantes grillos de cartón.

Ahora
mi lavandera escurre la tristeza
de la última camisa azul.


GOCHO VERSOLARI


Ilustración: La Balsa de Medusa - Max Ernst

miércoles, 29 de mayo de 2013

Fiesta de Brasil





Samba, maracas, garotas
bailando desenfrenadas mientras la vieja luna
suelta su lenta cabellera
 en las sendas del patio.

Un paisaje del Brasil 
ruidoso, caliente
mientras el niño se duerme en el patio. La madre
apronta el mosquitero
y la paz surge de las cosas, de las aguas,
de tus ojos que cuelgan del portal,
de tus pasos descalzos
percibiendo sin ver y sin oír 
 la música estruendosa
con sombras de sombras de ruidos y de ritmos
y la calma de la noche llega a las lejanías
y a los sueños
y al suspiro de la madre
y a ese leve toque de desesperanza
del que murmura
que mañana será otro día
y otro sol
y otra vida.
Y ahora el viento rueda en los mogotes
y las ballenas desovan en mi cráneo.
La paz es una enorme animal
que deriva azules sendas
 y sumerge a los insectos en un sueño verde.

Nadie escucha los atronadores ritmos.
Nadie ve las caderas morenas girando en el aire
Nadie recibe los sonidos
 como enhiestas dagas 
Sólo yo me sumerjo en la fiesta
que apenas retumba en el sueño 
de las silentes y sedosas 
bestias de la madrugada.


GOCHO VERSOLARI

El Dolor es un Gesto






El dolor es un gesto
breve como la uña de la noche,
azul como el pan de los crepúsculos
sedoso como la piel de tu cadera
inmóvil como la carne de la luna
agudo como el amor de un niño
vibrante como el eco de tu canto
blanco como la clave de tus ojos.

Y en ese sólo
mover las manos, la cabeza
girar el cuerpo,
dar un paso
bailar descalza hacia la noche ,
hacia el día,
está el sentido;
y en ese sólo
girar los ojos,
el cuello
la cintura
caemos al torrente
y nos arrastra el agua de la luna.


Tigres,
ríos,
estrellas
rugen ahora en lo profundo de la muerte


GOCHO VERSOLARI 

Ilustración: Jessica Douglas "Edge of forever"

Lenta y Romana Muerte






Negra,
alba,
vestal,
sola,
desnuda.

  Hace dos mil años te arrastrabas en las arenas del Coliseo mientras el cielo romano empollaba buitres de alabarda, cuervos de porcelana y arañas de caoba. Sólo guardabas en tu mano una piedra verde que te había dejado tu amante y en tu espalda los miles arañazos del sol de la hora media.

Desierta,
caída;
cielo,
tierra,
debajo.

El público clamaba tu reptar por las arenas leves, por las cuadradas hierbas. Clamaba la muerte lenta no la rápida en los dientes de los leones o en la punta de las espadas. Sería inútil que el emperador bajara su pulgar. Ninguno de los soldados cortaría tu cabeza o te acuchillaría en el vientre. Esa era la orden. Todos estarían atentos al sol caminando lento sobre el azul del cielo. Los centuriones comerían hojas de albahaca con mendrugos de arroz y vino griego.

La vida,
el vientre,
el viento,
la tarde
romana;
La romana
muerte

Moriste al principio del crepúsculo como estaba previsto. Moriste sin espectáculo, aunque la multitud bramara al ver tu vida como un breve y brillante chorro cayendo sobre la arena. En un instante todos se marcharían y esa noche el emperador pediría una esclava de Jonia para su lecho. Dos días más tarde lo envenenarían sus generales.

 Después serás tan sólo
un rebelde recuerdo 
que se filtra y se filtra
en las cónicas nubes de la madrugada. 

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: "El Sueño" -  Paul Delvaux

lunes, 27 de mayo de 2013

El Cielo es un Enorme Camposanto






El arco de la noche
tiende alimentos a las palomas negras. Sólo aquellas
con plumas azabaches
y ojos como rubíes.
Sólo aquellas
que levantaran más de un amanecer
con sueños alados, pajarinos, con sueños de nido y huevos que se rompen
tiñendo el amarillo del crepúsculo.

El arco de la noche
tiende alimento a las palomas rojas. Sólo aquellas
que hayan matado una doncella con sus picos
y con la sangre
tiñeran alguna vez la cúpula de una catedral
y lograran la risa de los muertos.

El arco de la nochees un enorme camposanto,
cuando la tristeza de la tarde
se inocula a sí misma como un lento veneno
en corazones de gacelas
en serpinetes ambarinas
en el pan con que amasamos la madrugada.
y en nuestros sueños.

Gocho Versolari

Atractor 21 (De Poemas Anagógicos)




Cuando anochezca, un enorme pájaro
descenderá sobre la balaustrada.
Tú recorrerás
alegre,
 descalza,
los universos que se sostienen y cuelgan del balcón
( racimos de uvas
en la noche de diciembre).


El enorme pájaro
 beberá sin cesar el aire fresco
que vibra alrededor de tus sonrisas;
los niños que engendrara el crepúsculo,
lo espantarán con sus cuadernas de flores
y él volverá
y volverá
hasta el cansancio de las primaveras.

Entonces lo veremos
y nos verá
con sus ojos fijos
picoteando las mieses de nuestro interior;
recorriendo los campos perdidos;
los oros cenicientos.

En tu canto habrá una nota opaca;
con un escalofrío
correrás a calzar los calcetines
El crepúsculo se hará estéril
y dejará de arrojar recién nacidos
sobre el techo de la casa.
El pájaro
 nos dejará un oscuro goce
con el que pasaremos en un solo instante
de niños a adultos
mientras en el centro de la mesa
se enfríará lentamente
el materno ofertorio de los choclos.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Chasing Shadows - Beau Romántica

sábado, 25 de mayo de 2013

No Hay Lágrimas








He llegado a tu casa

y me golpeó el negro de tu voz

 en la tarde azul

en la penumbra el sol

regocijando los murciélagos que abandonaban poco a poco su descanso para probar dientes con la costra del aire.




No hay lágrimas

dijiste con medias gotas azabaches cayendo y cayendo en la monotonía de la luz

Si vienes a buscar el llanto, 
mejor escapa 
 por los costados del mundo 
por los genitales del cielo


 Con estas  palabras se formó a tus pies un pequeño lago azul oscuro, casi negro que anegó la habitación y me obligó a salir. Entonces supe que como siempre, proclamabas la ausencia de lágrimas sin notar que las mismas invadían tu vientre y los nidos de pájaros que lentamente el tiempo fundara en los lóbulos de tus orejas. 


Evitaste

que me tomara de los cuernos de la luna

para huir por sus senderos;

los caracoles negros de tu llanto

se apresuraban a morder mis tobillos

y me costó llegar a tierras altas.

Desde arriba te vi vociferando.

Desnudabas tu seno .
Lo señalabas

y proferías liebres oscuras

cuervos, sapos,

abubillas lejanas

que lentamente

invadían las tierras bajas

y pretendían llegar a las alturas.



Ahora cabalgo las flores con su alto destino y me alejo del valle, de las colinas que parecen enormes mujeres arrodilladas en su tarea de vomitar pájaros, grillos y trozos de cielo gastado, tan gastado que sólo inspira infiernos.


GOCHO VERSOLARI

Ilustración: "Bañistas" - Rufino Tamayo

viernes, 24 de mayo de 2013

Consideraciones sobre los fantasmas del té de las cinco y el entorno que los rodea.







A veces el cielo azul duele como un pájaro clavado en el esternón.
A veces.
todo se convierte en cruces y recorremos con la carga gris del crepúsculo
los arrebolados mediodías.

Siempre son tus lágrimas las que salvan
las que sostienen el mundo
 desde arriba
desde abajo.
Tús lágrimas,
como imprevistos ríos que manaran del centro de la tierra.
Entonces el dolor toma una veta dulce,
se abre paso entre las vértebras,
entre los arrabales del cuerpo
y llega a las mesas solitarias del té de las cinco
preparado para ingleses fantasmas,
sentados alrededor de bandejas con escones,
abrigados con  vicuñas mientras  una figura desnuda se arrastra en el lodazal de los buitres

Los fantasmas levantan las cabezas
 y miran a  las majestuosas águilas
que se alimentan de cabezas de palomas.
y es en el cielo azul
donde explotan granadas de sangre y huesos
Con tus redentoras lágrimas,
las dejaremos atrás montados en nuestras verdes alas de apio y calabaza
mientras las nubes del día forman un manto gris
sobre los tenues silencios de las horas.

Atardece.
Aún esperamos las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

jueves, 23 de mayo de 2013

Parir el Dolor






Hemos parido el dolor - te dirá la totalidad de los hombres -
nos hace sufrir pero lo amamos, como a todo hijo. No queremos
que lo traspapelen en las oficinas, que lo pierdan cuando llegue la mañana
o que lo entierren en el silencio de las estrellas que caen
y que caen.
Hemos parido el dolor. Parece que lo odiamos, pero nuestras células
se tiñen de él como de los fluidos de un niño que es nuestro
y el crepúsculo atraviesa el cielo con sus martillos de siete puntas
Y cuando llegue la mañana caminaré tres millas con mis botas de clavos hacia adentro.

Y tú escondes el dolor, lavandera del alma,
lo has ocultado debajo de las rocas antiguas como la vida
como la muerte
como las montañas
como los propios hombres que sufren y se cuentan orgullosos
el dolor unos a otros
en las salas de los hospitales, cuando el invierno arropa niños muertos
y un cómico quiere ocultar debajo de sus muecas
las lágrimas que olvidaste en las urnas del otoño,
en los monigotes azules
que aún dibuja la luna cuando no la miramos; ella
que acumula el dolor en los cuernos del menguante,
en la curva del creciente
y en el sueño plateado de la luna nueva. 

Ahora
hay sangre verde en las estrellas.


GOCHO VERSOLARI

lunes, 20 de mayo de 2013

El Sol en tu Pezón Izquierdo



Descalzo recorro el malecón
en el crepúsculo de otoño. En las piedras húmedas
mis pies recogen el cielo
que se refleja con las últimas luces. El atardecer
llena de caballos pequeños el aire,
las sombras,
tu cintura y tu ombligo.

Regreso a la playa
y tú me sigues
como mi sombra convertida en brisa
como un pájaro
que hubiera surgido de las olas
como un huevo abandonado
que incubará la noche
en una media hora.

Sola y desnuda
sólo yo puedo verte mientras marche descalzo.
En tu pezón izquierdo late un sol
verde, pringoso
como la niebla salina
que se abalanza desde las estrellas.
Me hablas del niño que te quitaron
de tu enorme soledad
y te subes a la bicicleta de las nubes
y regresas junto a mí y haces piruetas
cortándome el camino.
Desde las cinco de la tarde me persigues
y el sol que late en tu pezón izquierdo
hizo que perdiera mis zapatos
en un recodo de la rambla.
Ahora ruedas sobre ti misma
y el sol entu pezón izquierdo
suelta una fauna de animales brillantes,
hace una super nova
y explota una
y otra vez
y las luces se arrastran
por las calles solitarias más allá de la plaza.
Cruza una mujer con un niño en los brazos.
Un mendigo
borracho y barbudo me increpa.
Sigo descalzo hacia el norte
dejando con nis huellas gusanos centellantes
Ahora cuelgas de mi cuello

adherida a mi  espalda
y el sol en tu pezón izquierdo
alumbrará toda la noche
mi corazón y mis costillas.


GOCHO VERSOLARI

Dame Pan





Dame pan madre, dame pan
No te pido  sólo el alimento,
sino los pájaros que se esconden en la miga,
las solitarias gotas negras del dolor
y los trasiegos azules de aquel júbilo
que a veces me anegara.

Dame pan, madre
pan blanco,  rubio o negro.
No importa el color ni las creencias
porque el dios de la masa  
es un pájaro que se vuelve  y devora las migas
o una boca fresca que lo descuartiza
y lo llena de sueños calientes
entre las duras muelas.

Dame pan madre,  el pan antiguo
aquel que prendiste de mi nombre inicial,
el que trenzaras
 invisible y silente en mi babero;
el que  olvidaras
 después del primero de tus éxtasis
 con los índigos pájaros de la primera aurora;
  luego de tu dolor indeclinable
al que no pudieron demoler
ni ángeles jubilosos
ni los tropeles de arañas cenicientas
que levantan el sol.

Ha quedado tu pan.
Sólo tu pan.
Redondo, cantarín, glorioso
como un sol de la tierra,
como un niño fuerte, bello,
dispuesto a acariciar mi esófago y mi alma,
dispuesto a ser la nave de la carne
y navegar mis océanos, mis jugos,
 mis olvidos,  dolores y placeres

Conviérteme en pan, madre
y en un amanecer ofréceme
a las lejanas palomas
que elevan alas y pendones
desde los rojos rincones de las nubes,
las que atraviesan la línea de los días
desembocando
en el cuajado y colosal arrullo
de las verdes estrellas del cielo de la tierra.

Dame pan, madre.

Hazme pan.

GOCHO VERSOLARI
.

sábado, 18 de mayo de 2013

Un Crepúsculo de Lobos





Nos conocimos en un crepúsculo de lobos
cuando el suelo dolía en las costillas y la tierra
se adornaba de rocas puntiagudas; cuando la tarde
se pintaba el rostro de silencios.
Nos conocimos en un amanecer de hienas
y remontamos ríos torrentosos
en un afán de llanto
de dolor irredento.
No hubo golondrinas ni cencerros.
No hubo azahares ni cielos de pan blando
A nuestro amor lo acunaron los buitres
y las palomas destrozadas en las garras de las águilas.
Luego el sol se llenaría de infiernos acerados
y la separación sería tan triste
como contemplar por la ventana
las lluvias del invierno

Quizá se guarde para nosotros un mediodía sonoro
rodando por brillantes alhelíes.
Quizá se prendan de tu pelo
abrojos de sol
pedúnculos de luna
en un universo imaginario.
Ahora
las ratas devoran los barrotes de la cama
y cada bola de granizo golpea en la ventana
como la cabeza de un recién nacido.

Llega la noche. El llanto
anega las estrellas

GOCHO VERSOLARI

El Viejo de Arriba




Como una planta
como un río
con la deliciosa inconsciencia de actuar según la entraña
me deslizo,
resbalo
por los leves escalones de mis ojos
que describen un círculo
en el que por un instante
mientros subo y desciendo,
venzo la ley de gravedad.
Entonces llegas tú con tu escolta de pájaros
y tus caderas redondas y tus pasos descalzos.
Entonces llegas tú y se estremece la tarde
y se vuelca en una de las tazas azules de la madre.

Como una planta
como un río
corro hacia el poniente, hacia el levante. No importa
La dirección es un albur; un diamante minúsculo. El espacio
no es más que un unicornio clandestino
que nos ha regalado sus cuatro extremidades.
El tiempo eres tú,
es tu andar
con despreocupada apariencia,
La risa
 luego del primer trago de tu margarita
con un resto de sal en la comisura izquierda
y un comentario sobre la cara del viejo de arriba
que se queda mirando la noche y las guirnaldas
los barcos que se alejan
y la melancolía violeta del crepúsculo.


GOCHO VERSOLARI