lunes, 20 de mayo de 2013

Dame Pan





Dame pan madre, dame pan
No te pido  sólo el alimento,
sino los pájaros que se esconden en la miga,
las solitarias gotas negras del dolor
y los trasiegos azules de aquel júbilo
que a veces me anegara.

Dame pan, madre
pan blanco,  rubio o negro.
No importa el color ni las creencias
porque el dios de la masa  
es un pájaro que se vuelve  y devora las migas
o una boca fresca que lo descuartiza
y lo llena de sueños calientes
entre las duras muelas.

Dame pan madre,  el pan antiguo
aquel que prendiste de mi nombre inicial,
el que trenzaras
 invisible y silente en mi babero;
el que  olvidaras
 después del primero de tus éxtasis
 con los índigos pájaros de la primera aurora;
  luego de tu dolor indeclinable
al que no pudieron demoler
ni ángeles jubilosos
ni los tropeles de arañas cenicientas
que levantan el sol.

Ha quedado tu pan.
Sólo tu pan.
Redondo, cantarín, glorioso
como un sol de la tierra,
como un niño fuerte, bello,
dispuesto a acariciar mi esófago y mi alma,
dispuesto a ser la nave de la carne
y navegar mis océanos, mis jugos,
 mis olvidos,  dolores y placeres

Conviérteme en pan, madre
y en un amanecer ofréceme
a las lejanas palomas
que elevan alas y pendones
desde los rojos rincones de las nubes,
las que atraviesan la línea de los días
desembocando
en el cuajado y colosal arrullo
de las verdes estrellas del cielo de la tierra.

Dame pan, madre.

Hazme pan.

GOCHO VERSOLARI
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