viernes, 10 de mayo de 2013

El Destino del Pregón de la Nana





 
Chupa un orozuz para dormir
decía mi nana cuando el cielo
se llenaba de algodones negros
y la melodía de los payos, los locos, los ingratos
se escuchaba a lo lejos.
Chupa un orozuz, chupa, chupa niño.
Y la luna saltaba en el cuarto
y los peces de la noche 

jugaban a los dados el futuro
cuando la pasión del niño desbocada
  hendía los soleados campos de mañana.

En algún sitio, la nana
repite su pregón,
resistente a los años, a los siglos
y las palabras
buscan un nido
en las sábanas tibias de la noche
para caer como ratas de luz
sobre los sauces sin fin de las estrellas.


GOCHO VERSOLARI
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