jueves, 23 de mayo de 2013

Parir el Dolor






Hemos parido el dolor - te dirá la totalidad de los hombres -
nos hace sufrir pero lo amamos, como a todo hijo. No queremos
que lo traspapelen en las oficinas, que lo pierdan cuando llegue la mañana
o que lo entierren en el silencio de las estrellas que caen
y que caen.
Hemos parido el dolor. Parece que lo odiamos, pero nuestras células
se tiñen de él como de los fluidos de un niño que es nuestro
y el crepúsculo atraviesa el cielo con sus martillos de siete puntas
Y cuando llegue la mañana caminaré tres millas con mis botas de clavos hacia adentro.

Y tú escondes el dolor, lavandera del alma,
lo has ocultado debajo de las rocas antiguas como la vida
como la muerte
como las montañas
como los propios hombres que sufren y se cuentan orgullosos
el dolor unos a otros
en las salas de los hospitales, cuando el invierno arropa niños muertos
y un cómico quiere ocultar debajo de sus muecas
las lágrimas que olvidaste en las urnas del otoño,
en los monigotes azules
que aún dibuja la luna cuando no la miramos; ella
que acumula el dolor en los cuernos del menguante,
en la curva del creciente
y en el sueño plateado de la luna nueva. 

Ahora
hay sangre verde en las estrellas.


GOCHO VERSOLARI
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