sábado, 18 de mayo de 2013

Un Crepúsculo de Lobos





Nos conocimos en un crepúsculo de lobos
cuando el suelo dolía en las costillas y la tierra
se adornaba de rocas puntiagudas; cuando la tarde
se pintaba el rostro de silencios.
Nos conocimos en un amanecer de hienas
y remontamos ríos torrentosos
en un afán de llanto
de dolor irredento.
No hubo golondrinas ni cencerros.
No hubo azahares ni cielos de pan blando
A nuestro amor lo acunaron los buitres
y las palomas destrozadas en las garras de las águilas.
Luego el sol se llenaría de infiernos acerados
y la separación sería tan triste
como contemplar por la ventana
las lluvias del invierno

Quizá se guarde para nosotros un mediodía sonoro
rodando por brillantes alhelíes.
Quizá se prendan de tu pelo
abrojos de sol
pedúnculos de luna
en un universo imaginario.
Ahora
las ratas devoran los barrotes de la cama
y cada bola de granizo golpea en la ventana
como la cabeza de un recién nacido.

Llega la noche. El llanto
anega las estrellas

GOCHO VERSOLARI
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