viernes, 2 de agosto de 2013

El Gigante del Cielo



Hay un breve momento en el día
en que  las nubes se llenan de botones
y el gigante que mora en los cielos
  deja ver su trenza azul;

En una época se lo reconocía. Los botones
eran los de su chaqueta
y la coleta que arrancaba de su calva
era la pesadilla de los niños. Ahora
los meteorólogos lo han destripado;
cadáver de gigante cuyos miembros
adornan los alambiques, las retortas
y los detalles computados de los laboratorios.
Se reduce el gigante
a resultados de un análisis con dirección del viento
isobaras,
isoyetas
que corren por las planillas y en los atardeceres
se deslizan azules, cuadradas, resumidas
en  la aceitosa carne del coloso que emerge
una y otra vez
de los lechos de las nubes,
de los reflejos de los lagos;
de las cabezas de las medusas prisioneras
en lo profundo de la tierra.

Ahora
la mañana rueda por los desiertos del día
y el gigante la sostiene
sereno y azul
como la vida.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Les dieux obscurs - Max Ernst
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