viernes, 7 de junio de 2013

Escena Erótica con Látigo





Ayer me pediste que comprara un látigo
para tu espalda blanca.
Lo reclamaste desmayada de deseo;
imaginabas la tralla explotando en tu carne
como un insecto,
azul, 
plateado,
que buscara los ecos de la sangre
en las amapolas del silencio
Mirabas el rejo
con el jubiloso sufrimiento del orgasmo
el que acompaña a toda tarde que procure
volverse  noche.
Y pusiste el látigo en mi mano
y tu carne en la tralla

Toma mi ser - dijiste
prendida a mis ijares,
hincándote en las barandas del día
hasta que tus rodillas
se empaparon de plateada sangre
y tu espalda intacta
repudió la piel pulcra,
entera, 
cargada de horizontes.

Luego los pájaros nocturnos
llegarían con ríos azules sobre sus alas;
corrientes,
fluidos
 riberas
aspirarían correr por tus heridas. 

Te duermes sobre mi vientre cuando la madrugada llega;
enjugo con el índice una gota de tu sangre
y me la bebo




GOCHO VERSOLARI
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