miércoles, 26 de junio de 2013

En las Redondas Espinas de la Luna




Viví tanto tiempo con tu sombra
que no reconocí tu rostro
cuando se dibujó en el sol
y te creí una diosa índiga que se descolgaba por las chimeneas del enorme mediodía para tomar mis canas y enredar mis labios con la hiedra de tus horas.
Nunca pensé que eras aquella oscuridad con una voz,
que vagaba por los picaportes
pidiendo permiso para mirar la luna llena
y remontándote a veces en los pájaros cuadrados de la noche.
Ahora flotabas en la luz levemente azulada de las doce, cuando los edificios y las aves han perdido su sombra y se hunden en los destellos del verano. Tu sonrisa gravitaba en la grama, en el agua del parque, en el sueño de los gansos que marchaban bamboleantes con sus graznidos elípticos.
Sentí que tu sombra aullaba en el inframundo,
debajo de la caverna del norte
entre el silencio y la negrura. Entonces estiré lasmanos
y tomé tus caderas blancas
tu pelo
tu silencio.
Logré que bajaras al prado
donde los caballos invisbles de la brisa te prestaron sus grupas
Cabalgaste desnuda hacia el poniente
y tu sombra,
tu sombra,
se arrastra aún en las azoteas de abajo
y repta por los silencios de las tres,
contrahecha y descalza;
polichinela muerto en un horizonte azul
que aún se agita y se retuerce
 en las redondas espinas de la luna.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Matthew Scherfenberg
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