martes, 18 de junio de 2013

Un Grisáceo Candil de las Estrellas




Hay poemas que se beben  el día
dijiste abriendo apenas tus
gruesos labios  mientras bebías  la margarita y disolvías un grano de sal con tu lengua  enhiesta y húmeda de rocío como una hoja de verano.
Hay poemas que llegan con manijas
para que podamos transportarlos como maletas azules
mientras aguardamos la entrada del sol

Luego apoyaste tus pies pe
queños y denudos en el alféizar
y estiraste tu cuerpo de gata mientras el sol de la tarde relumbraba en el broche de tu pelo con forma de alacrán.
Como verás
hoy las metáforas me anegan
y me tomo del cabello de las rosas
y del aire oblongo del atardecer
que cubre mi ombligo de lentos silicios.
Dejo mis huellas en el sílice del cielo
y los tiernos venados del amanecer
corren sobre mi vientre.

Acercaste tus labios a mi entrepierna con el pretexto de examinar la uña de tu pie derecho, esculpida con un leve toque de Nina Ricci
y luego seguiste con los barcos de la brisa,
la tierna inundación de la luz en los corrales de la tarde
y la lenta marcha de los monjes de la luna.
Las metáforas
aumentaron mi deseo;
paso  a paso;
con el espíritu gradiente del sol verde
que desde el fondo de la tierra
nos alumbra los huesos cuando la medianoche llega.
Entonces con mis manos
te invité a trepar a la nave del deseo
y convertí tu desnudez
en una leve lámpara ;
en un falso amanecer de medianoche;
y en un grisáceo candil de las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Publicar un comentario