sábado, 8 de junio de 2013

Un racimo de mundos en las uñas del gato




El gato trajo entre sus uñas
un puñado de mundos
Latían sudorosos bajo el sol. Sus habitantes
rendían culto a un dios felino
que los miraba con  ojos misteriosos
mientras arañaba  los instantes, las horas,
la lenta monotonía de las tardes;
los pétalos
que no dejaban de caer sobre las avenidas;
las miradas de amor,
de odio,
y los deseos de escapar del cosmos.
Y el gato pergeñaba
aquel pequeño apocalipsis
en un tiempo minúsculo,
orlado de milenios
y de mundos que no dejaban de vibrar


Te acercas  y te advierto
que no intentes razonar con el gato,
pero igual procuras convencerlo
 que en aquellos planetas
  las noches tienen techos, aullidos;
que allí los hombres

 extienden las uñas en las veladas pardas, 
y hay miradas azules encima de las tejas.
Bailarás descalza cuando el sol se derrumbe,
para explicar al gato
el bamboleo de los mundos que trinan
y que procuran escapar al añil del espacio.

El animal no deja de mirarte. De pronto
huele una rata en el desagüe

y se aleja rampante.
Con vasijas humeantes de oliva,

los ocupantes de los mundos agradecen a su dios
que los haya salvado de morir.
Cuando llegue el crepúsculo

subiremos a la terraza
y soltaremos el racimo 
hacia su origen
para que los habitantes dancen
y copulen
en nuestros sueños con salmones,
tortugas
y ballenas rampantes
que al tragar y vomitar el plancton,
imaginan ser Dios.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Broken Promises - Michael Parker
Publicar un comentario