martes, 4 de junio de 2013

Viajar desde el Azul





Viajamos desde el azul
al azul
dejando atrás los bosques duros, llenos de enhiestos y puntiagudos pinos que en los atardeceres perforan el cielo mientras cae la lluvia; la lluvia, tanto la formada por gotas como la otra, la sutil, la que arenga los espíritus, los suelta y llena de perfumes de pan los prados, las laderas;

viajamos desde el azul
al azul embalse donde las horas se han detenido
como peces fijos en el semblante del tiempo.
Y no dejamos de viajar
aunque permanezcamos quietos
como estatuas granulosas columpiádonos
en el cuadrado atardecer,
en la redonda noche

y ahora arribamos en medio de una felicidad que nos estalla en la frente, que nos abre el pecho como una puñalada brillante y que ilumina cada una de nuestras vértebras con explosiones verdes. ¡Mira el hígado a través de la piel!. ¡Mira el hígado!: se ha convertido en un sol azul, profundamente azul que nos llama al viaje.
Luego transitamos entre estatuas enormes
de coleópteros, de perros, de humanos que estornudan
y recorremos los senderos pedregosos
entre los pies duros y marrones de los seres de piedra
Esto también es viaje. Al final de las rocas
explota la luz y nos traga 

hacia tu mirada descalza que en esta tarde de sol,
y sin saberlo,
se trepa y se columpia
 de todas las estrellas.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Sergei Bizyaev

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