martes, 30 de julio de 2013

Mis Huesos




Mis huesos se emancipan y corren 

y atraviesan  la frontera
entre un país gris
y otro azul. Frontera
disfrazada de río;

 mis huesos anárquicos caminan en fila
sin llegar a formar una figura. Mi cráneo
se divide en cuartos al llegar a los rápidos
donde tantas veces
la soledad atestiguara mi muerte,
donde la noche 

se cierra como tus ojos
cuando el hueco del vacío sostiene en sus brazos de papel
tu sueño de alborada.

Deja que ahora
observe las
finas huellas  de mis huesos,
sus silencios que atrapan
los gastados silicios de la orilla;
 mis huesos
que piden una vela encendida
por tus dedos suaves y hacedores de caricias
que  reptan sobre mis horas como el sueño de un pájaro.

Hoy se anquilosa el día. Mis huesos
llegan a la alborada
y se prenden de las patas de las aves
y se alejan,
se alejan,
se marchan
en el sueño arrodillado de un lobo,
de una roca,
de un puñado de tierra que llena los carrillos
al escapar del inframundo
y ver el sol
luego de dos milenios de tinieblas.

Ahora
mis huesos se trituran a sí mismos
y el polvo alimenta las estrellas.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Velázquez pintando a la Infanta Margarita María con las luces y las sombras - Dalí

El Pan de la Luz




A veces caminas por  Grant Avenue,
cargada de espinas celestes, con una sonrisa tenue
y te ignoran los dealers y los silenciosos buitres que recorren la calle de sur a norte.
Otras veces
llegas con tu espalda rebosante de navajas
y una  sonrisa negra,
 rotunda como un pájaro muerto

Recuerdas cuando nos encontramos en Meramec, donde la tierra se resuelve en cavernas y buscamos la humedad sutil que era una perla oculta y los turistas pasaban junto a ella y los niños manchaban las paredes con sus manos  sucias de indigestos candies y no la veían y no la sentían y no la arrancaban de su tallo ni se abalanzaban para recogerla y venderla en el mercado, exenta de impuestos.

Como una flor
a la que no tendríamos acceso, la perla brillaría para nosotros
y su resplandor se extendería a eso de las siete por Chippewa Avenue
y todos pensarían que un automóvil inauguraba un faro
o que la Migra contaba con una luz capaz de revelar el resplandor rojizo de ilegales y latinos traseros.

Por eso ahora sonríes en Grant Avenue
mientras el vacío con la forma de un rojo verano
 se prende de tus pies.
Sabes que la perla no dejará de brillar,
atenta a tus lágrimas, bebiéndolas una por una y en los crepúsculos,
su aliento llegará desde las cavernas de Meramec,
convirtiendo lo invisible en visible,
lo silente en un aullido de júbilo
y los caracoles negros de la noche
en el pan de la luz.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Lady in Red -  Taras Loboda 1961 - Ukrainian Portrait painter 

La Marcha de las Rocas




Las rocas recorrían
el camino de la primera tarde hasta el crepúsculo.
Granito, 

basalto, 
piedras del camino,
marchaban en esa dimensión donde la fijeza del mundo se disuelve y se ven las líneas onduladas de las cosas; las dimensiones de una tapa al abrirse; los pequeños cosmos del resplandor del sol sobre una plancha de hierro y la vida y la muerte en la pluma que cae de un ave en vuelo


Con su carga de calaveras y de espectros,

llegaría el reflujo
al iniciar la noche sus primeros pasos 

Hace tiempo,
llegabas con los zapatos en la mano y te detenías en mi alcoba antes de continuar hacia la casa de tu madre.
Entonces tu presencia cálida, tu desnudez vibrante,
tu cuerpo en ondas suaves se abalanzaba a las paredes
y rebotaba sobre mí; montaña de luces;
  vendaval tibio y pajarino;
puñados de polen erizado.


Otras veces llegabas con una pieza de pan que tu madre cocinara con sus
oscuras manos , con la densidad de las generaciones.
 Comíamos en un lento ritual y al amanecer
veía marchar el pan, multiplicarse y forrar las paredes de mi casa
y reemplazar los ladrillos con su carne blanda.


Ahora sólo me queda la marcha de las rocas y en cada grano de polvo,
el dolor talla los rostros de las horas
y la muerte se arrastra como una anciana oscura
y de ti sólo quedan en la negra arena,
las huellas desnudas de tus pies 

y de tus manos.

Arriba,
explotan las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

lunes, 29 de julio de 2013

Atardece





Atardece.
 Recuerdos de otras luces y otras luchas en un crepúsculo constante
donde te descalzabas para distraerme y cubrías tu rostro bello con una máscara de peltre.
Qué silencio en la arena,
qué atardecer distante
sigue llevándote en tu lomo; dragón inmenso
que no aprendió a volar.

Atardece.
Atardece.
Una fiesta de niños explota en los cielos
 y en la tierra,
el dolor cruza como centellas azules
y se esconde en las cuevas de los topos

Atardece. Nunca
quise escribir versos sobre los crepúsculos:
se esconden y se alejan por las ranuras del horizonte.

Y me quedo sin luces.

Y me quedo sin sombras.

Sin ese visitarme del cielo, en la antesala
de su unión con la tierra

Atardece y tu recuerdo hace ceder las barreras de la noche
y luchábamos en la arena y las multitudes pedían muerte
y nosotros guardábamos vida y en el crepúsculo,
el emperador borracho olvidó la seña del final
y nos quedó esa vida
hasta esta tarde violeta donde los pájaros vuelan hacia atrás
y a lo lejos los espectros se balancean en el horizonte.

Atardece.
Atardece.
Quizá vuelvas
y apoyes tus pies blancos sobre el acolchado rojo
y los restos del sol lucharán por mantenerse
en la atmósfera del cuarto.
Quizá vuelvas.
con la sombra del pasado, trayendo la arena de la guerra,
arrojándola de a puñados sobre mi rostro,
mientras el grito de los pájaros resuena
como aullido de dagas amarillas;
y montaremos  el lomo de la aurora
y nos alejaremos de la noche cuadrada
donde los dragones del futuro alimentan la luna
con atados de sal
con atados de sal.

Atardece. La noche
cruza frente a nosotros con su lomo brillante
y devora despacio las estrellas.


GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Kindilness - Sergei Bizyaev

El Hombre Descalzo y el Dragón de Humo

Revista PULSO Digital presenta:

Un nuevo cuento de Ricardo Iribarren Escritor.

Editado por Jesús García Moreno

EL HOMBRE DESCALZO Y EL DRAGÓN DE HUMO





Fragmento:

El piso original de la cocina de mi casa era de un cemento duro y áspero de color verde. No me disgusta este material para caminar descalzo, ya que he comprobado que sirve para pulir las plantas. Sin embargo, aquella superficie no era amigable. Al apoyar sobre ella mis pies desnudos, una fuerza informe y furibunda bramaba varios metros más abajo. En aquel rectángulo, parecía vivir un prisionero poderoso, que al sentir la presencia de mis plantas, amenazaba con liberarse...


Para leer la versión completa:


http://www.pulso-digital.com/2a-literatura/el-hombre-descalzo-y-el-dragon-de-humo-4a-parte-por-ricardo-iribarren/

sábado, 27 de julio de 2013

El Hombre Descalzo y la Profecía

Revista PULSO Presenta:




EL HOMBRE DESCALZO Y LA PROFECÍA


Nuevo cuento de Ricardo Iribarren






Luego de quince días de soledad, decidí que era el momento de consultar a Marcela. Barefooter como yo, solíamos encontrarnos en nuestras caminatas descalzas. Ella fue quien desatara los celos de Julia. Joven y hermosa, su especialidad era la lectura de las plantas de los pies (A diferencia de las manos, el destino marcado en las mismas sería más preciso e invariable en su cumplimiento) Mi amiga no sólo observaría mi futuro, sino que, con   hierbas y rituales, movería oscuras tendencias a favor de mi felicidad.

Leer la versión completa en:

http://www.pulso-digital.com/2a-literatura/el-hombre-descalzo-y-la-profecia-parte-3a-por-ricardo-iribarren/



Ilustración: Jessica Tremps - Legs

jueves, 25 de julio de 2013

Con los Orgasmos colgando de tu Espalda (Fantasía de un strip total metafísico)



Lentamente el sol 
te ha desnudado
como una última voluntad en el crepúsculo.
Ya en la media tarde
te había quitado las medias blancas
con el dibujo de un pájaro en los empeines. 
Luego 
la catarata de luz que entraba en el vestíbulo
te arrebató la blusa
y el sol entre las copas de los árboles
se ocupó de tu falda
Por eso estás desnuda en el principio de la noche,
dispuesta a internarte a lomo de la luna,
vadear la madrugada
y llegar a los ladridos de la aurora
con los orgasmos colgando de tu espalda
y la espada del sueño 
clavándose en el vientre de la luz


GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Sabin Balasa (1932 - 2008)

miércoles, 24 de julio de 2013

El Hombre Descalzo y el Fracaso de Eurídice (2ª Parte)

 Revista PULSO Presenta:





Cuento de Ricardo Iribarren

Publicado por Jesús García


Fragmento:


La madre de Julia  pertenecía a una familia de abolengo de la ciudad. Si bien desconocía los detalles del vínculo entre ambas, sospechaba que   los conflictos eran profundos y antiguos. Cuando hablaba por teléfono con ella, Julia se encerraba en la cocina, manifestando que quería estar a solas. Si bien no escuchaba sus palabras, al rato mi novia elevaba el tono con reproches, súplicas, largos reclamos y explicaciones en medio de un angustiado llanto.

Al terminar, salía de la habitación y ni siquiera notaba en los ojos las señales de las lágrimas. Sonreía y al preguntarle si estaba bien, contestaba con un vago “Mamá es así”.

EL HOMBRE DESCALZO Y EL FRACASO DE EURÍDICE (2ª Parte) - Enlace a la publicación en Revista PULSO

martes, 23 de julio de 2013

Un Vaso de Sol



Atravieso una maraña

con mis manos resecas,
sanguinolentas, azules. Las veo frente a mí cuando la tarde
busca lechos para aposentar su cuerpo
de luces que se van.

Más adelante hallaré el río, las naves y una hogaza de pan que has mordido y guarda restos de tu boca.
Más adelante.
Mas adelante. Las moscas del silencio
atravesarán las puertas de la brisa cargada de lianas y serpientes.

En tu recuerdo hay un tropel de arañas,
un par de pies descalzos, bacinillas brillantes
y pájaros que escapan desde el fondo de la cama.
En tu recuerdo hay carneros que se alejan,
jabalíes que llegan retozando en el puño de la noche
y cangrejos que no terminan de alejarse
y
caen al fondo del estanque
 una vez 
y otra

También en tu recuerdo hay soles
que se desinflan como globos
y caen sobre los techos del infranundo
y despiertan a los demonios oscuros de los que huyo  a través de la selva.
Sé que al llegar al río y montarme en las barcas,
el crepúsculo entonará un himno
y llegarás con tus pies desnudos,

 uno en cada nube arrebolada,
a pedirme el pan de la noche, la mirada de las tres, la caricia de las cuatro
y el orgasmo que hará explotar un nuevo tiempo. Ahora
destrozo las lianas mientras la tarde se ahoga con la tinta azul
que escupen los pájaros silentes
y del cielo escapan añiles cocodrilos
y del horizonte una manada de cebras rientes galopa hacia mi selva
y un cardumen escupe tormentas desde el sur.

Ahora
cierro los ojos y tu imagen
acerca lentamente a mi boca

 un vaso de sol.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Sergei Marshennikov

lunes, 22 de julio de 2013

EL HOMBRE DESCALZO Y EL FRACASO DE EURÍDICE (1ª Parte)


Nuevo cuento de Ricardo Iribarren

(de Memorias del Hombre Descalzo)

Publicación en la Revista Pulso Digital.

EL HOMBRE DESCALZO Y EL FRACASO DE EURÍDICE (1ª Parte)

Julia exige caminar descalza junto a su novio, quien se define a sí mismo como un Barefooter extremo. No sabe que el reclamo aparentemente inofensivo de la hermosa Julia, esconde contradicciones profundas y un intenso peligro...


Ilustración: Lin Koln - Elena Viznekaya

viernes, 19 de julio de 2013

Las Estrellas en los sexos de los caracoles



Al mirar al cielo
se tendía un negro azul profundo.
 Sólo la luna
brillaba solitaria y cierta
como un vientre vacío.

Alguien había robado las estrellas.

Están en la tierra me dijiste,
surgiendo del bosque de las seis
con tu gorro de pan
y una pulsera de rocío
 bordeando tu tobillo
Están en la tierra, repetiste
con una pícara sonrisa;
levantaste un escargot y me mostraste
los tenues genitales.
Me dolió el plateado brillo.
Las luces de la noche
reptaban como caracoles. En un momento
se unieron el cielo con la tierra
y sólo tuvo sentido el horizonte .
Cantaron las serpientes,
azules animales de las cuatro,
cuando el lucero

 guiña su ojo único
y tus pies se hunden en las lagunas impalpables
que la luna llena de saliva.

Las estrellas
se habían refugiado en el sexo de los caracoles en celo
y cada vez que copulaban
un racimo de luces ascendía.

Las estrellas
buscaban intimidad escapando del cielo
al hueco lento y tibio, a la humedad primera,
a tus desiertas huellas,
a mis desiertas manos;
ya  cerca de la aurora, las estrellas,
abroqueladas en tibios y babosos genitales,
  amenazaron   con chillonas voces
tomar el cielo por asalto,
trepar al fundamento de las cosas,
y así beber de un   trago
el líquido y postrero

 metal de todas las constelaciones. 

Ahora somos descalzos caracoles
alumbrando la noche
y nuestros bajos vientres son un par de cielos
que han encerrado el corazón del mundo.




GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Estrellas en los sexos de los caracoles - Joan Miró

jueves, 18 de julio de 2013

El Colosal Orgasmo de la luz




El día me pide que vuele;

 acéitame las alas
y renueva mi esencia;
así de simple,
como cocinar una torta
o consolar a un niño.
No quiero planear a ras del suelo. 

Deseo elevarme y elevarme
ondeará el sol a mis costados;
abriré las heridas de la tarde
y planearé en los flancos de la luz.
Ya estoy cansado de arrastrarme.
Deseo ir y venir en mis alturas,
ondular el mediodía con mis brazos;
atravesar las impalpables
 cornisas de los vientos
y hocicar mariposas.
Apúrate. Atiéndeme las alas
y espérame descalza en los abismos;
en mi vuelo rasante,
te tomaré de la cintura
y juntos construiremos
el colosal orgasmo de la luz.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Vuelo - Ivone de Caxar

Busco el Poema





Busco el poema en un desierto blanco.
Rocas a lo lejos y una luz
semejante a la luna. El poema
es una línea brillante,
un arroyo
o un río
corriendo entre silencios.
Aullidos y torturas
 quedarán engarzados en la tierra;
serán tenues animales  mordiendo mis tobillos
Más tarde colgarán del cielo
alegrías,
dolores
traiciones lentas y sonrientes
como cuerpos de ahorcados. Ahora
la esperanza late entre arbustos cuadrados
y un coro de pájaros negros
 se abate desde el sur

Busco el poema
con la alegría de un poseso
con la entraña, la miel y la garganta
Desesperado,
busco el poema
en el crotar flameante de la luna,
en la brisa y su promesa de nieve;
en los panes que la aurora amasa
mientras flotan los pájaros azules.

 Busco el poema en cada una de tus huellas
que seguirán grabadas 
en todos los desiertos que transite .

GOCHO VERSOLARI

El Hombre Descalzo y el Cadáver del Río




 EL HOMBRE DESCALZO Y EL CADÁVER DEL RÍO

(de Memorias del Hombre Descalzo)

Publicación en la Revista Pulso Digital.


http://www.pulso-digital.com/2a-literatura/el-hombre-descalzo-y-el-cadaver-del-rio-por-ricardo-iribarren/



Ilustración:Death and Life - Gustav Klimt

martes, 16 de julio de 2013

Los Gemidos del Sol



El universo es un enorme cubo azul
donde cada mil años
un pájaro deja caer una semilla de mostaza
Cuando el cubo se llene y los granos
rebasen sus paredes,
arderá el cosmos en el final del kalpa.
En tanto, habremos construido una isla
con retazos de pan y vuelos

y trenzas de muchacha
que será arrastrada por las llamas.
Entonces montaremos un caballo
raudo y claro como tus ojos en los amaneceres
y subiremos a su grupa, pero los cascos pisarán la lava del final de los tiemposy rodará por el suelo.
Entonces llamarás a una enorne ave garuda
que nos llevará en el  lomo
y cuando estemos por llegar a los límites del cubo,
devorarán los pájaros las semillas de mostaza,

se extinguirán las flamas
y el mundo será un recién nacido. Nosotros,
descalzos dioses,
caminaremos por el puente de luz
entre estrella y estrella
escuchando galopes, chillidos azules
y una lluvia de pan en la primer mañana.

Ahora,
déjame amarte entre las semillas. Llegaré al fondo de tu vientre
donde laten y esperan
los gemidos del sol.

GOCHO VERSOLARI

La última barrera de la luz



Un cuadrante azul, más azul que el cielo,
se tiende en la noche
cuando los pájaros dudan un instante sobre el nido;
que protegerá sus sueños.
Un cuadrante azul,
tan azul que penetra en los pechos,
en el centro exacto de tu esternón
y navega azul por  noches sin timones,
bajo aquella deriva que deriva

de las miradas diurnas, frías
como el centro mismo del infierno.

Ahora el cuadrante azul
avanza hacia la mitad del cielo de la madrugada,
donde las almas 

 miran en sí mismas el azul
y esperan la lluvia de los huesos,
el elevarse de los pájaros,
el trino de los cañones de la luz;
 y que alguna vez
bajes por la deslumbrante  aurora
y recorras los techos de las casas
y que tus pies transiten
la intimidad redonda de las nubes
y  las lechosas copas de los árboles.

Ahora
 el cuadrante azul
arrincona lunas contra el poniente
y un enjambre de trinos golpea y golpea

 la última barrera de la luz.

GOCHO VERSOLARI

Los Panes se descalzan y escapan de los hornos


 

Por un  instante vi tus pies desnudos
equilibrando el crepúsculo,
atrasando el pan que no terminaba de levar,
invocando
la humedad de la noche y el silencio del día
encerrado en la luna
Por un instante
vi que bamboleabas el cielo
antes de derrumbarte sobre la falsa alborada de los atardeceres;
antes de perderte en las bandadas sin alas que sostienen la noche
Y tus pies, animales sedosos,
recorrieron tres pasos; sólo tres pasos

en el barro del cielo
y bastaron
para revelar los pájaros  que el día
oculta bajo sus represas;
y bastaron
para enloquecer el animal que la noche lleva dentro
Luego la luna descendería a rodar por el lago,
a internarse en el bosque,
a soñar
con el silente aullido de tus huellas,
con la amarilla impronta de las cuatro
cuando la saliva de un fantasma se cuela entre el rocío

Tendida en mi regazo,
cierras los ojos;

los panes se descalzan y escapan de los hornos
a marchar por el cielo.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Dany Fehr

Las Garras del Sol


Me vi a mí mismo caminando en las sombras
en pleno mediodía
cuando los pájaros levantaban el mundo sin saberlo,
cuando los potros de la noche relinchaban nerviosos
y un pedazo de luna brillaba en el azul.
Me vi a mí mismo caminando en las sombras
desnudo,
     silente,
            roto,
como el estruendo del crepúsculo
Me vi a mí mismo y contemplé mis huellas
deshechas apenas las trazaba.
El lento gruñido de la tarde
se asentó en mi entraña derecha
y mi hígado cabalgó sobre la playa
en busca del lejano muelle
donde la aurora gravitara en nuestros cuellos;
las huellas de un cielo fugitivo
y Sevilla a lo lejos.
Me vi a mí mismo caminando en sombras,
pero la noche había llegado. Mis riñones
soñaban con la aurora
y un lento caracol trepaba por mi sexo
en busca de los antiguos monolitos
de las tallas arcaicas de mi carne,
de las brújulas eternas que guardo en mis talones.

De las garras del sol.


GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Ivone de Caxar - Espíritu

sábado, 13 de julio de 2013

Extraño las Tormentas







Extraño las tormentas, aquellas
que llenaban los vasos y en las que repetías
¿cerraste las ventanas?
¿Duermen los niños?
¿Apagaste las luces de la sala...?
En que descalza caminabas desde la cama
y te sentabas en mi rodillas y como una hiedra
te enredabas en mi cuerpo y tu aliento
 me recorría
me recorría.

Ahora
tiembla la noche y el silencio
se preña de lejanos truenos
mientras los misteriosos muelles de la tarde
aguardan los relámpagos; la vieja torre
contempla el solitario invierno
y mi vientre se yergue
inane,
cargado
con las chinchillas de la calma
mientras el cielo olvida sus pasiones
y en el silencio súbito
 sólo queda un rezago de la muerte.

GOCHO VERSOLARI

Caravana de Róbalos





Una caravana de róbalos
atraviesa la pared del fondo, aquella
donde apareciera el fantasma de la  joven
frente al cuadro con el mar  y las gaviotas; la muchacha
 que atravesara descalza  la quemante arena
para buscar en las playas del norte
un pez azul y tomarlo como amante,
cuando los soles se hubieran multiplicado por millones
y las semillas de mostaza llenaran el cubo gigantesco
y brillara otro sol y otra luna y otra estrella y otro amanecer distante.

La caravana de róbalos
tiende su brillo de mar a mar, de un calvo amanecer
a una noche cargada de ventiscas
y los muelles muestran su vientre de piedras puntiagudas
y tú sigues descalza bajo las estrellas
.
Después el sol como un enorme gato,
pendiendo del aire de la pieza
Después los hurones de la siesta,
llevando en sus lomos el cuadrado día.
La caravana de róbalos
llega al borde de la lluvia y se detiene
esperando un relámpago que los trasporte
hacia el mar codicioso
con pelambre de espumas y rugidos de pato.

Desde la tarde,
una muchacha muerta
reclama su té y su moneda
para el viejo Caronte. 

GOCHO VERSOLARI 

Ilustración: Matthew Schenferberg

Los Extremos Brillantes de la Luna





Tu desnudez enciende el fuego
y las llamas corren, gritan 

alrededor de tu carne que se expande y se comprime
soñando con un aroma a hierba
mientras las llamas te rozan,
te lamen
como un amante vibrátil que palpita
y el deseo es como la piel del día, que suele perderse, romperse, olvidarse en un costado del camino y abrirse seca a las cavernas del mediodía para encontrar el último sueño extraviado más allá del silencio.
Desnuda entre las llamas,
olvidaste el barrio,
el malvón
la glicina
y el atardecer de los pasos que bailaban la luna
mientras un vientre aislado flotaba en el lago de las nueve,
y en las oscuridades aguadas de las tres
Terminan las sombras protectoras
cuando la madrugada  tiende la luz
que llega del sol abierto en la mitad de tu  planta derecha, el que cuaja la mañana
y el deseo es un par de serpientes que caminan por la pared de las diez, cuando el sol se adelgaza y se agranda, cuando la luna sueña con sí misma coronada entre dos columnas de roca, con tigres muertos como ofrendas, y el sol se abalanza sobre las cosas como un gato gigantesco y furioso
y te devora
y te devora
para luego deslizarte desde la garganta suave del poniente sobre la calle de las tres de la mañana donde un malevo yace muerto, muerto, cubierto el rostro con la portada de "Crítica", mientras el año veintinueve traquetea con los trenes, canta con los diarieros y camina con tu fantasma que busca el muelle del cual arrojarse otra vez al río.
Una vez
y otra
sacan tu cuerpo azul del fondo de las aguas
y la noche te cubre lentamente
y sólo yo te veo marchar por las cornisas y sólo yo sé de tu lucha con el fuego celeste de la noche,
con el hielo que llega de las estrellas
últimas,
con el sueño de pan de las palomas
y el olvido que guardan y maceran con jugo de gorriones
los extremos
brillantes de la luna.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Matthew Scenferberg

Vaciaciones sobre la Destrozada Columna del Día



Estoy de pie ante la destrozada columna del día.

Los colosales y deslumbrantes trozos
yacen caídos sobre el vientre sin fin de la última nube,
la que perdiera su corazón y su mirada con el golpe,
mientras el azul se desteñía levemente
y los hombres vagaban y los senderos
se llenaban de gatos muertos.

 El día roto.
Tus ojos apagados.
Ya no correrás descalza por el sendero del norte.
La columna del sol, 
                del aire,
                              del firmamento,
partida por el tajo de un gigante.

Los antiguos titanes
chupan sus dedos cuadrados y  azules
uno a uno,
mientras la noche afila sus colmillos
y tú la miras sedienta, con tus ojeras súbitas.

Luego recordaré tu baile con nostalgia,
el roce de tus pies despertando las piedras,
tu talle acariciando el sol sereno de noviembre;
los ruegos de tu madre
para que te calces y evites los peligros de la tierra
y tú indomable; tu cabello
rizado hasta el hastío. 

Ahora
miras callada la catástrofe.
Una columna destrozada. 
El derrumbe de la luz. 
Un gato muerto
y un atardecer que se atrasa y va cayendo
tramo a tramo. 

Hoy,
no llegan las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: ------ by Tarasov

Atanores de sal sobre la luna




Las rosas atraviesan la carne de la muerte
y un silencio  extraño se tiende en el crepúsculo
mientras tus pies se alejan
 pisando
peldaño por peldaño
 las escalas del aire y de la bruma



Una tropilla de caballos arrastra el mediodía
y sólo ves el contorno vacío,
el fantasma repleto de tornados.
La sombra de la tarde
se enferma de lágrimas y sueños

mientras recorre  el bosque con las manos
llenas de plumas y de sangre.
Su regreso
es un tren sin acero ni calderas,
sin rieles, sin platos, sin murmullos,
sosteniendo el vacío cuando la tierra finaliza
y sus pies blancos se apoyan en la nada,
aunque las huellas claras 
sean pájaros de sol,
buitres de nube
y atanores de sal sobre la luna.


GOCHO VERSOLARI

Ilustración; Matthew Schenferberg

Una línea de humo





Una línea de humo que dibuja tu contorno
penetra todas las ventanas.
y la brisa deshace tu perímetro
y vuelve a trazarlo como una huella en el polvo.
Una línea de humo
se aleja cuando la tarde
toma ese tono melancólico
que anuncia las estrellas y el vacío de tu silueta cuando te marchaste más allá de las montañas.
Siempre veo tu fantasma
alejándose
alejándose
mientras los senderos se llenan
de lágrimas de búhos
y de cadáveres de tus´palabras últimas
cuando tu silueta se disolviera como el azúcar
en los cuernos de la luna
No te recuerdo llegando.

Sólo partiendo
una y otra vez
como un barco al que fletan y fletan día tras día
cuando la tarde entierra sus aprontes
y los silencios braman como tigres lentos
en la cuadrada ermita de tu beso.

Hoy tu regreso es una azul quimera
que enjuaga las montañas
y que en las madrugadas
libera pájaros de las estrellas.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Julia Starr

martes, 9 de julio de 2013

Sopa de Rocas





Me invitaste a beber una sopa de rocas
que recogimos lentos cuando la tarde se iniciaba después de la siesta.
Llevabas el vestido de tweed y tus pies blancos, desnudos
tallaban tenuemente el granito negro.
Me invitaste a beber una sopa de rocas
aderezada con corazones de gorrión.
Es buena para las agujetas del dolor, en especial de la melancolía
-- explicaste con ese gesto de tus labios
tan serio debajo de los  cabellos rojos.
Después nos amamos en una hondonada,
y supimos que las rocas
eran la cabellera caliente de la tierra. Después
preparaste la sopa en los pucheros de tu madre
y un enjambre de mariposas se detuvo
en alguna parte de la atmósfera
y desde lejos, las naciones azules que tallaran la piedra
confesaron silentes
que sus grandes pirámides
habían muerto de nostalgia. La sopa
tenía gusto a tierra y a basalto. El corazón de los pichones
era una pasa roja y solitaria
Me la serviste. La bebí ritualmente. Con la última cucharada
te desplomaste. Tu madre
había preparado el cofre, las velas, la foto y las flores.
Te vistieron y   calzaron para que yazcas
azul como la melancolía de los Toltecas. Un pájaro de piedra
surgió de mi garganta
y trepó el cielo violeta del crepúsculo
en busca de las aves estelares
que emigraban en la noche 
al sur del universo.

GOCHO VERSOLARI

Qué hiciste del dolor






Dime dónde dejaste las espinas de la rosa
cuando los cuadrados barcos coqueteaban con el puerto
y las naranjas de las nubes
pintaban de blanco las flores del verano.

Dime donde dejaste el dolor, las gotas de sangre, la cerveza de la nostalgia
Dime dónde dejaste el cencerro de la muerte
que ya no suena cuando la tarde cae en los abismos de tus ojos.

En el sur del Ecuador
un hombre sube a una montaña que no es otra cosa que su vida
y su muerte
y todos los espacios yertos, las llanuras desiertas
que no pertenecen ni a una 
ni a otra.
Y desde la cima de la montaña que es su vida
y su muerte
Te preguntará con un redondo grito,
que hiciste con sus lágrimas. Querrá saber
si forman un pozo, un mar un arroyo, un río, un embalse,un silencio acuoso
o si se han secado en alguno de tantos desiertos y han vuelto a la tierra
en forma de salada lluvia.

Quizá mañana
todos los hombres trepen a la montaña del día que es su existencia y su fin
y desde allí te pregunten que hiciste del dolor, de los días negros;
de los muertos que guardaran en sus bocas cadenas de oro o añejados diamantes;
de aquellos que fueran aniquilados en mitad de la noche
mientras los misiles danzaban en los techos de la tarde
o de aquellos que beben el fin en un callejón con olor a orina
y a podrido semen.

Ahora brilla el sol
Tigres,
rios,
estrellas,
son gestos en lo profundo de la muerte



GOCHO VERSOLARI