lunes, 29 de julio de 2013

Atardece





Atardece.
 Recuerdos de otras luces y otras luchas en un crepúsculo constante
donde te descalzabas para distraerme y cubrías tu rostro bello con una máscara de peltre.
Qué silencio en la arena,
qué atardecer distante
sigue llevándote en tu lomo; dragón inmenso
que no aprendió a volar.

Atardece.
Atardece.
Una fiesta de niños explota en los cielos
 y en la tierra,
el dolor cruza como centellas azules
y se esconde en las cuevas de los topos

Atardece. Nunca
quise escribir versos sobre los crepúsculos:
se esconden y se alejan por las ranuras del horizonte.

Y me quedo sin luces.

Y me quedo sin sombras.

Sin ese visitarme del cielo, en la antesala
de su unión con la tierra

Atardece y tu recuerdo hace ceder las barreras de la noche
y luchábamos en la arena y las multitudes pedían muerte
y nosotros guardábamos vida y en el crepúsculo,
el emperador borracho olvidó la seña del final
y nos quedó esa vida
hasta esta tarde violeta donde los pájaros vuelan hacia atrás
y a lo lejos los espectros se balancean en el horizonte.

Atardece.
Atardece.
Quizá vuelvas
y apoyes tus pies blancos sobre el acolchado rojo
y los restos del sol lucharán por mantenerse
en la atmósfera del cuarto.
Quizá vuelvas.
con la sombra del pasado, trayendo la arena de la guerra,
arrojándola de a puñados sobre mi rostro,
mientras el grito de los pájaros resuena
como aullido de dagas amarillas;
y montaremos  el lomo de la aurora
y nos alejaremos de la noche cuadrada
donde los dragones del futuro alimentan la luna
con atados de sal
con atados de sal.

Atardece. La noche
cruza frente a nosotros con su lomo brillante
y devora despacio las estrellas.


GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Kindilness - Sergei Bizyaev
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