viernes, 19 de julio de 2013

Las Estrellas en los sexos de los caracoles



Al mirar al cielo
se tendía un negro azul profundo.
 Sólo la luna
brillaba solitaria y cierta
como un vientre vacío.

Alguien había robado las estrellas.

Están en la tierra me dijiste,
surgiendo del bosque de las seis
con tu gorro de pan
y una pulsera de rocío
 bordeando tu tobillo
Están en la tierra, repetiste
con una pícara sonrisa;
levantaste un escargot y me mostraste
los tenues genitales.
Me dolió el plateado brillo.
Las luces de la noche
reptaban como caracoles. En un momento
se unieron el cielo con la tierra
y sólo tuvo sentido el horizonte .
Cantaron las serpientes,
azules animales de las cuatro,
cuando el lucero

 guiña su ojo único
y tus pies se hunden en las lagunas impalpables
que la luna llena de saliva.

Las estrellas
se habían refugiado en el sexo de los caracoles en celo
y cada vez que copulaban
un racimo de luces ascendía.

Las estrellas
buscaban intimidad escapando del cielo
al hueco lento y tibio, a la humedad primera,
a tus desiertas huellas,
a mis desiertas manos;
ya  cerca de la aurora, las estrellas,
abroqueladas en tibios y babosos genitales,
  amenazaron   con chillonas voces
tomar el cielo por asalto,
trepar al fundamento de las cosas,
y así beber de un   trago
el líquido y postrero

 metal de todas las constelaciones. 

Ahora somos descalzos caracoles
alumbrando la noche
y nuestros bajos vientres son un par de cielos
que han encerrado el corazón del mundo.




GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Estrellas en los sexos de los caracoles - Joan Miró
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