sábado, 13 de julio de 2013

Los Extremos Brillantes de la Luna





Tu desnudez enciende el fuego
y las llamas corren, gritan 

alrededor de tu carne que se expande y se comprime
soñando con un aroma a hierba
mientras las llamas te rozan,
te lamen
como un amante vibrátil que palpita
y el deseo es como la piel del día, que suele perderse, romperse, olvidarse en un costado del camino y abrirse seca a las cavernas del mediodía para encontrar el último sueño extraviado más allá del silencio.
Desnuda entre las llamas,
olvidaste el barrio,
el malvón
la glicina
y el atardecer de los pasos que bailaban la luna
mientras un vientre aislado flotaba en el lago de las nueve,
y en las oscuridades aguadas de las tres
Terminan las sombras protectoras
cuando la madrugada  tiende la luz
que llega del sol abierto en la mitad de tu  planta derecha, el que cuaja la mañana
y el deseo es un par de serpientes que caminan por la pared de las diez, cuando el sol se adelgaza y se agranda, cuando la luna sueña con sí misma coronada entre dos columnas de roca, con tigres muertos como ofrendas, y el sol se abalanza sobre las cosas como un gato gigantesco y furioso
y te devora
y te devora
para luego deslizarte desde la garganta suave del poniente sobre la calle de las tres de la mañana donde un malevo yace muerto, muerto, cubierto el rostro con la portada de "Crítica", mientras el año veintinueve traquetea con los trenes, canta con los diarieros y camina con tu fantasma que busca el muelle del cual arrojarse otra vez al río.
Una vez
y otra
sacan tu cuerpo azul del fondo de las aguas
y la noche te cubre lentamente
y sólo yo te veo marchar por las cornisas y sólo yo sé de tu lucha con el fuego celeste de la noche,
con el hielo que llega de las estrellas
últimas,
con el sueño de pan de las palomas
y el olvido que guardan y maceran con jugo de gorriones
los extremos
brillantes de la luna.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Matthew Scenferberg
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