martes, 9 de julio de 2013

Sopa de Rocas





Me invitaste a beber una sopa de rocas
que recogimos lentos cuando la tarde se iniciaba después de la siesta.
Llevabas el vestido de tweed y tus pies blancos, desnudos
tallaban tenuemente el granito negro.
Me invitaste a beber una sopa de rocas
aderezada con corazones de gorrión.
Es buena para las agujetas del dolor, en especial de la melancolía
-- explicaste con ese gesto de tus labios
tan serio debajo de los  cabellos rojos.
Después nos amamos en una hondonada,
y supimos que las rocas
eran la cabellera caliente de la tierra. Después
preparaste la sopa en los pucheros de tu madre
y un enjambre de mariposas se detuvo
en alguna parte de la atmósfera
y desde lejos, las naciones azules que tallaran la piedra
confesaron silentes
que sus grandes pirámides
habían muerto de nostalgia. La sopa
tenía gusto a tierra y a basalto. El corazón de los pichones
era una pasa roja y solitaria
Me la serviste. La bebí ritualmente. Con la última cucharada
te desplomaste. Tu madre
había preparado el cofre, las velas, la foto y las flores.
Te vistieron y   calzaron para que yazcas
azul como la melancolía de los Toltecas. Un pájaro de piedra
surgió de mi garganta
y trepó el cielo violeta del crepúsculo
en busca de las aves estelares
que emigraban en la noche 
al sur del universo.

GOCHO VERSOLARI

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