martes, 23 de julio de 2013

Un Vaso de Sol



Atravieso una maraña

con mis manos resecas,
sanguinolentas, azules. Las veo frente a mí cuando la tarde
busca lechos para aposentar su cuerpo
de luces que se van.

Más adelante hallaré el río, las naves y una hogaza de pan que has mordido y guarda restos de tu boca.
Más adelante.
Mas adelante. Las moscas del silencio
atravesarán las puertas de la brisa cargada de lianas y serpientes.

En tu recuerdo hay un tropel de arañas,
un par de pies descalzos, bacinillas brillantes
y pájaros que escapan desde el fondo de la cama.
En tu recuerdo hay carneros que se alejan,
jabalíes que llegan retozando en el puño de la noche
y cangrejos que no terminan de alejarse
y
caen al fondo del estanque
 una vez 
y otra

También en tu recuerdo hay soles
que se desinflan como globos
y caen sobre los techos del infranundo
y despiertan a los demonios oscuros de los que huyo  a través de la selva.
Sé que al llegar al río y montarme en las barcas,
el crepúsculo entonará un himno
y llegarás con tus pies desnudos,

 uno en cada nube arrebolada,
a pedirme el pan de la noche, la mirada de las tres, la caricia de las cuatro
y el orgasmo que hará explotar un nuevo tiempo. Ahora
destrozo las lianas mientras la tarde se ahoga con la tinta azul
que escupen los pájaros silentes
y del cielo escapan añiles cocodrilos
y del horizonte una manada de cebras rientes galopa hacia mi selva
y un cardumen escupe tormentas desde el sur.

Ahora
cierro los ojos y tu imagen
acerca lentamente a mi boca

 un vaso de sol.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Sergei Marshennikov
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