sábado, 31 de agosto de 2013

El Baile de las Hortalizas



El ajo ensaya un pas de deux
en la cesta que lo contiene y lo arropa. Baile de hortalizas que sugiere
el canto de las cosas muertas
en las superficies cargadas de crepúsculo
que duermen inmóviles y tiesas
como niños en Siria. 
La cebolla intenta cantar y se atraganta con el sabor del viento lejano entre los árboles.
Dejemos las lupas con las que observamos
cada pétalo que cae; dejemos
el análisis de la textura; el cálculo 
de la declinación de la parábola;
el reino de la cantidad que nos susurra
si se posó en tu hombro o más cerca de tu codo;
si lo  más importante era el sol de aquella tarde, 
algún trino lejano,
tus pies que corrían tras el pregón del vendedor de helados,
las cintas de tu vestido al viento.
Desde la cocina,
los bróccolis  recuerdan el evento y torpemente,
se ubican encima de las calabazas
como elefantes trágicos, flemáticos,
empeñados en un afán amatorio, lejano
que alguna vez se consumara
 entre las ruinas de los días;
cuando tus ojos se abrieron en la oscuridad 
y tus pies desnudos se tensaron 
como arcos voltaicos
esperando la iluminación de la carne,
el brillo de los huesos vivos,
los pasos de los espectros derramando sal
y la gloriosa noche en que las cosas 
darían su media torsión al infinito. 

Ahora las verduras siguen con su ballet doméstico, 
y magníficas esperan  las estrellas. 

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Edward Weston

La huella de tu pie se trazó en el rocío




Escribo desde el crepúsculo, con sus gotas de sal y de rocío. Escribo
sin conocer otra hora del día;
escribo
hundido en la pasta violeta donde los pájaros se calman
y las serpientes 
marchan hacia sus cuevas.
Escribo
sin esperar la noche con su carga de voces,
sin esperar la aurora y el estruendo del sol.
El ocaso es un puente,
un camino que acaba y otro que comienza.
Hay azules puntas de guitarra
que suenan con una alegría contenida
para evitar el pecado de la carcajada, 
el escorzo de un cuerpo desnudo
y tus pasos descalzos que se acercan
y me preguntan
si no quiero el café de la noche. No te demores,
llegarán los mosquitos
atraídos por la luz del duermevela,
me adviertes mientras la luna se prende de los árboles
como una amante que reclamara 
 caricias y palabras.
Bastó con tu presencia,
tus cabellos sueltos,
tus pisadas núbiles sobre la madera
para que el tiempo siga el curso
y no quede atrapado en un eterno crepúsculo
donde se repita para siempre el canto de los grillos.

La huella de tu pie se trazó en el rocio
y en su contorno vibran las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Las verdes estrellas que laten debajo de la tierra




La desnudez se separó de tu cuerpo
y corrio escaleras abajo
y al llegar al piso siguió descendiendo
y se convirtió en nube uniéndose al sol verde que emergería del centro de la tierra
cuando dieran las doce
y un inesperado hálito erótico
llenara primero la casa,
luego el barrio
y finalmente el universo
Nadie verá tu desnudez emancipada
y todos la sentirán como una súbita paloma
con la suavidad de vestidos rotos y zapatos destrozados
regando tu calle pequeña,
la de las manos que se agitaron
como palomas negras cuando te marchaste.
Quedó tu desnudez
compartida con millones 
que sin saberlo buscarán saciarse de tu carne
cuando coman cordero. Lo exigirán más suave
y más suave
y será imposible emular la nube rosada de tu cuerpo 
 en la que ellos respiran, ríen y agonizan.
Tu cuerpo,
tu etéreo cuerpo que llenará los ríos, los límites del mundo
y las figuras espectrales del fondo de la tierra. 
Tu cuerpo, tu desnudez que se fugara
ocuparán mi cama algunas noches
y hundirán el arcano azul del sufrimiento
en las verdes estrellas
 que laten debajo de la tierra.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Erick Bolden - Art Nude with rope

jueves, 29 de agosto de 2013

La Inmensa Noche de la Vida




Cuando fui pastor
no pude conducir mis ovejas a la luz
y se ahogaron, 
se ahogaron
en la noche inmensa de la melancolía.
Entonces llegaste,
descalza en la mañana, 
cantabas y me dijiste que tu canto
podía colgarse de las nubes;
después,
me hablaste de tu madre,
y de tu antiguo novio. 
Mencionaste tus juegos de niña
y el futuro al que sentías
como otra voz de las estrellas.

Al regresar me esperaban mis ovejas,
intactas bajo la brisa tibia 
de la resurrección.
Fui a buscarte, pero ya no estabas;
alguien me dijo que te habías disuelto
en un vuelco del sol

Desde entonces
mi soledad juguetea con la estrella del sur
y las ovejas 
echan a rodar sus balidos
por la inmensa noche de la vida. 

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Claudia Cardinale

miércoles, 28 de agosto de 2013

Olvidemos el Cielo



Por un instante,
olvidemos  el cielo 
Siempre estará allí.  
Sólo con levantar las cabezas
podremos beber sus maravillas.
Ahora caminemos descalzos sobre la tierra.
 Huele el perfume de los abetos
y escucha el chapotear de los gansos a lo lejos.
El aire de la noche se llena de catedrales
y somos los sacerdotes que celebran la hierba.
Olvidemos  el cielo.
Hay demasiada sangre en el camino
que conduce hacia él.
Es otoño, brillan en los árboles
la hojas antes de caer. En la casa arde el fuego
y dormiremos junto al hogar mientras las llamas
dibujan la noche en las paredes.
Por un instante
olvidemos el cielo.
Esta noche,
las estrellas se alejaron demasiado. Quizá mañana
retornen con sus latires y sus gestos
a trazar un sendero entre los árboles
que nos conduzca al mar.
Ahora canta un pájaro. El crepúsculo se abate.
Trina la tierra y el fuego de la sala
llena de nidos el aire del otoño. Esta noche
el cielo es una extension helada. El infinito
se aleja de los cuerpos. Canta otro pájaro
y tu calor es lo único que existe. 

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Thirtythree

sábado, 24 de agosto de 2013

Algunos pájaros anidaron en tu seno derecho




Entras rampante por la puerta
que la noche acaba de abrir con su boca redonda,
 Ciega,
negra de tanta luz,
entras con la mirada fija en el cuadrante de la esquina
donde un universo se vuelca en la luz del farol y en el juego de los niños
Persigo tus huellas desnudas como un menesteroso
Tu belleza es tan sólida,
que podría cortarla el facón de un malevo.
Tu belleza carnal,
a la que muchas veces trozaron los matarifes
y la arrojaron a los perros hambrientos del Dock Sud.
Pero ahora regresas triunfante
con tu piel tan clara como la leche de la noche
cuando se vierte lentamente sobre el lago
 En el suelo mi rostro
está a la altura de tus talones blancos, de tu indiferencia abisal
y miras a lo lejos las salinas
extensas como el planeta
y dices que hay que remover la sal, devolver el verde a la grama y la humedad a la tierra
que debajo de tus pies desnudos gime como un enorme gusano marrón
y la luna verde del final del kalpa
se agita
y las estrellas van y vienen,
enamoradas del fluir incesante de las cosas.
Algunos pájaros anidaron en tu seno derecho,
exactamente debajo del pezón,
donde una abertura tibia protege los pichones
en ese gesto inevitable 
de reproducirnos a toda costa
que tenemos los seres del tercer planeta. Cae una lluvia débil
que aumenta tu grandeza
y la palidez de tu talle desnudo
al que quisiera tomar con mi brazo en el sueño de un sueño.
El día es un fantasma en medio de la noche.
La alborada es un deseo lejano, una fantasmagoría
para las flores que sólo viven entre las tres y las cinco
y que al verte agonizan en paz
creyendo haber contemplado al propio sol.

GOCHO VERSOLARI

viernes, 23 de agosto de 2013

Tu Vellón



 Tu vellón 
me acosa desde el cielo
Tu vellón que ha quedado solitario 
desarmando el lecho con un sueño intranquilo,
cargado de cuervos que lo asaltan y yo aquí,
trasportando la carga por los desfiladeros; el día 
es un borrico soñador y perezoso 
que avanza lentamente. 

Al volver  
tu vellón será una flecha larga
clavada en mi ombligo, irradiando hacia mi bajo vientre, llegando hasta mis pies como una nube índiga
Toda la tarde tu vellón habrá transitado hasta el río
y flotado en los cachalotes de la noche
que se extraviaran en la luz. Tu vellón,
azul de tanto recordarlo,
áspero en su suavidad,
calmo en su ira. Tu vellón,
 empeñado en trascender,
se atesta de las páginas
de existencialistas españoles;
memoriza parrafadas de Ortega y Marías
a las que suelta cuando me extrañas y lloras y cargas el agua
y caminas hacia la cabaña que se levanta en la sierra
con la forma de una madre que ha terminado de amamantar. Tu vellón me sueña
y yo lo sueño;
nos encontramos en los delirios oníricos 
de esa pequeña cabellera
que gravita en la puerta de tu carne; suave cerrojo; blando carcelero. Somos cómplices
mientras el día se vuelca y se mezcla con el lago
y el lecho es un ladrido de perros 
que no terminan de acosarme.

(Tu vellón es el cabello tibio
de todas las estrellas).

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Virzeskaya Kassandra

lunes, 19 de agosto de 2013

Tus Pies



 Anoche
sentí tus pies
caminando en mi pecho. Se detuvieron
en el lago sin nombre de mi ombligo,
rodearon mi pelvis
y siguieron por las piernas
hacia mis propios pies donde se disolvieron bajo el brillo de la primera aurora.
Después fue un silencio lleno,
agudo como una aguja que entrara por mi médula. Después
fue una lluvia de gotas azules
precedida de nubes marrones,
de peces que se elevaban en la media mañana

y de pájaros yertos que volaban sus muertes.
Después
descubrí tus huellas húmedas y fantasmales
en la sábana gastada,
en las paredes llenas de humedad,
en los pisos helados.
donde el sol procuraba llegar
Te intuyo en el mundo de los vivos
donde tus pies desnudos se llenan de barro
y hay nubes reales y la brisa
huele a polvo de alas de mariposa. Tus pies. Tus labios. Tu mirada,
espectro de los vivos que transita
el silencio de los muertos.

 Ahora

la luna se columpia y muere
en la cuadrada brisa de las tres.



GOCHO VERSOLARI

sábado, 17 de agosto de 2013

El Sueño



El sueño llega a veces
como un mosquito sin zumbido, sin aguijón ni cuerpo,
se detiene por un instante en el dorso de mi brazo
y luego continúa su vuelo
Ha arrancado de mi vientre
una serpentina leve, leve que se prolonga y que no acaba
en ninguna de las estaciones  del mundo sublunar.
 Otras veces
el sueño es un fantasma suave que gira como una peonza en el atardecer cuadrado de las tres, y la tarde espectral oculta las vibraciones de los mundos y el cielo es un enorme y brillante gusano que explota hacia adentro.
Y luego las sombras. Las sombras.
Las sombras,
en abanico, en racimos, con  sonidos de castañuelas y tus tacones golpeando el cemento, y tu clavel atravesando el entrecejo y tu resuello. En el sueño
marcharás por las cornisas de la noche
eligiendo aquella que te derrame al vacío
de una muerte espectral,
propia,
cuadrada
como el hueco de los días cuando se apilan unos sobre otros
y nos exigen que los evaluemos,  
como niños que jugaran a ser dioses.

Es el sueño.
Es el sueño,
repites en mi oído y luego
fundes y derrites las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: El Sueño - Paul Delvaux

jueves, 15 de agosto de 2013

La Mujer Desnuda en el Centro del Sol






En el centro del sol hay una mujer desnuda
inclinada sobre sí misma, con las rodillas tocando el mentón
Dicen que sueña,
que se eleva a veces y el vaho de la tarde la exhibe
en una nube cuadrada de fines de setiembre.
Corre a los brazos de su amante
  cuando la línea roja de la aurora
se trepa al edificio del polvorín
y a medida que avanza la mañana,
en las solitarias calles del sueño se unen el amor y la muerte, como dos columnas de carne que se buscaran y se buscaran
sin encontrarse nunca. 
Otras veces la desnuda mujer del sol,
sueña que es una mariposa
y atraviesa prados y bosques y lagos
de una humanidad a la otra
y luego  corre como una gacela por las llanuras del cielo
y luego
agoniza en Kosovoen Sabrah o en Atenas mientras los soldados
pintan el sol de plomo.,
En los atardeceres podemos ver sus pies
colgando de los pinos azules que el crepúsculo despliega en la dorada caída de la tarde. 
 Hacia la noche,
su silueta vibra tenue a lomo de la luna. 
y nos espera
un día y otrouna mañana y la siguiente
para que nos unamos a su piel 
 soñemos, 
soñemos
con lunas que se transforman en cisnes,
con la mirada triste de los amaneceres;
 con ojos de perros solitarios;
con grullas que no dejan de gritar
cuando  el crepúsculo se postra ante la noche y aguarda
que se desnuden una a una las estrellas.


GOCHO VERSOLARI

miércoles, 14 de agosto de 2013

Hay una suerte de barco gigantesco









Hay una suerte de barco gigantesco
flotando en el aire de la tarde. Tu silueta descalza
se columpia entre dos ramas de un árbol
y un par de coleópteros se hacen el amor
en pleno vuelo.
Hay una suerte de barco gigantesco
pendiendo de la luna
cuando el lago se llena de luces
y tus huellas se imprimen
 en el barro de la madrugada.
Subamos a ese barco alguna vez. El tiempo será un niño azul jugando con los pájaros de la brisa del crepúsculo; será una luna aulladora y una constelación verde tendida en el cuadrante sur de tu seno derecho.
Subamos a ese barco
alguna vez,
cuando las anémonas susurren escandalizadas
al ver tu desnudez saltando por los techos
y tu cuerpo que se balancea desde Aldebarán
a las arenas de Alfa del Centauro.
Subamos a ese barco cuando grite la noche.
un canto ensordecedor y silencioso
y se arrastren como magníficas serpientes
las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Serge Marshennikov

lunes, 12 de agosto de 2013

Himno al Hígado




Mi hígado flamea como una bandera;
míralo niña,
camina hacia él
y besa cada uno de los lóbulos
del húmedo y rojizo tejido,
que brilla como una flor extraña. Mi hígado
se proyecta en el amanecer. Míralo entre las nubes
como un pájaro nuevo;
ordéñalo como a una vaca;
con tus dedos blancos arranca los fluidos,
mezcla de líquidos y música.
Abajo, en la tierra,
tu madre nos espera y se pregunta
si aquella nube roja anuncia lluvia.
Es mi hígado, señora, aprecie su belleza; se parece a usted en sus años mozos. Dedíquele unos pasos de baile y mi hígado lanzará un gemido de contento.
Luego tu madre nos dejará solos
y el hígado bajará a las glorietas y nos ofrecerá su carne tibia,
como un súbito terciopelo marrón
para que nos amemos. Montaña bendecida por la sangre del cuerpo,
 cantará una melodía azul
antes que se abalancen las estrellas.


GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Personaje en forma de nubes - cuerpo de nubes - Dalí

sábado, 10 de agosto de 2013

El vientre de los pájaros

Las tormentas surgen
del vientre de los pájaros
donde un botón de luz genera rayos, truenos:
la mirada y la voz de alguien que se oculta
más allá de la luna.
Entonces emergen las estrellas,
lentamente,
para precipitarse luego
sobre las plantas de tus pies
que corren en la noche alejándose, alejándote del silencio, elevándose, elevándote como una cúpula, como una catedral para luego abalanzarse, abalanzarte sobre tus cabellos rojos, donde enredará plumas y cielos y dolores sutiles como agujas.
Es por eso
que en ciertos vuelos los pájaros elevan una de sus patas
y exhiben sus vientres redondos,
agudos,
brillantes como tus ojos y tus labios
cuando llega la madrugada insomne
y escapan de tu boca los insectos tenues
que acumularas en el ombligo de la noche.
Ahora llueve. Los relámpagos
estallan y se esconden en tus uñas
y ríes
y ríes
en medio del dolor que se derrama como un vientre
desde la luna nueva.

GOCHO VERSOLARI

viernes, 9 de agosto de 2013

La Amarga Cicuta del Crepúsculo (Semblanza de una danza ritual y un tanto sangrienta)





Invoco a los dioses ocultos en los choclos
y en la madera de los árboles
que observo desde mi ventana. Diariamente
elevo ofrendas a las divinidades que se arrastran,
las que en la tierra abren 
las puertas de los cielos.

Cuando los conjuro en la tarde
con semillas de girasol y leche de sol,
apareces descalza desde el norte
y bailas en el pequeño prado del este
y sólo yo te veo bajo la entresombra
y el ruido azul de las nueces que caen sobre la tierra.

Luego me ofreces bajar al inframundo
a conocer las entrañas de los dioses
que llenaran las preces del almuerzo.
Los vecinos del fondo sólo verán tus huellas
sobre la tierra húmeda,
sobre las gradas de cemento,
sobre el barro del estanque,
mientras buscas una entrada al mundo oculto
en una cueva de conejos,
en una gruta abandonada
o al hundirte en un remanso del lago
para atravesar viejos peldaños, columnas dóricas, recuerdos que flotan como algas
en la corriente repleta de cornejos.
 (El mundo de abajo
es siempre un enigma en la brisa de setiembre).
Me limito entonces
a musitar mis invocaciones en el idioma antiguo,
a conjurar al espíritu del pan
para que me proteja del enorme vacío
que deja entre los árboles tu danza
Con la partida de tu pequeño cuerpo
 la alegría se aleja
y sigue tus desnudas huellas,
mientras me siento estoico en el borde del abismo,
dispuesto, decidido
a beber hasta el fondo
 la amarga cicuta del crepúsculo.


GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Serge Marshenikov

miércoles, 7 de agosto de 2013

Las bestias cuadradas de mitad de la noche





Desde el pasado
llega una tarde azul. La noche
 se anuncia sedosa en el parque desierto
mientras los animales del crepúsculo
corren en desbandada por las avenidas.

Te veo como un contorno vacío, relleno de una nube añil y a veces siento el plomo del atardecer cuando no recuerdo tus ojos ni la forma de tu rostro ni tu perfil, el que otrora se asentara en las nubes del otoño.

A veces desde el pasado,
las navajas apuntan al presente
y se sueltan y corren
 como brillantes y rígidos gusanos.
y perforan mi ropa, mis zapatos,  y el mechón de cabellos que crece detrás de mi cabeza.

Clavado.

Inmóvil,
Contengo la respiración cuando apareces con tu rostro de entonces
sin el contorno fantasmal sin las nubes de arsénico que te invadían; con la falda amplia, la sonrisa grande, los pies descalzos, la blusa abierta en el punto central del escote  y agitas la cabeza y llenas el cuarto de viento con un perfume agrio. 

Clavado.
Imóvil,
siento que te acercas hacia mí y el tiempo se curva y se retuerce y  te escapas por tus grietas y te remontas luego de acercarte con tus caricias heladas y  tu cuerpo  rebosando animales sedosos .

Después seguirá el sueño
por acantilados negros,
cauces secos,
farallones azules

Después seguirá el sueño.
Al despertar
no encontaré tus huellas desnudas en la humedad del cuarto
No podré seguirte por la grama húmeda
ni por los insectos duros que tapizan la orilla
ni por las rígidas estrellas  de las diez

Ahora se retuerce la luna de las once
y las bestias cuadradas de  mitad de la noche
galopan un instante mi vientre
y se detienen


GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Jirafas ardiendo - Dalí