viernes, 2 de agosto de 2013

El Agua que pasa por los Candiles de la noche






El agua que pasa por los candiles de la noche
aguarda el nuevo día:
 una montaña de luz que se desploma
sobre los capilares del sol.
Un grupo de muchachas bailan descalzas en la espesura.
Un niño muere en el confín del mundo.
Una piedra rueda hacia la fronda
Una mariposa azul te roza el rostro.
Y las quebradas se lanzan desde arriba y buscan el cauce escaso del júbilo que se emborracha de silencio y se sumerge en inmóviles orgías. Los pájaros. Los pájaros.
Atenazan tu garganta con sus picos
y el duende del dolor salta sobre tu escote
y escapas descalza, alucinada
y corres sobre las espinas del bosque
sin sentir el dolor en tus plantas.
El rastro de tu sangre
hará que los lobos aúllen en la noche
para exaltar la fuerza de sus dientes
y llorar por tu próxima muerte entre sus fauces

El agua que corre por los candiles de la noche
se detiene un momento,
y en menos de un segundo entona endechas y casidas
dirigidas
al trono celeste que levantara tu padre
en dirección al sur,
mientras el príncipe  probaba tu zapato
noche a noche
para constatar que eras aquella,
la elegida desde siempre y con sus dedos finos
tomaba tu blanco empeine y lo calzaba
mientras afuera golondrinas blancas, destellantes
ensayaban una danza añil
cargada de insectos charolados,
de besos perdidos, de elfos solitarios
que no encontraban el regreso entre la fronda.

El agua que corre por los candiles de la noche
llega a un nuevo crepúsculo
donde detiene su fluir.
Y las primeras estrellas se desploman
en la Ciudad de Pan.

GOCHO VERSOLARI
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