sábado, 31 de agosto de 2013

La huella de tu pie se trazó en el rocío




Escribo desde el crepúsculo, con sus gotas de sal y de rocío. Escribo
sin conocer otra hora del día;
escribo
hundido en la pasta violeta donde los pájaros se calman
y las serpientes 
marchan hacia sus cuevas.
Escribo
sin esperar la noche con su carga de voces,
sin esperar la aurora y el estruendo del sol.
El ocaso es un puente,
un camino que acaba y otro que comienza.
Hay azules puntas de guitarra
que suenan con una alegría contenida
para evitar el pecado de la carcajada, 
el escorzo de un cuerpo desnudo
y tus pasos descalzos que se acercan
y me preguntan
si no quiero el café de la noche. No te demores,
llegarán los mosquitos
atraídos por la luz del duermevela,
me adviertes mientras la luna se prende de los árboles
como una amante que reclamara 
 caricias y palabras.
Bastó con tu presencia,
tus cabellos sueltos,
tus pisadas núbiles sobre la madera
para que el tiempo siga el curso
y no quede atrapado en un eterno crepúsculo
donde se repita para siempre el canto de los grillos.

La huella de tu pie se trazó en el rocio
y en su contorno vibran las estrellas.

GOCHO VERSOLARI
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