viernes, 23 de agosto de 2013

Tu Vellón



 Tu vellón 
me acosa desde el cielo
Tu vellón que ha quedado solitario 
desarmando el lecho con un sueño intranquilo,
cargado de cuervos que lo asaltan y yo aquí,
trasportando la carga por los desfiladeros; el día 
es un borrico soñador y perezoso 
que avanza lentamente. 

Al volver  
tu vellón será una flecha larga
clavada en mi ombligo, irradiando hacia mi bajo vientre, llegando hasta mis pies como una nube índiga
Toda la tarde tu vellón habrá transitado hasta el río
y flotado en los cachalotes de la noche
que se extraviaran en la luz. Tu vellón,
azul de tanto recordarlo,
áspero en su suavidad,
calmo en su ira. Tu vellón,
 empeñado en trascender,
se atesta de las páginas
de existencialistas españoles;
memoriza parrafadas de Ortega y Marías
a las que suelta cuando me extrañas y lloras y cargas el agua
y caminas hacia la cabaña que se levanta en la sierra
con la forma de una madre que ha terminado de amamantar. Tu vellón me sueña
y yo lo sueño;
nos encontramos en los delirios oníricos 
de esa pequeña cabellera
que gravita en la puerta de tu carne; suave cerrojo; blando carcelero. Somos cómplices
mientras el día se vuelca y se mezcla con el lago
y el lecho es un ladrido de perros 
que no terminan de acosarme.

(Tu vellón es el cabello tibio
de todas las estrellas).

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Virzeskaya Kassandra
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