miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cuatro huellas desnudas en la orilla del río.





Una nube de insectos con tu rostro
atravesó el espinal a medianoche
y llegó hasta mi cama
despertándome con los zumbidos, arañando mi cara y mi silencio derecho; la nube de insectos con tu rostro y con tu cuerpo desnudo, sin tu calor, sin tus pisadas claras, sin tu voz pendiendo de las tres.
Después se arrastraría fuera del círculo azul
donde la cuarta estrella despositara sus fluidos
y en la glorieta la anciana ofrecería té a todos los paseantes
y algunos se sentarían a beberlo,
y no te verían desnuda entre los árboles. Tan sólo yo,
luego de haber recibido
la santificación de los insectos
pude observar tus verdes caderas,
tus senos amarillos,
tu caer del silicio del techo de la alborada
y estrellarte una vez
y otra
contra el alma redonda de la acera.
Más tarde,
cuando el crepúsculo ponga  huevos entre los pastizales,
nos marcharemos juntos:
brazos entrelazados,
miradas azulinas;
cuatro huellas desnudas
en la orilla del río.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Joss Stone

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