lunes, 30 de septiembre de 2013

El Cielo Niño.





El cielo puso huevos en el gallinero
que levantáramos en la parte trasera de la casa
donde las aves se pasean, los pavos exhiben sus colas y las gallinas cloquean en las tardes
mientras el silencio del guisado
llena  de olor la sala y sus alrededores.
El cielo desovó
en el tercero de los nidos contando de la izquierda;
con su enorme corazón (el puño cargado de sangre que la expele y la impele al abrirse y cerrarse) ha puesto un huevo rojo y azul y ahora cacarea
con arrestos de nube,
el cielo, 
aquel gigante que gusta revolcarse en granos de mostaza
y que se asoma a la ventana del baño mientras te duchas
y musita con el niño de la próxima casa
sobre arreboles y balcones,
 silencios y encajes,
 muertos y vivos,
espectros y columnas de sal.
Ahora traigo el huevo enorme  y lo deposito en el rincón más alejado del hogar,
junto a la foto de tu familia. En cinco horas se quebrará suavemente
 y mostrará algunos plumones azules
del pichón que aullará en el crepúsculo
y perseguirá tus pies desnudos,
enamorado de la pulsera de tobillo donde brilla un diamante; la joya que te regalara para nuestro aniversario. En la noche,
los  embriones de cielo saltarán entre los dedos de tus pies, jugarán al tobogán con tus empeines
y treparán  jadeando las colinas de tus tobillos.
En la noche,
armarán un cielo adolescente en el interior del cobertizo
donde nos amáramos por primera vez sobre las parvas de heno.
y deberemos contenerlos para que no hagan levitar a las gallinas
y cuadren el azul silencio que beberemos gota a gota, nosotros, el rey y la reina, muertos y yaciendo en el mismo ataúd
cuando llegue la gloriosa nigredo de las tres. Que no te extrañe
si alguna vez amanecemos como un ser de dos cabezas, cuatro pies y un solo corazón,
siameses súbitos
por la gracia del cielo niño
que nos bendice diariamente desde el alféizar
y que salta como un infante loco bajo el sol de la tarde.

Ahora,
marcha descalza hasta el tercer alambre.
Seducirás con tus caderas
a la tierra y los cielos.

Al rescoldo del sol.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Levitation - Sergei Bizyaev
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