miércoles, 9 de octubre de 2013

Descalza en la Ciudad de Pan




Aún resuena 
la olla del mediodía en su reverbero azul
y vuelves  a surgir descalza del tronco del ombú
donde ya sospechaba una entrada  en las raíces hacia aquel verano en el que cumplieras dieciocho
y te regalaran una mirada llena de percal
y un dije de brillantes
y un ramo de glicinas azules como tu cielo
Entonces caminas hacia mí y un estruendo de labios redime la fronda de la vejez de este largo tiempo de humedad añeja  y acumulada en mis riñones;
de estos años
que cuecen mis rodillas con el dolor de la lluvia.
Las puertas de la Ciudad de Pan lanzan vibraciones violetas al verte llegar 
y nos adentramos en la masa de las paredes, en los suburbios con escaleras azucaradas
y grillos empalagosos que no dejan de cantar
y cantar
y buscamos la casa con el primer piso, las ventanas
con forma de corazones y la sospecha de que alguna luz creciente se deja caer desde un cielo
que apenas sabe de nubes y de grises.
Entonces nos amamos
una vez 
y otra
y tu sexo canta
y no deja de cantar.

 Sólo en la ciudad del pan
puedes llegar descalza desde el tronco del pasado,
vestida de enredaderas y diademas de sal
para grabar tus pisadas
una vez
y otra
en la humedad ardiente y ahuecada
de la luna final.
.

GOCHO VERSOLARI
Publicar un comentario