domingo, 6 de octubre de 2013

Estruendo de vacas.



En los templados establos
donde el amor huele a paja,
a honrado estiércol y a leche,
hay un estruendo de vacas
que se enamoran a solas
y a solas rumian y braman

Miguel Hernández




Las vacas atronan las praderas
con un silencio rumiante bajo el sol de junio.

(De vez en cuando
un mugido
nos recuerda el paso de las cosas,
que no es otra la función del sonido)

Luego los siseos leves, el caminar entre la hierba
el agua del abrevadero  cruzando las gargantas
y el sol, siempre el sol florido, granate, azul, desconsolado
implacable como una cebolla enorme en pleno cielo.

El sol demoledor de las tres
que arranca rasguidos de las piedras
y los rumores de las colas de las vacas
espantando las moscas de sus lomos.
Toda una sinfonía. 
                          El espíritu de Mozart
rumia uvas en la alberca y huye a eso de las siete
a la sombra del bosque
donde alguna ninfa se escaparía  a meditar
y se vería a sí misma en las copas de lo árboles
tendida sobre el pecho de un humano
Y el sol, 
             y sus gritos inarticulados,
agónicos,
              robustos
que caen entre las vacas serenas
arrastrando mi soledad
a los establos.

GOCHO VERSOLARI
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