sábado, 23 de noviembre de 2013

La Vida Sexual de las Montañas






Un anciano moribundo
confesó que las montañas fueron gente en una época lejana y aseguraba saber dónde se encontraban sus ojos, sus bocas y sus dientes; los orificios de sus narices y sus sexos,
azules genitales de roca
tendidos de sur a norte,
de horizonte a horizonte
y decía el anciano con la muerte enredada en su garganta
que  conocía las noches
 en que montaña con montaña
copulaban
en que las moles gigantescas se encimaban y amanecían exhaustas luego de haber derramado sus fluidos de rocas y de polvo.
Salimos un momento del cuarto para ver las montañas debajo de la luna llena. Dijiste: aquel pico es un caballero y el otro es una dama, pero el anciano había mencionado  los sexos, no  los géneros. 

Después
corriste descalza agitando las caderas en dirección al lago. Después
te desnudaste colgando tu ropa en los árboles de la senda. Después
te abracé en el inicio de la cascada. Cabellos húmedos. Piel ardiente. Las montañas
bramaban con los primeros brillos de la aurora

Cuando regresamos el anciano había muerto. A lo lejos
los picos danzaban en un baile de fertilidad. Las piedras milenarias
renacían, renacían, convirtiéndose en gente. Después
la prensa  diria que fue un temblor y nadie creería en el orgasmo de las rocas,
transformado en deslaves cenicientos,
en aludes poderosos. Tú y yo vimos las montañas
trepdas una sobre otra, copulando furiosas y luego rodando con un gesto de amenaza al cielo.
Esa noche enterraron al viejo y no borraron la sonrisa del rostro
mientras las nubes cuadradas del crepúsculo preparaban aplausos
para celebrar otras cópulas azules, polvorientas
debajo de los primeros brillos de la aurora.

GOCHO VERSOLARI 

Ilustración: Las Montañas del cabo de creuse en marcha

jueves, 14 de noviembre de 2013

De nubes




Una nube corre como una muchacha
o un muchacho
 y se une a sí misma y se vuelve a unir
en un amor oscuro, 
alocado, 
alojado en los cofres de la aurora
donde las nubes van, 
vienen, regresan
como manadas quietas,
 juguetonas, 
azules,
negras y ambarinas.

Te veo correr descalza en la pradera verde
que se extiende entre el sílice de la playa y las laderas rocosas y grises como gigantescas tortugas.
Te veo correr
azul,
 tendida, 
quieta, 
 caída inmóvil en esa simulación de la muerte
que representas desde niña.
Imito a las nubes
me dices con una sonrisa soñadora con la que aspiras volar como un cometa
y caer lentamente por las colinas de la luz,
cubiertas de pájaros, 
de trinos, 
de miradas yertas.
Tu madre te llama para que te calces, ya que el cura está al llegar
y tú  escapas hollando con tus desnudos pies los excrementos de las gallinas
y te hundes en mi cama
y te revuelcas en el calor que mi cuerpo nocturno dejara entre las sábanas,
y sueñas con mi carne, 
y sueñas con mis sueños
mientras las nubes allá arriba se amontonan
y gritan y gorjean como cósmicos pájaros,
mordiendo la carne del sol,
los pedúnculos del crepúsculo
y el deslizarse azul de la próxima aurora 
que aún no llega. 

Que vendrá. 

GOCHO VERSOLARI 

Ilustración : Personaje en forma de nube (Cuerpo de Nube) - Dalí

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Tus Pies





Tus pies,
dragones asombrados y asombrosos,
recorren mi vientre en las mañanas, transforman en tierra mi ombligo; en pájaros
 los sueños de mis vísceras.
Cantan sin boca, sin cuerdas ni sonido
ocultando sus notas
  en el  animal que protege mi sexo . 
Tus pies,
soldados de la noche trotando amaneceres,
pájaros rastreros y aguaceros tiernos, 
súbitas  muerte de las ramas.
Tus pies
que llegan
y se marchan
por la ventana de las horas,
cuando las lluvias montan los sueños en el vagón del día
y tu madre llena las glorietas con su presencia enorme. Tus pies.
Siempre tus pies
hechos de fuentes y de porcelanas,
de azules vasos con ojos y con manos,
Tus pies:  blancas garrapatas
capaces de beber la sangre de los ángeles.
Guardan la suavidad
 de todos los tornados
y la pasión morosa de las piedras
bajo el canto de la luna en las noches de agosto.

Tus pies,
pequeños huracanes.
Demuelen una a una las estrellas. 

GOCHO VERSOLARI 

Ilustración: Vizerskaya