domingo, 6 de abril de 2014

El Reclamo del Ratón Cañaña - Nueva entrega de LA AGONÍA DEL UNICORNIO - Revista Arena y Cal

En nuestro lenguaje no hay una palabra equivalente a homicidio. No concebimos la muerte individual. Quien mata a uno de nosotros, mata a todos. 



Revista ARENA Y CAL presenta

El Reclamo del Ratón Cañaña 



(Capítulo 16 de LA AGONÍA DEL UNICORNIO)



...Mientras el carillón seguía sonando, el galeno pasó a otro cuarto y se inclinó sobre un juego de abalorios que colgaba en una de las paredes de la biblioteca. Moviéndose con gracia sobre un cuenco, los adornos convocaron a un espíritu acuático y preternatural que residía en el agua. Era un ser diáfano, gordo, que se movía con dificultad. Al pretender escapar de la escudilla, resbalaba y volvía a caer una y otra vez en el interior. El cuerpo desnudo, pequeño y trasparente, podía mostrar al visitante. El dueño de casa vio una delegación de obesos ratones que llegaban a entrevistarlo. El halo de color rojo que emanaba de los cuerpos, indicaba ansiedad y preocupación.

Lea el resto del cuento aquí:

El Reclamo del Ratón Cañaña


viernes, 4 de abril de 2014

El Hombre Descalzo y la Nueva Visita de la Muerte

Para leer el cuento completo, pulse aquí. 

Al cumplirse un mes de la mudanza de Marcela a mi casa, el Dragón de Humo volvió a atacar. Habíamos terminado el almuerzo y yo me disponía a iniciar mi lectura de la tarde, cuando escuchamos trepidar el piso de la cocina. Fuimos hacia allí y al sentir el roce de los pies descalzos, el rugido de la criatura hizo vibrar paredes y ventanas. Abracé a mi novia, nos besamos y caímos sobre las cimbreantes baldosas, desnudándonos a los manotazos, mientras la arcaica bestia bramaba desde las profundidades....






Revista PULSO DIGITAL presenta

Cuando la Tarde se Abalanza




Cuando la tarde se abalanza
desde las copas de los árboles,
la lejanía me hiere como un pájaro
y hasta la noche
camino con el ala rota por los senderos de las horas,
llevando las caperuzas del dolor
en mis cien cabezas que se abren como flores,
en las iguanas del  tiempo con sus verdes bocas preparadas
para tragar los residuos diminutos de mis segundos.
Cuando la tarde se abalanza
Desde las copas de los árboles,
la lejanía es una serpiente blanda,
que sube mis mareas de fuego detenido
y anega mis orillas.
Faltaría que llegaras
con tu aire sin voz, con tus cabellos
de los que conozco
hasta el tuétano de cada radícula
Faltaría que llegaras. Tu silencio
me tendería manos y muelles emociones
que cicatrizarían mis flancos y mis labios.
Debes saber que estoy solo
en la tarea de agonizar,
de extinguirme
y volver a expirar
con el silencio lejano cargado de mensajes,
de papeles convertidos en dagas
  que llenan mi pecho de costuras,
de resecos panes y de miedos. Una coraza
de azules aldabones
 tendida en el silencio del crepúsculo,
me impide beber la inmensidad
de las estrellas.


GOCHO VERSOLARI

Ilustración: La Tarde Delicada - Giorgio de Chirico

jueves, 3 de abril de 2014

En el Meollo Emplumado de la Nada



Caminemos cimbreantes, desnudos como las rosas o los alacranes,
desiertos como los cormoranes y los linóleos
de tu casa materna, de tu silencio prieto
de tu ternura inmóvil, de tu agonía arcana
Caminemos, caminemos mientras vibran las arañas en la punta del silencio
y los pelícanos hienden la nada de tus huesos. Una caverna en la roca de mi pecho. El animal de un fuego. El bramido del pan
y el alma que me pide que ame como un beduino,
como un olvidado piojo en el mediodía calcinante,
como una ameba que aprendiera a volar
para elevarse en el fuego del mediodía
y en los rescoldos de las hogueras nocturnas
cuando bailáramos cimbreantes, descoyuntados
azules y glaucos
dulces y silente
hasta beber la gelatina que las estrellas destilaran
en el centro embalsamado de la luna
en la sombra del lago;

en el meollo emplumado de la nada.


GOCHO VERSOLARI

martes, 1 de abril de 2014

Quinto intento de escribir un poema sobre la rosa




Este es el quinto intento de escribir un poema
sobre la rosa.
Miro a mi alrededor. No hay rosas
ni siquiera dibujadas.
Quizá un flamenco en mi mente,
un laberinto,
un gekko;
un ladrido a los lejos
o el gato que la vecina
 arrojara a las calles del invierno
por ensuciar los muebles.
Nada que evoque la sombra de una flor.
Quizá deba escribir
sobre la ausencia de la rosa;
ese elixir de escalonadas formas
como los techos medievales,
ese perfume dulce y vegetal,
el tallo tosco
y las tiernas espinas que sueñan
la sangre del planeta
y la de aquel
que no deja de evocar todas las rosas
sin detenerse en una.

Otro poema fallido y van dos días
que persigo a las rosas,
que las veo trepar en las mañanas por el este
y hundirse en tus huesos,
en tu piel.

En tus estrellas.

GOCHO VERSOLARI



Debo Aguardar a que el Tiempo me convierta en Balsa



Luna nueva;
temo  no ver en la noche
el descolgarse azul 
de las cigüeñas de la luna

por las constelaciones de adentro,
  tu incitarme a que te busque 

en las cuevas de mi hígado. Te agitas,
dulce dolor del poema; dulce e inválido, prendido
como la dentellada de   Cancerbero
en las entrañas luminosas de mi pecho 
y no hay canoa 

que me permita atravesar los ríos,

llegar hasta tus pies,

remontar tus crepúsculos;

beber los témpanos mansos de tus manos.

Llega la noche;
sentado en la  orilla lenta y poderosa,
debo aguardar a que el tiempo me convierta en balsa.


GOCHO VERSOLARI