viernes, 4 de abril de 2014

Cuando la Tarde se Abalanza




Cuando la tarde se abalanza
desde las copas de los árboles,
la lejanía me hiere como un pájaro
y hasta la noche
camino con el ala rota por los senderos de las horas,
llevando las caperuzas del dolor
en mis cien cabezas que se abren como flores,
en las iguanas del  tiempo con sus verdes bocas preparadas
para tragar los residuos diminutos de mis segundos.
Cuando la tarde se abalanza
Desde las copas de los árboles,
la lejanía es una serpiente blanda,
que sube mis mareas de fuego detenido
y anega mis orillas.
Faltaría que llegaras
con tu aire sin voz, con tus cabellos
de los que conozco
hasta el tuétano de cada radícula
Faltaría que llegaras. Tu silencio
me tendería manos y muelles emociones
que cicatrizarían mis flancos y mis labios.
Debes saber que estoy solo
en la tarea de agonizar,
de extinguirme
y volver a expirar
con el silencio lejano cargado de mensajes,
de papeles convertidos en dagas
  que llenan mi pecho de costuras,
de resecos panes y de miedos. Una coraza
de azules aldabones
 tendida en el silencio del crepúsculo,
me impide beber la inmensidad
de las estrellas.


GOCHO VERSOLARI

Ilustración: La Tarde Delicada - Giorgio de Chirico
Publicar un comentario