jueves, 3 de abril de 2014

En el Meollo Emplumado de la Nada



Caminemos cimbreantes, desnudos como las rosas o los alacranes,
desiertos como los cormoranes y los linóleos
de tu casa materna, de tu silencio prieto
de tu ternura inmóvil, de tu agonía arcana
Caminemos, caminemos mientras vibran las arañas en la punta del silencio
y los pelícanos hienden la nada de tus huesos. Una caverna en la roca de mi pecho. El animal de un fuego. El bramido del pan
y el alma que me pide que ame como un beduino,
como un olvidado piojo en el mediodía calcinante,
como una ameba que aprendiera a volar
para elevarse en el fuego del mediodía
y en los rescoldos de las hogueras nocturnas
cuando bailáramos cimbreantes, descoyuntados
azules y glaucos
dulces y silente
hasta beber la gelatina que las estrellas destilaran
en el centro embalsamado de la luna
en la sombra del lago;

en el meollo emplumado de la nada.


GOCHO VERSOLARI
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