lunes, 14 de julio de 2014

Duele el Cielo




Duele el cielo . duele. No siempre
destila y traspira paraísos, no siempre
se monta en celestes iguanas
para recorrer las frondas e iluminar las cabezas de las jóvenes.
Duele
un momento antes de la lluvia,
o cuando el pecho se cierne sobre las semillas
o cuando recordamos
la ciudad de pan donde viviéramos
antes del cataclismo.
Hay rosas trabajando en los veranos,
montando arquitecturas verdes, tiernas
como brotes de sándalo.
Hay pies que se deslizan en las tardes
y muelles que crecen en la tierra
y sueltan las gaviotas
que alguna vez se acurrucaran
en el corazón de las columnas.
Y el cielo duele cuando el rojo de la tarde
nos alcanza el costado del pecho y nos recuerda
las multitudes que dejamos atrás
cuando las montañas erigían sus latidos
y el pan de las estrellas
montaba los blancos esplendores de la grama
 en mitad de la noche.
El cielo sigue ahí,
sufriente, alegre, muerto, vivo.
Sigue con sus reglas y sus sueños
y recogemos sus mendrugos
cuando la nieve deja de caer
y muere un pájaro.


GOCHO VERSOLARI
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