sábado, 19 de julio de 2014

El Oso Gigantesco de la Luna




En la madrugada tus pies desnudos dejan huellas en el  cielo;
un minuto antes que el sol asome
y que los gallos se hundan en sus orgías matinales
y los corderos,
que dormirán cuando la luz se pliegue
mientras las frutas del otoño
  llamen al sacrificio,
cerrando campanas y baldones
sobre los oídos vírgenes de las jóvenes que ahora duermen
y se levantarán como sonámbulas
para ver en el patíbulo de las seis
cómo decapitan al hombre gordo,
cómo rueda la sangre
formando  bolas pequeñas
que atravesarán las pupilas de la entresombra
y se mezclarán pringosas al atardecer
y cuántos pies encharcados en coágulos
y cuánto olvido aglutinado en  gotas de rocío
y cuánto canto muerto sobre tumbas selladas
para que no escapen los muertos,
mientras tú sigues soñando con la vida
y saltas de rama en rama y brillan las plantas de tus pies
ansiosas de la tierra
sobre la que te precipitas con un chillido
como el de una plancha ardiente
 al sumergirse en agua fría.

Ahora llueve.
Los muertos aguardan las profundidades
Donde verán la luz
escondida en el peludo,

en el brillante pecho
del oso gigantesco de la luna.


GOCHO VERSOLARI
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