miércoles, 13 de agosto de 2014

El Muerto Silencio de la Resurrección



La tarde se ha detenido
mira a su alrededor y te ve bajando la ladera y se trepa
a tus desnudos empeines que eligen el camino que hoy he desbrozado.
La tarde se ha detenido. Su objeto
era echarse a descansar mientras los pájaros de alas anchas
llevaban el horizonte de un lado al otro
en una danza tan antigua como la tierra
y luego picotearían al sol hasta desinflar su luz 
y arrojarlo a los fosos para que busque el camino del retorno.
Ahora
ignorante del drama cósmico que desata tu presencia blanca,
sigues bajando la colina murmurando una canción y evitando los sapos
Una serpiente desde las sombras te protege.
Si llegara a llover
se torcería para generar un techo y proteger tu peinado
y se enroscaría en tus senos para evitar el viento del crepúsculo
cuando el fantasma del otoño
arribe desde los arrabales del ser.
Ven 
que tus padres te esperan en la casa pequeña
donde el fuego arde y han matado un cordero
para celebrar tu llegada. La noche se huele
se huele
junto al humo que sale de la chimenea
y los ocumos asados en las últimas brasas.
Niña, estás desabrigada,
dirá tu madre cuando pises el linóleo 
y las huellas de tus pies desnudos se dibujen
en la superficie verde oliva. 
El sol explota en los abismos. Apenas muere
se arrastra para volver a trepar
y regresar cuando las grietas de la noche se conviertan en bocas
y lo besen de pronto 
en el muerto silencio de la resurrección.

GOCHO VERSOLARI
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