martes, 19 de agosto de 2014

La Marcha de las Rocas



Las rocas tenían pies y recorrían
el espectro de la primera tarde hasta el crepúsculo
Granito, basalto, piedras del camino,
marchaban en esa dimensión donde la fijeza del mundo se disuelve y se ven las líneas onduladas de las cuatro; las dimensiones de una tapa al abrirse; los pequeños mundos del resplandor del sol sobre una plancha de hierro y la vida y la muerte en la pluma que cae de un ave en vuelo
El reflujo llega siempre
cuando la noche prueba sus primeros pasos
y en mi alma hay ausencia de rocas y de polvo 

Otras veces
llegabas con los zapatos en la mano y te detenías en mi alcoba antes de continuar hacia la casa de tu madre.
Entonces tu presencia cálida, tu desnudez vibrante
tu cuerpo en ondas suaves se abalanzaba a las paredes
y caía sobre mí como una montaña de luces;
 un vendaval tibio y pajarino,
 el erizarse del polen
y tu carne llenaba el vacío
que dejaban diariamente la ausencia de las piedras

Otras veces llegabas con una pieza de pan preparada por tu madre
con sus manos oscuras, con la densidad de las generaciones
grabadas en la masa. Comíamos en un lento ritual y en el amanecer
veía marchar el pan, multiplicarse y forrar las paredes de mi casa
y reemplazar los ladrillos con su carne blanda.
Ahora tan sólo veo la marcha de las rocas y en cada grano de polvo
el dolor talla el rostro de las horas
y la muerte se arrastra como una encina negra
y sólo han quedado en la arena oscura
las huellas desnudas de tus pies y de tus manos.

Arriba,
explotan las estrellas.


GOCHO VERSOLARI
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