lunes, 13 de octubre de 2014

La clave del poema



Abres tus ojos grises y asombrados
cuando te advierto que te cuides de mis versos.
De conocer la clave oculta,
podrías cambiar de mundo a tu antojo, cruzar descalza las fronteras azules y llegar a la otra orilla o a los cientos de riberas que guarda el universo.
Quizá pronunciar una palabra con cierto énfasis,
quizá cambiar un par de términos,
harían que el cielo se precipitara
y los pájaros volaran hacia atrás
y las sombras se llenaran de luz
sin abandonar su oscuridad y todo destello colapsara
sin renunciar al brillo
Entonces hagamos el amor - musitas mientras ayudas a una abeja
a libar el crisantemo -
y al abrazarme me musitarás al oído
un poema con la clave resuelta
que nos lleve a otro mundo
o que derrita éste. No quiero
ver a mi madre que nos separa. No quiero
atragantarme de vegetales en los vanos mediodías
ni tener que calzarme para el sermón dominical.

Entonces te instalas en el desierto lejano
desde donde me acosas cuando llega la noche
y los pabilos de las estrellas trepan cada grano de arena.
Me reclamas  un poema que nos lleve
a lagunas llenas de noches azules
a miríadas de panes sostenidos del sol 

Es de noche - te alego - el sol aún está oculto y lo reclaman los pájarosde  la madrugada. Si logras entender las claves de sus cantos, podrás apedrear la luna para que caigan sus frutos amarillos y que te conviertan en una tea azul, capaz de sostener el universo. 

Después hubo dolor, llanto, vacío.
Después hubo alegría, risas, licor verde al que añejaran durante mil años
los duendes del último silencio. 
También hubo llanuras de tiempo y de silencio, extendidas después de las lluvias otoñales, mientras avanzabas subida a la carreta de los días y los bueyes se movían con sus sueños de pan. 
Después hubo muertes, hubo vidas
y en los estruendos del silencio
gravitaban mis versos crípticos, violetas en las madrugadas, con cerraduras sin llave, con pájaros sin alas y sin picos. Enigmas que volaban brillantes
buscando tu pecho
y el corazón del sol .

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Igor Morski
Publicar un comentario