miércoles, 19 de noviembre de 2014

Descalzo en el Reino del Agua - 3


Sueño mi propio oído
surgiendo de la tierra,
extendido a los cielos
como una extraña flor.
Desnudos mis pies
tantean los oscuros laberintos,
las húmedas circunvoluciones,
el vórtice siniestro
la caverna,
los martillos enormes
que templan mi dolor.
Sólo con mis plantas
puedo llegar al primer grito;
aquel que heló mis soles,
el que atronó mi vientre
y se instaló en mi pecho
como una roca alada.
sólo con mis plantas
podré llegar al inicial gemido
donde el dolor se rompe en gotas
con la forma de cerdos
que desde el íntimo oído
devoran mi alma y mis cabellos.
Del oído que emerge de la tierra
con profundas raíces
que llegan al otro lado del planeta
se aglutinan imágenes
sutiles como nieblas
Dromedarios en negras caravanas,
seres azules,
evanescentes,
terneros con forma de elefantes
y auroras degolladas.
Mis pies descalzos
atraviesan las dentaduras de los vértigos,
el Mar de los Silencios;
caminan, conocen
los cilios celestiales
hasta llegar al centro
donde la oscura soledad
arremete con chispas apagadas
y los cielos de adentro
estallan en sonrisas partidas
en gestos, en miradas
de una tarde perdida
que aún sigue buscando su sendero.
Mis plantas
encuentran el inicial gemido
adusto y apretado
en el centro oscuro del oído
y el tenue flanco de mi pie derecho
tensa el gemido como un pájaro
que pretendiera penetrar los soles.
Lo bebo con mis pies,
con ese sol que se inicia en mi planta
y la recorre con trinos y arreboles;
con ese sol que deja de morir
en las violetas densas del crepúsculo.
Salgo por el terciopelo negro
del oído profundo;
mis pies,
fieles a su desnudez
recorren la brisa de la noche
y se hunden en el mar anaranjado
de los redondos animales de la luna.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Barry Gross 1948  American - Mixed Media painter 
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