domingo, 16 de noviembre de 2014

El Oso Gigantesco de la Luna (Variación sobre "La Consagración de la Primavera")



Las frutas del otoño
  llamarán al sacrificio,
mientras cierran campanas y baldones
sobre los oídos vírgenes de las jóvenes que ahora duermen
y se levantarán como sonámbulas
para ver en el patíbulo de las seis
decapitar al hombre gordo,
como rueda su sangre
cómo se forman
las bolas pequeñas de los coágulos
y atraviesan las pupilas de la entreluz 
para mezclarse pringosas con el atardecer;
y cuántos pies encharcados en venas
y cuánto olvido aglutinado en las gotas del rocío
y cuánto canto muerto sobre tumbas selladas
para que no escapen los cadáveres,
mientras tú sigues soñando con la vida
y saltas de rama en rama y brillan las plantas de tus pies,
ansiosas de la tierra
sobre la que te precipitas con un chillido
como el de una plancha ardiente
que sumergimos en las heladas aguas 
del lago en noviembre.

Ahora llueve.
Los muertos aguardan las profundidades
donde verán la luz
que se esconde en el peludo pecho
del oso gigantesco de la luna.


GOCHO VERSOLARI
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